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El estetoscopio de mamá

Por Daniella Monarez

Como todo el mundo sabe, el estetoscopio se usa para escuchar el corazón, que no es lo mismo que escuchar AL CORAZÓN o escuchar CON CORAZÓN. Finalmente es la conexión entre los oídos de una persona y el corazón de otra, de modo que el encabezado de esta semana enmarca todo lo que significa para mi cada aspecto de mi vida, por lo que a partir de hoy renuevo el nombre general de la columna a “El estetoscopio de mamá”, la conexión entre una madre doctora y algún corazón que me acompañe durante este viaje de escritora.

Y así es, muchos pacientes realmente llegan a tocar el corazón de sus médicos, y, aun cuando mi experiencia laboral es corta, he tenido la oportunidad de atender a personas que me han dejado una gran enseñanza.

Recientemente atendí a una pequeña niña con un tumor gigante de abdomen que obviamente llevaba meses creciendo sin que ni ella misma ni sus padres lo notaran. Para cuando llegó a recibir atención, sus médicos tratantes se dieron cuenta que era maligno y que no quedaba más que extirpar esa masa de más de kilo y medio y dar quimioterapia paliativa porque el cáncer ya se había extendido.

Dejando de lado el morbo, lo escribo porque creo que sigue siendo importante que sigamos tocando a nuestros hijos sin importar su edad, unas simples cosquillas en la barriga meses atrás, probablemente le hubieran cambiado la historia a esta niña.

Hoy me pregunto ¿cuál es la edad correcta para dejar de abrazar a nuestros hijos o de mirarlos detenidamente? ¿Hace cuánto que no los acariciamos?

En una columna pasada concluí diciendo que la manera que tenemos de adelantarnos un poco al cáncer de mama es tocándonos, pues hoy les digo que no solamente hay que tocar nuestros pechos, si no también el resto de nuestro cuerpo, y así mismo mirarnos detalladamente frente al espejo, y además de conocer a la perfección nuestro cuerpo, por favor, conozcamos el de nuestros hijos. Una caricia a tiempo puede salvarles la vida.

Daniella Monárez: Soy médico general y desde hace un año y medio inicié mi travesía en la residencia para la especialidad de Anestesiología, la que se ha convertido mi más grande pasión. Volví a nacer cuando me convertí en madre de una hermosa niña. Fanática del béisbol, amante de las ofertas y las ventas de segunda. Ando por la vida sin equipo de protección y me encantaría tener la condición necesaria para ser toda una biker. Feliz de respirar, honro cada uno de los días que he vivido y agradezco a Dios que me permita seguir intercambiando oxígeno (qué sería de un doctor sin su frase rimbombante).
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