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Y tú, ¿cuánto caminas?

Por María Izaguirre

“Cuando no existía el vehículo privado, los ciudadanos ocupaban la calle. No sólo circulaban; jugaban, había mercado. Surgió este invento y la gente que lo tenía, quería ir más rápido. Así que se pensó en repartir espacios; dejar el centro para los nuevos artefactos y unas cintas colindantes con los edificios, llamadas aceras, para las personas. En ese momento, el ciudadano dejó de serlo para convertirse en peatón, un medio de transporte más”.
-Salvador Rueda

Una de mis preocupaciones como mamá, es transmitirle a mi hija de cuatro años el gusto por caminar en la ciudad, no solamente ir al parque, sino enseñarle lo bien que se siente ir a la tienda a pie, o cuánto puede tranquilizar dar caminatas diarias alrededor de casa, aprender a reconocer su entorno al mismo tiempo que hace algo de ejercicio. No me gustaría que Maya creciera acostumbrada a ir en auto a cualquier parte. Caminar más es algo muy bueno para los niños y para los adultos y sobre todo para el planeta.

Históricamente, las aceras siempre han sido los principales espacios públicos de la ciudad. Desde finales del siglo XIX se construyeron aceras de amplias dimensiones para los paseantes, ya que se consideraban un lugar de encuentro y de interacción social. El peatón se convirtió en el público objetivo para el cual se construían las aceras.

La inseguridad en nuestra ciudad ha sido un factor importante en el abandono de las plazas y de las calles. Pero uno de los principales males que la han afectado desde hace tiempo ha sido el uso excesivo del automóvil.

El peatón relegado

El peatón ha quedado relegado a lo que debería ser su hábitat natural. Poco a poco vemos cómo van desapareciendo los peatones y cómo se abre más infraestructura para el automóvil. Muchas plazas públicas están abandonadas debido al tránsito vehicular alrededor de ellas, sin contar que muchas veces son utilizadas como estacionamiento. Las banquetas también están sin uso y en mal estado. Los ciudadanos preferimos más calle que banquetas, más lugar de estacionamiento que parques con juegos y recreación al aire libre. Ni siquiera se les permite a los restaurantes hacer uso de las banquetas para poner mesas o bancas. Es insultante la gran cantidad de crecimientos urbanos inconexos, en donde han desaparecido por completo las banquetas, en donde es peligroso ser un peatón y que para nada hacen ciudad.

Se propuso hace tiempo que en el centro de la ciudad se peatonalizaran ciertas calles, sin embargo, hubo protestas de los comerciantes que pensaron que esto restaría actividad a sus negocios, así como quejas de los ciudadanos porque no querían estacionarse lejos y caminar. Increíble. En las ciudades donde se han realizado estas acciones se ha demostrado que no bajaron las ventas de los negocios, sino al contrario: aumentó y mejoró la calidad de los centros urbanos, libres de humo y ruido.

Esta prisa que se apodera de nosotros, parece no tener límites ni atender a razones hoy tan obvias como las son el precio ecológico y económico de no querer caminar más. Creo realmente que si cambiamos un poco nuestra forma de pensar al respecto y modificamos nuestras prioridades en cuanto a la relación peatón-automóvil, nuestra ciudad será más humana y habitable.

 

Vayamos más al parque, hagamos las compras cerca de casa para poder ir a pie, utilicemos más el transporte público, las banquetas. Construyamos juntos un mundo mejor para nuestros hijos o al menos cuidemos el que ya tenemos.

Hay un documental buenísimo sobre este tema, del director Fredrik Gertten, que les recomiendo vean. Se llama Bikes Vs Cars Ya está en Netflix y es una excelente opción para ver en casa estos días de frío.

Por María Izaguirre

Maria Izaguirre: Arquitecta, decoradora y mamá. Ha trabajado en el diseño y construcción de casas habitación y locales comerciales, bajo la idea de crear espacios armónicos e integrados a la naturaleza. Sus últimos proyectos han sido sobre museografía, diseño y construcción de albergues de reproducción para animales silvestres.

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