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HABLEMOS DE LO BONITO

Hands catching clean falling water close up. Environmental concept.

Por Elena Hernández

Hace unos días, se cayó el cielo a cántaros. Tuvimos veinticuatro horas continuas de intensa lluvia, pero no hablaré de los estragos que el agua embravecida causó cuando encontró obstáculos construidos a su paso, en donde siempre tuvo su camino y alguien osó ignorarlo.

Tampoco hablaré de la tragedia en la que lamentablemente se perdieron varias vidas; ni de los deslaves de los cerros, ni de los caminos obstruidos con el tráfico parado por horas y horas con la gente atrapada, esperando pasar para llegar a su destino.

No hablaré del patrimonio que perdieron las familias al ver sus casas inundadas, ni de los daños a toda la infraestructura de caminos, calles, carreteras y puentes que colapsaron. Hablaré entonces, de lo bonito.

Les contaré que el jardín se llenó de caracoles, cientos de ellos estaban por doquier, sobre las paredes, sobre las hojas de los arbustos, junto a las rocas y esparcidos por la tierra, esa tierra que se llenó de nutrientes y estaba hermosa y fértil, lista para dejar brotar la hierba. Las verdolagas duplicaron su tamaño y como plaga se extendieron por el suelo, tanto que aún no termino de guisarlas y ya me hartaron. La tortuga quedó limpísima con su caparazón brillante del buen baño que se dio, los niños se divirtieron a lo grande persiguiendo ranas, lagartijas e insectos, ¡guácala!–les dije al ver el sapo en sus manitas, pero ellos explotaron en risas y siguieron su juego, caminaron sobre el lodo, brincaron descalzos sobre los charcos hasta que quedaron empapados, satisfechos, hinchados de alegría, y yo, con una taza de café en la mano, contemplé aquella maravilla que se vivía en mi jardín, mientras el cielo se caía, como apartada en un sueño, en un maravilloso y dulce sueño.

Elena Hernandez: Nací un soleado día de abril, hace casi 36 años, la mayor de una familia que parece común pero no lo es tanto, llena de personajes interesantes como seguro cada familia tiene los suyos. Arquitecta de profesión, madre de corazón y soñadora por convicción. Hoy dejo la puerta entreabierta para que te asomes un poco a mi mundo, mis vivencias, mis alegrías, mis penas, y descubras conmigo este pedacito de mí antes de que se esfume con el viento.

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