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No somos perfectos

Por Liliana Mendoza

Quizá al leer el título de este artículo pienses que es obvio que nadie es perfecto, sin embargo, en la práctica diaria muchas veces nos dejamos llevar por ese deseo de perfección en todo lo que hacemos.

El deseo de ser perfectos es una carga muy pesada e irónicamente nos lleva a la infelicidad. Al principio podemos pensar que tratar de ser perfectos es algo alcanzable. Analicemos esto, la perfección sugiere ser y hacer las cosas de una forma impecable, sin defectos. Buscar este estado en una tarea en particular puede ser alcanzable (como tener un trabajo, entre otros). Sin embargo el buscar la perfección en la vida es otra historia.

Una máquina o cualquier aparto eléctrico puede operar a la perfección por un buen tiempo. Con el paso de los años empieza a decaer su funcionamiento y requiere reparación. Cualquier máquina está diseñada para ser perfecta, nosotros los humanos no estamos diseñados para ser perfectos, esto es parte de nuestra definición y esencia como humanos. Necesitamos recordarnos a que la meta no es ser una máquina perfecta, sino abrazar nuestras imperfecciones.

Culturalmente la perfección nos mueve poniendo gran énfasis en alcanzar metas y tener objetivos muy precisos y programados. Cuando estamos en ese camino apretado tendemos a perder la capacidad de asombro y temor (lo propio del humano). ¿Imaginas ver un arcoíris hermoso y quejarte que los colores no eran lo suficientemente claros? Por buscar esa precisión no observamos el esplendor del momento. Y eso sucede de la misma manera cuando nos juzgamos por nuestras imperfecciones. Olvidamos que por el solo hecho de ser humanos somos parte de la naturaleza y que habrá que aceptar el estado natural de la vida, que resulta ser imperfecto.

El estado más cercano a la perfección es la habilidad de estar presente. Sin pensamientos distractores (que esos son aniquilantes si no los controlamos), ni mediciones o evaluaciones a nosotros.  Gracias a la naturaleza tenemos la libertad de estar presentes en el momento. En ese momento es cuando en verdad estamos vivos. Cuando estamos buscando la perfección no estamos presente.

Vivamos siempre presentes, sin perder de vista nuestra dirección, disfrutemos nuestra vida, disfrutémonos a nosotros mismos.

Liliana Mendoza: Mamá de Diego, Maestría en Administración de Instituciones Educativas, trabajo en el sector público, me apasiona leer y aprender sobre mujeres. Ahora aprendo a ser mamá.
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