Por Daniela Montes
El dolor
La vida avanza y cada día se presentan situaciones que nos llevan a tomar decisiones. Algunas son sencillas, otras difíciles y algunas, dolorosas, porque implican dejar, separarse o soltar.
Conforme crecemos, las responsabilidades, la rutina y las decisiones se vuelven cada vez más. Casi a diario me encuentro con mensajes de mujeres en redes sociales que ya no saben cómo hacer para continuar: sostener su trabajo, su familia o simplemente seguir adelante con las circunstancias que están viviendo.
Más allá de sus palabras, puedo percibir el dolor y el peso que llevan. Mujeres que, desde el cansancio y el miedo, se están perdiendo a sí mismas y dejan de creer en ellas.
El dolor no aparece de la nada. Se va acomodando dentro de nosotras, creciendo y alimentándose de otras emociones. Y, socialmente, muchas de ellas no se hablan. No se cuentan en el pasillo del supermercado cuando alguien conocido nos pregunta: “¿Cómo estás?”. La respuesta esperada es “bien, ¿y tú?”. Y cuando alguien responde algo diferente, muchas veces no sabemos qué hacer con lo que estamos escuchando.
¿Qué estás haciendo?
Cuando leo a estas mujeres en redes o acompaño en consulta a personas que sienten que la carga es demasiado grande y el dolor aprieta, me quedo pensando en todo lo que hacen y que ellas mismas no alcanzan a dimensionar.
Esta pregunta surge de reconocer todo lo que haces para continuar un día más, para avanzar a pesar del dolor. Porque el dolor puede conge-larte, inmovilizarte y hacerte creer que nada va a cambiar. Sin embargo, te levantas, atiendes a tu familia, trabajas, resuelves, funcionas. Y eso también es avanzar.
¿Cuántas veces te detienes a mirarte de verdad y reconoces todo lo que lograste en un día? Es más fácil poner atención en lo que quedó pendiente, en lo que faltó o en lo que hicimos mal.
Pero si algo quedó sin concluir, también es porque hubo muchas otras cosas que sí realizaste y responsabilidades que sí lograste sostener.
Cree en lo que haces y en lo que puedes hacer.
No todo depende de una sola persona. A veces necesitamos una pausa, tomar aire y despejar la mente para poder continuar.
El reconocimiento de cada una
Quiero decirte que cada cosa que haces es digna de reconocimiento, porque solo tú sabes cuánto te está costando o qué has tenido que dejar para lograrlo.
Reconoce tus cualidades. Empieza por ti para que otros también puedan verlas. Ámate, cuídate, date tiempo para comer, aunque sea poco, y procura dormir lo necesario. Pueden parecer cosas pequeñas, pero también son formas de cuidarnos y de seguir buscando el sí.
Hay situaciones que nos rompen, pero también nos permiten descubrir de qué estamos hechas.
Te confieso que reconocerme fue algo que me costó. Al igual que tú, en algún momento dudé de mí. Algo que me ayudó muchísimo a volver a creer fue mi proceso terapéutico.
Hoy te escribo desde el dolor de la pérdida de mi padre, pero también desde la certeza de que puedo continuar. Porque una parte de él quedó en mí y, por eso, no se fue del todo.
No estás sola. Yo creo en ti, en tus capacidades y en todo lo que eres capaz de hacer. Y aunque hoy te sientas rota, recuerda: esto no es el final..
Recuerda: progreso, no perfección. Y, como siempre, no estás sola.