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Te abrazo fuerte para poder soltarte

Por Jacinta Monteverde

 

Creo que todos llegamos a una edad en donde sucede, perdemos algo o alguien que marca un antes y un después en nuestra vida. La edad no importa, a unos les llega primero y a otros más tarde, pero ese momento sucede. No me refiero solo a la pérdida de un ser querido, sino también a la pérdida de relaciones, proyectos, trabajo, salud y creencias. Una de las cosas mas difíciles como seres humanos es aprender a vivir un duelo, la palabra viene del latín dolus “dolor”, pero yo le he dado el significado de: “dejar ir”.

Hemos escuchado hablar de las distintas etapas del duelo y es cierto, cuando perdemos algo o alguien, la mayoría de las personas comienzan un recorrido que va desde la negación pasando por la ira y termina con la aceptación. Y esto es totalmente normal puesto que, dentro de nuestro cerebro, hay una parte primitiva reptiliana que forma parte de nuestro sistema de supervivencia, de defensa ante lo desconocido, nos protege de una manera física y emocional para darnos tiempo de preparar un entorno más estable y seguir creciendo. Tenemos que aprender a lidiar con una situación nueva, diferente y empezar a soltar… ¡y que difícil es soltar!

Si ya has estado en esta situación tal vez te hayas sentido perdida(o) dentro de una marea, tratando de nadar contra corriente sin poder visualizar un puerto a donde llegar. Este sentimiento ha sido parte de un proceso que comencé a vivir justo hace 2 años cuando un diagnóstico en la salud de mi hija de 5 años hizo que nuestro mundo diera un giro de 180 grados. Durante este tiempo he tratado de aceptar la condición de mi hija, sin resignarme a una condena sobre su diagnóstico, el duelo de perder parte de su salud, el dejar ir la creencia de que ella era completamente sana por los cuidados que yo le daba ha resultado mas difícil de lo que pensaba. Desde entonces me pregunto más a menudo, y con mayor profundidad, sobre el significado de la vida; en ocasiones se han abierto ante mi un sin fin de respuestas que a veces sobrepasan mi razón pero que a su vez me dan paz, y otras me encuentro ante una pared sin salida.

Sin embargo, una de las cosas que más me ha sido útil es comprender que en esta vida nada es estático, todo va cambiando y lo que fue ya no es, tampoco significa que lo será, estamos en continuo movimiento. Si se te presenta una situación dolorosa vívela, pero no te quedes ahí más tiempo del necesario. Toma el control y no niegues tus sentimientos, repite el proceso de aceptar y actuar tantas veces sea necesario y de esta manera te acercarás a un estado emocional más estable.

Yo no digo que ya no me duela por ejemplo cada vez que su tratamiento no da los resultados que espero, o cada vez que tengo que tragarme la saliva ante ciertas limitaciones que se presentan frente a los malos hábitos alimenticios que la sociedad ha aceptado como parte de una niñez normal, o simplemente las precauciones que debo tener y que limitan su independencia de cierta manera por el momento. Por supuesto que el sentimiento inmediato es devastador, pero en ese momento cierro los ojos, acepto y actúo, esperando que mi decisión sea la mejor, y sobretodo tratando de estar presente, viendo en mi alrededor todo aquello que podemos disfrutar en el camino hacia una meta pero sin pensar solo en llegar a ella, puesto que hay metas que no tienen plazo ni fecha alcanzable, ausencias que no tienen fin ni manera de llenar el vacío que dejaron, así que mejor me enfoco en lo que he ganado en lugar de lo que he perdido. Y no puedo hacer más que abrazarla muy fuerte todas las noches y agradecer que hoy está conmigo, y que aquello que no puedo controlar, entonces debo soltar.

Jacinta Monteverde: Mamá, ama de casa y psicoterapeuta con especialidad en audioterapia. Dedicada, en gran parte, a la consulta privada y comunitaria. Actualmente en proceso de formar una asociación para niños con diabetes.
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