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Transformemos la crítica en un reto

Por Elena Hernández

 

Todas nos hemos sentido abrumadas por las innumerables labores cotidianas, combinando el trabajo con la casa, el marido, los hijos, los eventos sociales, las piñatas, los proyectos de la escuela, etc. No es nuevo el saber que tratamos cada día de exprimir los minutos para alcanzar todas las tareas y la mayoría del tiempo, aunque andemos corriendo de un lado a otro, la realidad es que nunca terminamos.

Hace unos días recibí de una de las misses de la escuela de mis hijos un recado llamándome la atención porque mi hija traía las uñas largas y sucias. Mi primera reacción fue sentirme avergonzada de que la maestra pensara que no me ocupo de ella, que la tengo abandonada o incluso que somos unos cochinos en casa. Luego sentí rabia, de que la miss anduviera de “metiche” juzgando mi trabajo como madre ¿Acaso no sabe que tengo 4 hijos? ¿Qué se piensa? ¿Cree que tengo todo el tiempo del mundo? ¿No sabe que no me alcanza el día entero para atender todo? Y encima me reprocha que mi niña lleva las uñas descuidadas, ¿qué le pasa?

Luego de mi momento enfurecida, respiré profundo y ya tranquila reflexioné que efectivamente ella no lo sabe y no tiene por qué saberlo; ni ella, ni la señora de la tienda, ni el muchacho que surte el gas, ni la cajera del banco, ni las mamás de los compañeritos de mis hijos, ni nadie. Nadie tiene porque compadecerse de mí, ni comprenderme, ni sentir empatía o cualquier otra emoción que justifique el hecho de que mi niña no lleve sus uñas pulcras, y que está bien que le exijan llevarlas así, y que, si no soy yo, ¿quién?, ¿Quién es responsable de ver esos detalles?

Mi hija apenas tiene 6 años y es la mayor, aún necesita mi supervisión, aunque haga ya casi todo por si misma requiere mi apoyo, mi empeño y todo el esfuerzo del que soy capaz aun haciendo mil cosas a la vez, todos y cada uno de los días de la semana. Y me di cuenta que siempre seremos juzgadas, bien o mal, la gente nos mira, nos evalúa, nos aprueba o nos reprueba.

Muchas veces nos afecta, nos hace sentir mal, que no estamos a la altura, que lo que hacemos no es suficiente y nos enojamos, nos entristecemos, y con esto no vemos claro que la solución no es deprimirnos. Por eso he decidido ya no ofuscarme, he decidido transformar la crítica en un reto, me doy cuenta ahora, que si quiero mejorar debo dar el máximo, no puedo quedarme en el punto de “ofendida”, debo enriquecerme con esas llamadas de atención y que me sirvan como medidor para saber que voy llenando esos huecos que involuntariamente voy dejando pasar con uno o con los cuatro. Hoy convertiré los juicios en algo constructivo para hacerme más eficiente, tener mayor desarrollo y crecimiento personal, como mujer, como madre, como esposa, como amiga y como cualquier ente que pretenda ser, para entonces tener mayor satisfacción conmigo misma y en consecuencia mayor felicidad.

Elena Hernandez: Nací un soleado día de abril, hace casi 36 años, la mayor de una familia que parece común pero no lo es tanto, llena de personajes interesantes como seguro cada familia tiene los suyos. Arquitecta de profesión, madre de corazón y soñadora por convicción. Hoy dejo la puerta entreabierta para que te asomes un poco a mi mundo, mis vivencias, mis alegrías, mis penas, y descubras conmigo este pedacito de mí antes de que se esfume con el viento.
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