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UNA MALA COMPRA

Por Cynthia Salas

Es un día de shopping cualquiera, mis hermanas, mamá y yo estamos ya muy listas para un día entero en el que estamos dispuestas a recorrer algunos kilómetros buscando la prenda ideal. Cada una lleva su bolsa más cómoda, esa que te permite caminar cómodamente, cargar diez prendas al mismo tiempo sin estorbar, se abre y cierra fácilmente y deja que mi cartera esté a mi disposición en cualquier momento. Llevamos también ropa y zapatos cómodos, nada muy complicado de poner y quitar, un café antes de inciar el día y el estómago ni lleno ni vacío, preparado para pasar algunas horas extras sin comer por si acaso no hay tiempo, una medida que solo las mujeres conocemos y sabemos manejar, especialmente cuando hay compras de por medio.

Al bajar del auto parece que todas sabemos exáctamente qué hacer, fijamos una hora límite en la que nos volveremos a reunir en un punto clave y como polvo, desaparecemos todas, cada una conoce sus prioridades, su tienda predilecta y hasta su rutina al comprar. En el trayecto nos encontraremos una y otra vez, nos compartiremos tips sobre rebajas o artículos especiales, nos asesoraremos sobre algún color o estilo y lo más importante, nos daremos permiso mutuamente.

Porque ¡ah, qué bonito es tener a alguien que te dé permiso! ya que aunque es tu dinero, sabes cuando deberías o no gastarlo en “eso” en particular, pero bueno, habiendo alguien que nos dé permiso, un ligero empujoncito ya lo demás no importa. Como ese día de shopping cualquiera, en el que terminé comprando lo que no necesitaba, ni usaría nunca, otra vez.

–“Está en oferta” fué mi primer justificación. –“Tengo que aprovechar”, segunda. El vestido está lleno de ilustraciones de rostros en tonos blanco, negro, marrón, toques mostaza, una nada de rojo, el corte es un poco extraño, el largo no es mi preferido, pero –“¡Qué importa! esta marca, esta oferta, es para mí”, tercera. Finalmente y como confirmación del mismísimo destino, aparecen mis hermanas y mamá, solo basta con voltear a verlas, con el vestido sobrepuesto todavía en su gancho, sus caras de admiración, tienen una expresión entre ¿qué es eso? y ¡wow!. Les digo: –“Está en oferta”, sonrío y encojo los hombros, esperando su permiso, no sé por qué. –“¡Está bruto!” dice mi hermana, cuarta justificación. –“No lo vas a encontrar en otro lugar y ¡a ese precio!”, dice mi mamá, ¡quinta!. –“Cómpratelo” permiso otorgado. No se diga más.

Ese dinero pude haberlo utilizado en alguna otra prenda más usable, pero aún así caminé con una sonrisa por lo que sobraba del día, en mi cabeza pensaba que había encontrado una pequeña joya y bueno después de catorce meses me doy cuenta de que no lo era. El vestido sigue colgado en mi clóset, con la etiqueta puesta recordándome su oferta. No lo he usado, no sé en qué ocasión podría usarlo pero no estoy lista para deshacerme de él.¿Te ha pasado?

Hay prendas que se vuelven casi una decoración de nuestro armario, al que nadie más entra, para variar, pero cada que me topo de nuevo con el, colgando junto a otros un poco más aburridos, sobrios, pero al final muy usables siento como si yo fuera un poco menos ordinaria, es casi un momento mío, tengo algo muy cool ahí, colgado, pero sin usar.

Con el tiempo voy logrando pasar cada vez más de esos momentos, mi clóset se ha vuelto más minimalista, básico y neutro poco a poco, algo ha tenido que ver el hecho de que este año todo el proceso de compra cambió y aunque hay centros comerciales ya abiertos, en los que sin embargo no puedes medirte la ropa, pienso que ha sido un todo, desde sí ser más consciente, hasta tener demasiadas opciones al alcance de un solo click, así como conocer de nuevas propuestas y diseñadores nacionales y hasta locales que antes no conocía. Y así como esa mala compra, me he topado con algunas otras que al contrario, han sido excelentes y en los lugares menos esperados, probablemente la siguiente vez hable de eso.

Por lo pronto sé y acepto que algún día me tendré que despedir de ese vestido, quizá también algún día encuentre el momento perfecto para poder usarlo y sobre todo el coraje de llevarlo puesto ya que sé, no pasaría desapercibida y al final ser el centro de atención no es lo mío. Por el momento lo conservo como la decoración perfecta que le da un toque de color a mi guardarropa y que de alguna manera me hace muy feliz todavía.

Cynthia Salas: Estudié Diseño y Negocios de la Moda en CEDIM Monterrey, N.L. Me he preparado en Imagen Personal y Empresarial en diversos cursos y diplomados pero sobre todo en 9 años de práctica, asesorando a mujeres de todas las edades a conocer su estilo, aceptar su cuerpo y proyectar lo mejor de ellas mismas a través de su imagen. En mis redes sociales escribo sobre moda, compartiendo tips de imagen y estilo para mujeres reales. Los últimos 4 años los he dedicado también a la mercadotecnia, publicidad y redes sociales de negocios y empresas. Este 2020 mi enfoque ha estado en mujeres emprendedoras asesorándolas para potenciar su imagen y la de sus negocios a través de crear su marca personal.
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