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Hecho en México, orgullosamente saltillense

Por Griselda Suárez

Hace unas semanas tuve el honor de representar a mi empresa, CEN, en el Senado de la República para recibir el distintivo “Hecho en México”.

Se trata de un reconocimiento que se otorga a empresas que generan un impacto positivo en su comunidad mediante acciones alineadas con los

Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Entre los criterios que se evalúan se encuentran la educación de calidad, la igualdad de oportuni-dades, el trabajo decente, el crecimiento económico y el desarrollo social.

Recibir este distintivo fue, por supuesto, motivo de orgullo. Pero, mientras estaba ahí, rodeada de empresas de todo el país, pensé menos en mi empresa y más en mi ciudad. Pensé en Saltillo.

Pensé en que una empresa nacida en esta tierra estaba siendo reconocida a nivel nacional.

Y pensé en algo que quizá no decimos lo suficiente: Saltillo tiene mucho que enseñarle a México.

No porque seamos perfectos ni porque seamos mejores que nadie, sino porque aquí aprendimos algo que moldea el carácter de quienes vivimos en esta tierra: aprendimos a trabajar.

Quienes nacimos en esta región sabemos que las cosas no siempre han sido fáciles. Vivimos en un lugar donde el clima puede regalarnos las cuatro estaciones en una misma semana; donde el frío puede ser intenso y el calor también; donde producir exige esfuerzo, crecer implica construir y cosechar siempre requiere haber sembrado pri-mero. Nada nos ha sido regalado.

Tal vez por eso desarrollamos una cualidad que nos distingue: la resiliencia. Los saltillenses estamos acostumbrados a enfrentar desafíos y seguir adelante. No perdemos demasiado tiempo lamentándonos por el clima, las circunstancias o los obstáculos. Preferimos buscar soluciones, avanzar y construir algo mejor.

A veces pienso que, en cierto sentido, aquí aprendimos a domar el desierto. Transformamos una región que parecía tener condiciones limitadas en una de las zonas industriales más importantes del país. Atrajimos inversión, construimos empresas, generamos empleos, formamos profesionistas y abrimos oportunidades para miles de familias. Y seguimos creciendo.

No es casualidad que tantas empresas nacionales e internacionales hayan decidido establecerse aquí. Tampoco lo es que cada vez más familias lleguen buscando una mejor calidad de vida.

Detrás de ese crecimiento existe algo mucho más valioso que la infraestructura o los parques industriales: una cultura del trabajo, personas comprometidas y un talento extraordinario.

Por eso me gustaría que más personas voltearan a ver a Saltillo. Aquí hay jóvenes preparados, emprendedores que apuestan por sus ideas, técnicos altamente capacitados, profesionistas sobresalientes y personas que, todos los días, trabajan para construir una ciudad mejor para sus familias.

A veces creemos que, para destacar, debemos irnos lejos. Y si, salir, conocer y crecer siempre será enriquecedor. Pero también es momento de reconocer todo lo bueno que está ocurriendo aquí. El talento saltillense tiene mucho que aportar a México.

Nuestras historias merecen ser contadas. Nuestras empresas pueden competir a nivel nacional e internacional. Y nuestra gente tiene la capacidad de llegar tan lejos como se lo proponga.

Recibir el distintivo “Hecho en México” fue un gran honor para CEN, pero también un recordatorio. Los reconocimientos son importantes, pero la verdadera responsabilidad comienza después de recibirlos.

No podemos bajar la guardia. Tenemos que seguir generando oportunidades, impulsando personas, fortaleciendo nuestras comunidades y demostrando que una empresa puede crecer mientras contribuye al bienestar de la sociedad.

Por eso hoy, más que hablar de un reconocimiento, quiero hablar de una ciudad. De una ciudad que ha aprendido a salir adelante.

De una ciudad trabajadora.

De una ciudad resiliente.

De una ciudad llena de talento.

De una ciudad que merece seguir siendo vista.

Así que, si alguna vez escuchan hablar de Saltillo, no piensen únicamente en la industria, los negocios o las inversiones.

Piensen en su gente.

Porque, al final, el mayor orgullo de esta ciudad no está en sus edificios ni en sus cifras.Está en las personas que todos los días salen a trabajar, emprender, enseñar, construir y soñar. Y créanme: de esas personas, aquí tenemos muchas.

Bienvenidos a Saltillo, una ciudad que no espera que las oportunidades lleguen; las crea. Y aunque hoy no veas utilidades inmediatas, estás construyendo activos que ningún mercado puede devaluar.

Paulina Balderas:
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