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¡Enderézate!

POR MAYTE CEPEDA

¿Cuántas veces escuchamos decir a nuestra mamá, papá, tía, tío, abuelos y a cualquier otra figura superior durante nuestra niñez, que nos enderezáramos y nos sentáramos correctamente? Bueno, yo la verdad es que no sé si sea un tema propio, pero siento que me cimbró mucho y lo tengo tatuado en los pensamientos y en cada que veo a una persona jorobada la quiero enderezar y decirle que muy mal que ande encorvado así por la vida jajajaja.

Recuerdo que en gran parte de mi infancia y adolescencia recibí esos regaños y recordatorios sobre la postura correcta de la espalda. Y es que en la niñez ni siquiera pensamos en eso, somos tan flexibles y aguantadores que aún con la postura más extraña e incómoda para nuestro cuerpo, podíamos aguantar horas jugando o dormir con posturas extrañas e incómodas y, aun así, amanecer enteros y sin la más mínima molestia.

¡QUE OSO EN LA PUBERTAD!

Luego en la adolescencia, no sé si sea tema de llevarle la contra a los papás o de plano nos vale y nos jorobamos aún más y más. Queremos escondernos del mundo haciendo concha nuestra espalda que hasta pareciera que imaginamos tener un escudo protector ante el mundo y las hormonas con la ayuda de nuestra espalda hecha bolita.

Aquí seguro que influyen temas como que nos vamos desarrollando físicamente y, como mujeres, al menos la mayoría, sentimos pena con los cambios físicos, hormonales, mentales y emocionales. Y no queremos llamar la atención ni dar la más mínima señal para que nos volteen a ver.

Pero luego vamos creciendo y de pronto nos vamos enderezando. Vamos desenrollando esa pobre espalda encorvada y lo hacemos más por coquetería y vanidad que por interés en cada uno de los huesos que conforman nuestra hermosa y funcional espina dorsal.

Mantener la espalda derecha, con el tiempo, se convierte en un tema más de salud y auto cuidado que en un tema de vanidad o aspecto físico. Cuando ya estamos “grandes” siento que cada que nos encorvamos viene una vocecilla latosa de adentro a veces más tarde que pronto y nos dice ¡enderézate! como un regaño o correctivo de aquellos que recibimos cuando éramos pequeñas.

VAMOS VIENDO EL LADO BUENO

Entonces, mantener derecha nuestra espalda sirve para mil cosas, en especial, para prolongar la vida y condición de los huesos que parten del sacro hacia arriba. Además, nos sirve para evitar este tipo de problemas:

  • Desalineación de la estructura ósea
  • Desgaste de huesos de la columna
  • Dolores en cuello, hombros y espalda
  • Inflexibilidad
  • Problemas respiratorios y digestivos, entre otros.

El ejercicio físico es un gran aliado de la columna para mantenerla sana y acostumbrarnos a tenerla derecha y evitar encorvaduras.

Las posturas de yoga y meditación son aliadas aún más potentes de nuestra columna. Esto, porque cada postura que realizas lleva un enfoque y concentración. La postura de yoga solita, sin respirar ni hacer consciencia de ella, no sirve de mucho. La intención y enfoque que pones en cada una de ellas, junto con una respiración adecuada es lo que marca la gran diferencia.

Sentarte para realizar una meditación o, incluso recostarte en una superficie recta, nos invitan a hacer consciencia y recorrer mentalmente cada parte de nuestro cuerpo para verificar su estado, función y posición adecuada. Y es ahí donde realmente valoramos el no tener molestias ni dolor en nuestra espalda, gracias a los cientos de miles de regaños y recordatorios de nuestros papás (principalmente de mamá, que es la que está encima de nosotros todo el tiempo) de enderezar nuestra espalda. ¡Namasté!

Mayte Cepeda: Yogini ~ abogada ambientalista ~ mamá ~ esposa ~ hija ~ hermana ~ enamorada de la naturaleza, la vida, la familia, los libros y la música ?
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