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Cuestión de edad

Por Liliana Contreras Reyes

Siempre me ha gustado conocer y escuchar las pláticas de personas mayores, conocer sus experiencias, cómo se vivía en su tiempo y, sobre todo, lo que piensan del contexto actual.

Hace tres semanas, inicié a participar en un círculo de lectura y escritura, en donde participamos mujeres de diferentes edades. La menor está en la universidad, la mayor tiene sesenta y ocho años. Esta experiencia me ha encantado porque me da la oportunidad de ver cómo apreciamos las cosas de la vida, cómo enfrentamos un mismo problema o, simplemente, cómo nos expresamos de formas tan diversas como pueden ser nuestras personalidades.

Una de las compañeras nos platicó cómo terminó con un novio que tuvo, después de divorciarse. Nos resultó tan gracioso, y aparentemente sencillo, porque la forma en que lo narró nos hizo entender lo simple que es confrontar los problemas de “a diario”, hablar de frente y decir lo que sentimos, por más bueno o malo que parezca.

Otra de ellas, recordó cómo terminó con su novio. Viuda, después de cuarenta años de matrimonio, tuvo un nuevo amor, con el que terminó recientemente. Nos hizo ver que la vida es mucho más de lo que esperamos o imaginamos (e incluso de lo que nos enseñan los estereotipos que hay sobre la mujer).

Desde que conocí el grupo de lectura, me sentí reconfortada porque lo primero que pensé fue: ¡qué padre llegar a ese momento en la vida en que uno puede dedicarse a leer y escribir!

Creo que por la clasificación de alumnos en las escuelas, nos acostumbramos a convivir mayormente con personas de nuestra edad, pensando que las diferencias generacionales impiden que hagamos amistad con personas mayores o menores a nosotros.

Una de mis amigas, con la que viví casi tres años mientras estaba estudiando la carrera, es seis años mayor que yo y, con ella, viví las cosas más importantes de mi vida, como conocer a quien es mi esposo, tener un accidente en la carretera, meter una cerveza de contrabando al cine, ver salir el sol mientras platicábamos afuera de un antro, abrir nuestro primer intento de negocio.

Sí, es cierto, puede ser cómodo reunirnos con personas que viven lo mismo que nosotros, por ejemplo, mamás de niños pequeños que se ponen de acuerdo para ir a un café en donde haya juegos para los hijos. Pero, en ocasiones, uno aprende más de personas que están viviendo algo distinto, como mi mejor amigo, quien es diez años mayor, con quien puedo platicar sobre nuestros proyectos de vida, educación o las problemáticas sociales a las que nos enfrentamos.

Tal como los niños pequeños, la diferencia de edad nos da un espacio para el desarrollo potencial. Lo que vivo y lo que mis amistades han vivido, deja una brecha para el aprendizaje, para ver la vida desde otra perspectiva, para aprender en cabeza ajena, si se puede.

Sin embargo, hay una cualidad necesaria: la tolerancia.

Debemos respetar la situación o el momento en el ciclo de vida en el que los demás se encuentran: la amiga que tiene hijos adolescentes, la que está divorciada, la que está embarazada por primera vez después de los cuarenta, la que tiene que cuidar a los papás enfermos o la que está en cama por haber sufrido una enfermedad grave. La que tiene que trabajar todo el día, la que no tiene hijos, la que viaja constantemente, la que disfruta andar de antro. La que está preocupada por su retiro, la que tiene que pedir permiso a sus padres, la que es mantenida por ellos.

La diversidad de edad es tan enriquecedora, nos ayuda  a aprender, a crecer y a tener una perspectiva distinta de la vida, del amor, del ser mujer.

Liliana Contreras: Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012 y la Comunidad Educativa Alebrije en 2019. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y en el Recetario para mamá. Manual de estimulación en casa (Matatena, 2017). Publicó el libro Las aventuras del cuaderno rojo (IMCS, 2019), Brainstorm. Manual de intervención neuropsicológica infantil (Kuanu, 2019), Abuelas, madres, hijas (U. A. de C., 2022), Un viaje por cielo, mar y tierra. Aprender a leer y escribir en un viaje por México (Kuanu, 2022) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.
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