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CONCHITA SILLER: Corazón de Acero

Entrevista por NES / Fotografías: Karina Briones

Hay historias que no solo se cuentan, se sienten. Historias que nacen desde la adversidad, se forjan con trabajo incansable y se sostienen con una fe profunda. La vida de Conchita Siller es una de ellas. Madre, empresaria y mujer de convicciones firmes, su camino no ha sido fácil, pero sí extraordinario. Desde una infancia marcada por el esfuerzo, hasta la construcción de un legado sólido basado en valores, dignidad y servicio, su historia nos recuerda que la verdadera fuerza no está en no caer, sino en levantarse siempre.

En esta edición, Conchita nos abre su corazón para compartirnos su forma de maternar, de liderar y de creer… incluso cuando todo parecía estar en contra.

Una vida construída con trabajo y fe

Creo firmemente que Dios siempre ha estado conmigo. Nuestro Señor Jesucristo me ha acompañado en cada paso de mi vida. Crecí de manera humilde y solo estudié hasta sexto de primaria porque tuve que ayudar a mi mamá, padrastro y hermanastros a sacar adelante a la familia. Desde muy pequeña trabajé de todo: cargué varilla, atendí clientes y aprendí a hacer presupuestos. Nunca me pesó el trabajo duro. Creo que desde niña entendí que el servicio, la gratitud y el esfuerzo abren caminos. Muchos clientes me hacían menos por ser mujer y por ser muy joven, pero yo jamás me lo tomé personal. Siempre respondí con una sonrisa, con respeto y con ganas de ayudar.

Poco a poco me fui ganando su confianza hasta tener filas de personas esperando que yo los atendiera. Ahí entendí que un negocio no existe sin los clientes y que hay que servirles siempre con honestidad y buena cara.

En mi camino tuve la gran fortuna de toparme con seres humanos de gran corazón que apostaron por mí, así pude hacerme de mi primer casa fuera del barrio donde nacieron mis hijos, yo quería otra vida para ellos, me preocupaba que crecieran cercanos al vicio, yo soñaba con llevar a mis chiquillos a la Colonia República y lo logré. Fue mi primer casa, ahí crecieron mis 4 hijos, también mi hijo Martín el mayor, quien se casó muy joven e inició su familia en una casa al lado, vivimos varios años ahí, yo le tengo gran cariño a esa casa, representa mucho para mí.

La Fragua, el origen de todo

Junto con mi esposo inicié el negocio siendo muy jóvenes. Llegamos a La Fragua, donde hasta hoy sigue la matriz de todos nuestros negocios y un lugar al que le tengo un cariño inmenso. Empezamos con un pequeño terreno que llené rapidito de mercancía porque siempre tuve claro que un negocio debía estar bien surtido y atender rápido al cliente. Ese terreno pronto quedó chico y fui creciendo poco a poco, ampliando almacenes y oficinas, siempre trabajando con esfuerzo y mucha fe.

Así nació Perfiles y Herrajes, una empresa especializada en acero que hoy cuenta con ocho sucursales. Más adelante, junto con mis hijos —Martín, Chiquis, Omar y Mónica— seguimos creciendo y diversificándonos con nuevas empresas familiares. Nuestro lema resume perfectamente lo que somos: “Somos tan fuertes como el acero.”

Ser mamá y trabajar al mismo tiempo nunca fue fácil. Recuerdo estar al teléfono con mis dos hijos pequeños entre las piernas y los mayores haciendo tarea al lado mío. Y aun así lo saqué adelante. Cuando mi esposo tomó otro camino, entendí que mi dignidad valía más que cualquier cosa. Yo siempre les digo a las mujeres que el amor propio va primero. Cuando hay amor, hay respeto. Y una mujer nunca debe perderse a sí misma por nadie.

Servir, ayudar y dejar huella

Hubo una época en la que me dediqué mucho a apoyar a jóvenes y familias del barrio donde crecieron mis hijos.

Organizaba carreras en toda la calle frente al Hospital Universitario, llevaba juguetes, premios y dinero para motivar a los muchachos a convivir sanamente y alejarlos de los vicios. También visitaba escuelas para regalar juguetes a niños humildes. Ayudar siempre me nació del corazón, porque aunque tuve una vida difícil, nunca dejé de creer que esa era parte de mi misión.

Después de casi 50 años trabajando sin parar, hoy sigo pendiente de mis negocios, aunque ya con un ritmo más tranquilo.

A mis 80 años me siento profundamente agradecida: tengo cuatro hijos, diez nietos yuna familia unida que es mi mayor orgullo.

Cada mes nos reunimos en mi casa para celebrar cumpleaños y compartir tiempo juntos. Disfruto muchísimo esos momentos simples de la vida.

Creo que el verdadero éxito no está en ver a los clientes como dinero, sino como personas. El trabajo honesto, el precio justo y el deseo genuino de hacer el bien son lo que realmente hacen crecer un negocio y una vida. Yo todo lo disfruto, incluso las penas, porque siempre pienso: esto también va a pasar… y me voy a levantar más fuerte.

Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de MAYO – JUNIO 2026: CONCHITA SILLER: Corazón de Acero

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