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Recuerdos que dan risa

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Por Laura Prieto

La maternidad es un viaje. Desde el inicio, el embarazo, la euforia de la perfección del recién nacido, semana tras semana, mes con mes, observando que cada día es diferente. A diario tienes alguna aventura, que va desde salvar a tu hijo de tomar algún objeto peligroso, hasta llegar llena de vómito de bebé a una reunión familiar. Las mías también ocurren en mi estudio de tatuajes. Algunas son embarazosas, algunas con el tiempo nos causan risa.

Durante mis años de tatuadora, he acumulado historias y anécdotas que vale la pena compartir. Hoy les contaré una que siempre que la recuerdo me saca una sonrisa.

Anécdotas en tinta

En los inicios de mi carrera eran muy populares los tatuajes religiosos: San Judas Tadeo, la Virgen María, el Cristo, todo santito era “tatuable”. Un día llegó un señor cuarentón, acompañado de su niño de unos 3 o 4 años, que quería una Virgencita de Guadalupe. Empezamos el trabajo y el niño merodeaba por el estudio, explorando, pero bien portado, aún no hablaba muy bien, se le entendía poco (y como yo aún no era mamá, no le entendía nada). Para todo decía “Pá”. Pá esto, Pá aquello, mira Pá, y se le veía contento, aguantó muy bien casi todo el tiempo que tardé tatuando a su padre. Llegamos a lo más difícil de la Virgen: el rostro.

“Aquí debes quedarte muy quieto, voy a empezar a tatuar los ojos.” -le dije al cliente, y empezamos. Siempre es muy estresante tatuar las miradas, estaba concentrada, mirando las pupilas de Guadalupe, cuando de repente, escuché “¡Paaaaaá!” El niño saltó a los brazos de su Pá, dándole un efusivo abrazo, y tristemente vi cómo la aguja se fue hacia la mejilla de la virgen, quedando la pobrecita con una marca tipo Scarface. Entre risas y nervios traté de arreglarlo, (hice todo lo que pude). Mi cliente, entre disculpas y resignación, bromeaba al respecto y el chiquillo reía y jugaba, hasta que se quedó dormido en los brazos de su Pá, quien al final se fue feliz, con niño en brazos y tatuaje nuevo. Hoy que ya soy madre, recuerdo esta anécdota y pienso que los hijos son impredecibles, testarudos, inquietos y sobre todo fluyen.

Pequeñas aventuras

A ti, ¿qué es lo más bochornoso que te ha provocado tu hijo?, ¿algún grito en un lugar silencioso?, ¿tal vez vomitó cuando menos te lo esperabas? ¿Cuál es tu recuerdo más penoso como madre y que ahora platicas adornada con una risa?

Creo que ésta es una de las misiones que tienen los hijos, hacer nuestra vida menos monótona, más colorida, nos ayudan a trabajar la tolerancia y paciencia, aprendemos a manejar los impulsos ante algún imprevisto. Todos esos momentos que provocan, desde una mancha en un vestido nuevo, hasta el ojo chueco de una virgen, son los recuerdos y sonrisas que nos acompañarán, cuando nuestros pequeños levanten el vuelo.

Laura Prieto: Nací en Saltillo, Coahuila hace 32 años. La vida me llevó a aprender a tatuar, complementé mi aprendizaje estudiando artes gráficas y haciendo toda cosa creativa que llegara a mí. Ahora soy madre, esposa, llevo 14 años en el mundo del tatuaje y sigo feliz y encantada de trabajar en lo que estoy.
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