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¿Y SI ME OPERO?

Por Dona Wiseman

Últimamente he pensado que debo operarme las “alas de murciélago”, esas partes de los brazos que sin importar el ejercicio o tal, por genética siempre serán obvias.  Si no fuera yo más corpulenta que lo que fue mi bisabuela, la parte inferior/posterior de mi brazo superior fácilmente sería motivo de juego como los brazos de ella fueron para nosotros de niños.  Mi bisabuela agitaba sus brazos y los niños tocábamos la piel flácida con fascinación.  No es fascinante cuando esa piel es tuya.  Entonces, tal vez debo operarme los brazos. 

Si me opero los brazos, después sería lógico levantarme los párpados caídos.  Eso podría ser necesario si por alguna razón me llegara a afectar la vista, pero si me opero los brazos, los párpados serían simplemente una secuencia obvia.  Y luego unos hilos, de esos que levantan la piel que cuelga a cada lado de la barbilla, y rellenar los labios un poco, claro está.

Seguiría la papada, y luego habría que atender el asunto de lonjas y abdomen.  Lipoescultura o algo así.  Sé muy poco sobre todo esto, pero si me opero las alas de murciélago, tendría que informarme y educarme sobre todas las opciones y los procedimientos.  Oh, y se me olvidó la levantada de los senos.  Mi cuerpo, con todas sus partes, tiene 65 años y no es cuerpo joven.  Suena cliché, pero ya sabes, la fuerza de la gravedad y tal. 

No tengo idea qué se hace con la celulitis en los muslos.  Aparte de eso, mis piernas están realmente bastante bien, digo buenas.  Tal vez funcionan esas cosas que mencionan con aparatos, y tomar agua y hacer ejercicio.  Aun así, con todo eso, faltarían los juanetes. 

Y si hago todo eso, supongo que tendría que teñirme el cabello y aprender a peinarme como lo hacen las mujeres normales.  ¿Y maquillarme?  No. No. No.  Ya me ando arrepintiendo.  Entonces parece que tengo que decidir si aceptar todo como está, y solo preocuparme por el ejercicio y la salud básicos sin esfuerzos heroicos, ni gastos impactantes. 

Tal vez de eso se trata.  En lo físico como en lo psicológico.  De no intentar ser alguien quien no soy.  Soy una mujer con ciertas características físicas y de personalidad.  Y, a decir verdad, podría quitarme las alas de murciélago, pero no la estructura de carácter con la que salgo al mundo a diario.  En el consultorio escucho las intenciones de “cambiar” de las personas que llegan al proceso personal.  Se quieren quitar características (enojo, desorganización, dejadez, miedo, apegos al pasado).  “Cambiar”, física y psicológicamente, es doloroso, tan doloroso como no hacerlo. 

Hoy me pregunto si cambiarme físicamente, con todo el dolor y las cicatrices que eso implica, me daría la seguridad que busco.  O si seguiría aun después buscando eternamente convertirme en el ser idealizado que me he convencido debería ser.  Una mujer con cuerpo escultural y cara sin tiempo, que vive en paz y con actitud positiva hacia la vida en todo momento (sentada en flor de loto tomando jugo verde y cantando “oooooom” o andando por la vida esparciendo polvo de hadas entre éxito y éxito).

Pero luego me surge una pregunta… si me opero las “alas de murciélago”, ¿con qué jugarán mis bisnietos?

Dona Wiseman: Psicoterapeuta, poeta, traductora y actriz. Maestra de inglés por casualidad del destino. Poeta como resultado del proceso personal que libera al ser. Madre de 4, abuela de 5. La vida sigue.
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