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Trabajo en casa…

Por Clara F. Zapata Tarrés / La Liga de la Leche

 

En el día de la madre nos enfrentamos a múltiples anuncios, memes, comentarios, publicidad que reflejan nuestra cultura. En general, contienen bastante sarcasmo e ironías pero muchos realmente muestran a la mujer como símbolo de paz, tranquilidad, proveedora de amor incondicional donde su máxima aspiración empieza y acaba en la adquisición de una lavadora o en la utilización de una chancla. La maternidad no se muestra cuestionadora, conflictiva ni preguntona. Pareciera que todo nos sale natural y que en ningún momento podemos sentirnos ni frágiles ni con deseos o necesidades propias.  ¿Somos así? ¿A quién se le habrá ocurrido caracterizarnos?

En un lugar cercano, se plantea todo lo contrario: una mujer trabajadora es caracterizada como luchona, independiente, sin hijos o si los tiene ellos también son totalmente independientes, se viste a la última moda, nunca está cansada, las emociones se le resbalan, es exitosa y mientras más doctorados o salarios altos tenga, mejor es. Otro estereotipo más.

Muchas, muchísimas trabajamos. Trabajamos en el pasado, en el presente y trabajaremos en el futuro… Todas trabajamos en nuestra casa. Esto es una realidad. Además de ello, decidimos o necesitamos trabajar fuera de casa. Pero, ¿qué pasa cuando decidimos no hacerlo? Tuvimos un trabajo fuera, nos embarazamos, tuvimos a nuestro bebé, lo amamantamos y/o decidimos quedarnos en casa.

Muchas mujeres que amamantan vuelven a trabajar o estudiar. Poco antes de entrar se dan a la tarea de buscar quien podrá cuidar a sus bebés, qué guardería aceptará leche humana, si algún familiar será capaz de dar un extra y hacerse cargo de esta gran tarea que es criar a un bebé amamantado; también valorarán y pondrán en una balanza las horas que tendrán que separarse de su bebé, si el empleador tendrá sensibilidad pero aún más, si respetará la legislación sobre los derechos de la madre que desea amamantar, si sus maestros en la universidad la dejarán llevar a su bebé a algunas clases en los primeros meses… Se harán muchas preguntas y cuestionamientos que le darán opciones y soluciones. Lo cierto es que de acuerdo a esas experiencias previas, se tomarán las decisiones. Y no siempre esas experiencias resultarán a su favor y en muchísimos casos, a pesar de todos los éxitos, decidirán quedarse con sus bebés, renunciando a otras cosas, eligiendo de manera autónoma.

Sí. Podremos tener el beneficio del medio tiempo, de trabajar desde casa, de extraernos la leche en un lugar ideal, de obtener permisos, de tener el cuidador o la guardería perfectos, de lograr extender nuestra “incapacidad” al máximo. ¿Y? Decidir quedarnos con nuestro bebé.

Lo que sucede es que aun teniendo todo ello, aun mirando esa realidad que supuestamente toda mujer desearía, no estamos ahí, extrañamos a nuestro bebé, lloramos cuando nos separamos y nos comportamos como mamíferas defendiendo a su cachorro…

Decidimos poner una pausa y permanecer juntos. ¿Por cuánto tiempo? ¡Quién sabe! Vivimos día a día, disfrutando cada mirada, cada siesta, cada abrazo, cada tetada, despacio, atemporalmente, sin relojes ni rutinas. Nos echamos un clavado y buceamos en las profundidades del instinto. Seguimos haciéndonos preguntas. Y la vida se va acomodando poco a poco a las necesidades de nuestro bebé, pero también a las nuestras. Y es que a veces nos hablan de LAS necesidades del bebé. Sin embargo y poco hablado, también nosotras necesitamos esos abrazos, quizás para resolver heridas emocionales, para reconciliarnos con nuestra propia madre, para tener un sentido existencial o simplemente para disfrutar. Lo emocionante, es que en esta caída libre, el viento, el placer, el gozo y las alas, se abren para hacer una inmersión a un mundo que no sabíamos que existía y que a veces nos habíamos negado a experimentar. El mundo nos había asegurado que un bebé no nos necesitaba y que nuestra vida se ocultaría a tal grado, que nuestro destino era desaparecer. Y resulta que al experimentarlo, descubrimos que ese horizonte que andaba vagando en la penumbra, nos deslumbra hacia la plenitud. Mujer y cría gozan cada minuto, cada instante, intentando disfrutar sin pensar en el futuro lejano.

Muchas renunciaremos al trabajo fuera de casa, pero no renunciaremos a una vida, no desapareceremos. ¿Renunciaremos a estar con nuestro bebé, deséandolo? Algunas veces trabajaremos fuera, teniendo el deseo infinito de no separarnos de nuestro bebé. ¿Y por qué alejarnos? Existen múltiples alternativas y esto es lo que enriquece el horizonte que hará realidad nuestro deseo. Necesitamos permiso de vivir y plantear otras alternativas y cuando se pueda, aprovecharlas. Podemos trabajar fuera un tiempo, detenernos algunos años y volver o simplemente no, solo quedarnos. No necesitamos vivir dentro de los estereotipos. Somos y permaneceremos diversas y cambiantes. Los tonos y matices que puedan adquirir nuestras vidas son infinitos. De ahí que podemos elegir quedarnos a amamantar a nuestros hijos y valorar todo lo que esto implica. Si podemos, hagámoslo.

En publicaciones anteriores hablamos de las mujeres que salen a trabajar fuera de casa. En esta ocasión, de las que están en casa. Lo importante es que tomemos una decisión consciente que no sea impuesta por el exterior y podamos acomodarnos para fortalecer el apego con todas las herramientas útiles y que tengamos quien nos acompañe en el hermoso camino de amamantar. Preguntemos hacia nuestro interior: ¿A qué renunciamos?; ¿Qué escogemos? ¿Vale la pena? ¿Podemos hacerlo? Si podemos, si existen las condiciones para ello (porque a veces no se puede), intentémoslo. Amamantar nos regala la confianza del significado de ser madre, que anteriormente no teníamos. Si nos miramos en el espejo, como mujeres inteligentes, como un lugar donde podemos contribuir a la sociedad de otras maneras, estaremos tomando decisiones y eligiendo de manera consciente y esta se volverá una experiencia completamente liberadora.

Extracto de la Filosofía de La Liga de La Leche

1. El buen cuidado maternal mediante el amamantamiento es la forma más natural y efectiva de comprender y satisfacer las necesidades del niño.

2. Madre e hijo necesitan estar juntos inmediata, temprana y frecuentemente para establecer una relación satisfactoria y una producción adecuada de leche.

3. En sus primeros años, el niño tiene una necesidad intensa de estar con su madre que es básica, tanto como su necesidad de ser alimentado.

Clara Zapata: Soy Clara, etnóloga chilena-mexicana. Tengo dos hermosas hijas, Rebeca y María José, con Joel, mi regiomontano amado. La libertad y la justicia son mi motor. Creo plenamente en que la maternidad a través de la lactancia puede crear un mundo más pacífico y equitativo y por eso acompaño a familias que han decidido amamantar. Amo la escritura, la cultura y la educación.
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