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Lo cliché y lo que tal vez no decimos

Por Dona Wiseman

Es primero de enero del año 2021.  Sí, el 2020 ya terminó, pero sospecho que eso no significa mucho.  Ayer y hoy he leído una cantidad grande de comentarios desde el simple “Feliz año nuevo” hasta tratados extensos de agradecimiento a un año que, según algunas, nos ha enseñado a vivir de manera diferente.  No pienso que un período de tiempo específico, aunque fuera natural y no diseñado a capricho de alguien en algún punto de la historia, tenga la opción de ser maestro ni de tener intenciones para con nosotras.

Ayer me sorprendió leer una publicación que tuvo como declaración final una sonora mentada de madre al año 2020, con foto incluida (comentario universal, decimos en mi familia).  Para mí sería muy difícil despreciar un trozo de mi vida (y la tuya) de esa manera, a pesar de las pérdidas y las dificultades.  ¿Cómo sería estar tan ávida de que pase un día para poder menospreciar, sin riesgo ya, los 366 días anteriores (año bisiesto, ¿cierto?), declarando que el tiempo no ha sido bueno conmigo?  El 31 de diciembre del 2019 despedimos igualmente un año y “sabíamos” que el 2020 sería un año especial.  Declaramos que iba a ser un muy buen año, y que haríamos cosas maravillosas con la nueva oportunidad, etc., etc., etc.  Hicimos y dijimos lo que hacemos y decimos cada 31 de diciembre.  Los clichés.  ¿Será que terminamos cada año insatisfechas?  ¿Será que esperamos demasiado de nosotras mismas, del tiempo y de la vida?  

Hoy me puse a ver fotos de enero a diciembre de 2020, y también a ver la agenda ya cerrada del año que pasó.  Anoche me dijo un amigo que seguramente yo le daría forma al 2021 según mis ideales.  La verdad es que no podría pedir mucho más de lo que “me aportó” el 2020.  Podría pedir menos pérdidas (o ninguna), a pesar de que acepto el camino de cada una de las personas que son o han sido cercanas a mí, importantes para mí, y amadas por mí.  Creo que pediría más libertad para viajar.  Sí quiero la vacuna.  

Al ver mi año en fotos, me doy cuenta de que este año viví cercana a la magia y el espíritu.  Me acerqué más al fuego ritual, a las cartas y las runas, al contacto con animales y plantas.  Trabajé mucho.  Tuve muchas satisfacciones.  Pasé mucho tiempo sola.  Sigo teniendo pendientes.  Hay cosas que no he hecho.  Pero he aprendido (no porque algún año me lo ha enseñado, sino porque trabajé para entenderlo) a ser paciente conmigo y no apurar siempre lo que quiero.  

Es lo que es.  La mayoría de los años tienen 365 días.  Cada día tiene 24 horas.  Cada hora tiene 60 minutos.  Y cada minuto es lo que es.  Parece que nos es difícil ver eso sin comparar lo que hay con lo que quisiéramos, y también ver que una parte de lo que hay ha sido resultado de las decisiones pequeñas y grandes que hemos tomado en cada minuto de cada hora de cada día de cada año.  No somos víctimas de un año.  La vida de cada una es producto de un conjunto multifactorial de circunstancias incluyendo nuestros propios movimientos más que menos conscientes.  

Esta mañana recibí un mensaje de voz que me provocó una suave sensación de contenta, de amorosidad.  Creo que es un buen estado para mí, un estado de seguridad y plenitud a pesar de incertezas y peligros.  

Para el 2021 y siempre, te deseo vida.

Dona Wiseman: Psicoterapeuta, poeta, traductora y actriz. Maestra de inglés por casualidad del destino. Poeta como resultado del proceso personal que libera al ser. Madre de 4, abuela de 5. La vida sigue.
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