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Jardinería de guerrilla

Por María Fernanda Zetina

En mi niñez, fue la tía Blanquita quien me enseñó sobre el cuidado de los seres vivos. Hacía todos los años cursos de verano. Nos llevaba a la huerta, nos enseñaba a admirar y a observar los árboles, el sonido de las aves. Acampábamos de noche en ese lugar y aprendíamos a distinguir los sonidos de los insectos. También aprendimos a reutilizar los materiales de desecho que otros veían como basura, y hacíamos juguetes. Mi otra tía, Susana, un día, nos llevó de paseo. Vi una flor y la quise arrancar, pero ella me dijo: “Si te gusta, mejor tómale una foto con tus ojos y consérvala en la memoria para que otros también puedan tomarle fotos. La puedes oler y sentir con cuidado, pero no la puedes arrancar porque dejaría de existir y ya nadie podría disfrutar de ella.

Estos recuerdos fueron esculpiendo la base de mis valores principales, el camino hacia la búsqueda del respeto a mí misma y a la naturaleza: el respeto a la vida.

Ahora que voy a ser madre, quiero transmitirle esto a mi hijo que viene en camino, a mis sobrinos, a mis amigos y a todo aquel que pueda compartir mis conocimientos. Es muy importante para mí hacerlo ya que actualmente pasan muchísimas tragedias por el simple hecho de que nadie nos enseñó a respetar y admirar la vida. Todo ser vivo pequeño, grande, animal o humano es importante para el equilibrio y existencia del planeta.

Hace un tiempo comencé a poner en práctica esto que llaman Guerrilla Gardening o Jardinería de Guerrilla: es un movimiento que comenzó hace tiempo en Londres y actualmente se está volviendo un fenómeno común en las ciudades grandes de todo el mundo.

Consiste en atacar un espacio público o declarar la guerra. Las armas son árboles, semillas, flores, palas, picos, tierra, carretillas. El objetivo es llevar la naturaleza a espacios abandonados de la ciudad: ver lo inadecuado como una oportunidad de transformación, donde la gente establece un sentido de comunidad y de pertenecer a la tierra.

Mi sueño es despertar y crear más paraísos urbanos, espacios donde la gente encuentre fe en ellos mismos y en sus vecinos.

El domingo pasado participé interviniendo y arreglando jardineras de la ciudad en donde vivo, en una zona que parecía escena de película postapocalíptica. Quitamos la basura y plantamos árboles de la región.

Cuando se hace este tipo de acciones hay que considerar la especie de la planta o del árbol que se van a plantar. Que sean resistentes y de pocos cuidados. Revisar si el suelo es fértil y con buen drenaje o si hay que llevar tierra. La ubicación para saber si la planta que se pondrá resiste al sol y/o a la sombra. Y lo más importante: el agua. Quién o cómo se va a proveer de agua al nuevo ser resiliente que crece y que muy pronto nos proveerá de belleza y oxígeno. Buscar la supervivencia de lo que se está plantando y pensar a futuro.

Todos podemos hacer estas pequeñas acciones que generen un cambio y tener un entorno menos hostil y mucho más amigable con todos.

Les invito a que comiencen con sus familiares, vecinos, en sus barrios y se conviertan en guerreros, que se ganan el espacio público y lo convierten en escuelas pragmáticas donde se aprende de los seres vivos, el respeto, el medio ambiente, la responsabilidad y participación ciudadana.

Y así, cada uno de nosotros podremos algún día llegar a ser como mis tías que me enseñaron el cuidado y el asombro por la vida.

Jardín vertical

 

María Fernanda Zetina: Arquitecta paisajista con experiencia en jardinería vertical y azoteas verdes. Actualmente trabajo diseñando espacios y mobiliario de madera. Soy amante de la naturaleza y de vivir en armonía. En mis tiempos libres imparto talleres de huertos urbanos, bioconstrucción y participo en eventos de reforestación urbana.
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