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Progreso no perfección

Por Iyáli Alcaraz

Hace poco leí Let Them, de Mel Robbins, y hubo una idea que no dejó de dar vueltas en mi cabeza.

La autora explica que muchas de las cosas que queremos en la vida pueden conseguirse si estamos dispuestos a hacer tres cosas: ser disciplinados, ser constantes y ser pacientes. Parece sencillo, pero pocas veces hablamos de la parte más incómoda: la espera.

Vivimos comparándonos. Vemos cuerpos, rela-ciones, casas, viajes, trabajos y estilos de vida ajenos. Robbins habla de dos tipos de comparación.

La comparación ascendente ocurre cuando miramos a alguien que parece estar donde nos gustaría llegar. El problema es que, en lugar de inspirarnos, muchas veces nos hace sentir insuficientes.

La comparación descendente, en cambio, nos invita a reconocer lo que ya tenemos: salud, familia, oportunidades, capacidad de aprender o de empezar de nuevo. A veces estamos tan concentrados en lo que nos falta que olvidamos valorar todo lo que ya hemos construido.

Ahi aparece una línea muy delgada entre compararte y desarrollar el síndrome del impostor.

La comparación deja de ser una observación y se convierte en una sentencia. Empiezas a creer que no eres lo suficientemente buena, preparada o capaz. Después llegan la duda, la procrastinación y, finalmente, el autosabotaje.

Lo más irónico es que muchas veces nadie más te está frenando. Eres tú.

Hay una frase que me gustó especialmente: si algo no puede cambiar en los próximos 30 segundos, probablemente no merece consumir toda tu energía mental en este momento.

No puedes transformar tu cuerpo hoy. No puedes sanar una relación hoy. No puedes alcanzar una meta financiera hoy. Pero sí puedes dar un paso que te acerque a ella. Por ahora. Esa expresión cambió mi manera de pensar.

Por ahora no tengo el cuerpo que deseo.

Por ahora no estoy donde quisiera.

Por ahora no he alcanzado esa meta.

El “por ahora” deja espacio para el crecimiento.

Porque una vida más saludable, una mejor relación con la comida o una mayor estabilidad emocional no aparecen de un día para otro. Son el resultado de pequeñas decisiones repetidas una y otra vez.

Disciplina para hacer lo que corresponde.

Constancia para seguir cuando desaparece la motivación.

Paciencia para permitir que el tiempo haga su trabajo.

Quiero confesarte algo. Durante mucho tiempo me comparé con mujeres que no habían sido mamás o con aquellas que parecían haber atravesado un embarazo sin que su cuerpo cambiara. Las veía entrenar, correr o usar ropa que yo todavía no me atrevía a ponerme, y esa voz incómoda aparecía: “¿Por qué yo no me veo así?” Hasta que entendí algo.

Mi cuerpo no está compitiendo con el de nadie.

Mi cuerpo hizo algo extraordinario.

Mi cuerpo dio vida.

Y eso merece respeto todos los días.

Después del embarazo viví depleción muscular, desequilibrios hormonales y otros retos físicos.

Hoy agradezco estar sana, ver a mi hija crecer y sentir que mi cuerpo, poco a poco, vuelve a ser fuerte. Compararme no me ayuda; inspirarme, sí.

La meta nunca ha sido tener el cuerpo de alguien más. La meta es sentirme bien en el mío.

Y si eres mamá, quiero recordarte algo: tu cuerpo cambió porque tu vida cambió. También cambiaron tus prioridades, tu tiempo y tu energía. Aun así, sigues intentando cuidar de ti mientras cuidas de alguien más. Eso también merece reconocimiento.

Jeff Walker dice que el éxito consiste en hacer repeticiones. No una repetición perfecta, sino una más.

La primera caminata.

El primer desayuno equilibrado.

El primer entrenamiento.

El primer día sin rendirte.

Empieza hoy. No necesitas demostrarte que puedes hacerlo para siempre. Solo necesitas hacer la siguiente repetición.

Porque, al final, la diferencia entre quien alcanza una meta y quien no rara vez está en el talento. Casi siempre está en la capacidad de repetir las acciones correctas el tiempo suficiente para que los resultados aparezcan.

Recuerda: progreso, no perfección. Y, como siempre, no estás sola.

Iyali Alcaraz: Licenciada en nutrición, master en nutrición clínica, creadora del término gordos en pausa y de recetas deliciosas en nutretealcaraz. Escribo para inspirar y abrazar otras personas que pasan por lo mismo, feminista y soñadora
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