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INDIRA MOLINA: El cómo sí, una historia de no renunciar

Entrevista por NES / Fotografías: Karina Briones

Tenía 22 años cuando entendí que no quería renunciar a mi libertad. Estaba en una playa virgen en Veracruz observando a una comunidad vivir sin prisas: amanecían, pescaban, comían y contemplaban el mar. Admiré esa vida sencilla, pero comprendí que para mí la verdadera riqueza sería poder elegir cómo vivir. Quería libertad financiera y, sobre todo, libertad sobre mi tiempo.

Ese día decidí no renunciar a esa visión.

Entendí que el dinero representa tiempo invertido y que, si quería independencia, debía planear con estrategia. Construí mi meta hacia atrás y comencé a avanzar.

Entré al IMPI recién graduada. Renuncié a dar clases de inglés y me quedé cinco años. A los dos ya era supervisora en patentes y marcas.

Allí confirmé que la innovación debe resolver necesidades rea-les. Conocí a una mujer que inventó un bolsillo especial para bolsas de diálisis y a un jubilado que diseñó un sistema accesible de aire lavado. Aprendí que innovar es servir.

Crecer sin pedir permiso

Estudié una maestría en innovación y transferencia tecnológica. Aprendí a comunicarme mejor y a tratar cada interacción como una oportunidad.

Esa preparación me llevó a una beca en Francia.

No era abogada ni francesa, pero estudié, me certifiqué y años después retomé mi sueño de estudiar Derecho. Confirmé que nunca es tarde para empezar otra vez.

He trabajado en universidades y centros de innovación. Fui Project Manager en desarrollos tecnológicos para hospitales y participé en la primera cirugía asistida con realidad aumentada en México. Siempre dije sí a las oportunidades, incluso cuando implicaban incomodidad.

También viví discriminación: jefes que preferían que un hombre presentara mis proyectos y clientes que reducían mi trabajo a mi apariencia. Aprendí a elegir mis batallas. No renuncié a mi preparación ni a mi voz.

Como mentora confirmé otra lección:

muchas patentes no se comercializan porque se diseñan desde el ego del inventor y no desde la necesidad del usuario. Innovar sin escuchar es renunciar al impacto.

Ser mamá sin renunciar a mí

Ser madre a los 32 no me hizo renunciar; me hizo priorizar. Durante la pandemia decidí dejar un trabajo demandante para estar más tiempo con mi hijo. No fue retroceso, fue una elección consciente.

Entendí que si yo estoy bien, él también lo estará.

Hace cuatro años emprendí.

He dado más de cien conferencias y colaboro con organismos internacionales en proyectos de innovación. Fui la primera mujer presidenta de un clúster en Nuevo León.

Sentí inseguridad, pero no renuncié.

Viajar ha sido parte de mi coherencia con la libertad que soñé a los 22.

Organizo mis finanzas para hacerlo porque mi tiempo es mi activo más valioso.

Hoy sigo estudiando, planificando metas y diciendo “no” sin culpa cuando algo no se alinea con mis prioridades.

No renuncio a mis sueños porque creo en mí. He tenido miedo y he cometido errores, pero entendí que nadie hará las cosas por mí.

A quien piensa que es tarde, le digo: nunca lo es.

No lograrlo nunca fue una opción para mí.

Siempre encuentro el cómo sí. No lograrlo nunca fue una opción para mí. Siempre encuentro el cómo sí para mí. Siempre encuentro el cómo sí.

Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de MARZO – ABRIL 2026: NO RENUNCIES

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