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LA PLUMA DE LA MUJER: TEMAS Y PROPÓSITOS

Por Dona Wiseman

Una vez un maestro me dijo, “Jamás dejes de escribir, que para ti escribir es una catarsis que no alcanzarás nunca de otra manera.”  Para eso escribo, ése es mi propósito.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre una razón y un propósito?  ¿Qué tiene de diferente preguntar por qué escribe una mujer o preguntarle para qué lo hace?  Y no solamente en general, sino una pieza particular. 

Del latín propositum, el propósito es la intención o el ánimo al hacer o dejar de hacer algo. El propósito entonces nombra un objetivo, algo que se quiere conseguir y que requiere de esfuerzo y de ciertos sacrificios. 

¿Quién soy, de dónde vengo, para qué estoy aquí y hacia dónde voy? Son algunas de las preguntas que las mujeres intentamos responder para encontrar el propósito de nuestra existencia. Dichos interrogantes no esperan necesariamente, y quizás nunca alcanzarán, una respuesta definida y precisa, sino que funcionan como el motor de la vida; la mera posibilidad de dar con los propósitos de nuestro paso por la Tierra es suficiente para continuar avanzando.

Una razón reside en la capacidad de la mente humana para establecer relaciones entre ideas o conceptos y obtener conclusiones o formar juicios.  Puede aplicarse a un acierto, una verdad o la justicia en lo que una persona dice o hace.

El concepto de razón tiene su origen en el latín ratio. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) reconoce más de diez acepciones de esta palabra, entre ellas la facultad para pensar, reflexionar e inferir, y el argumento que se expone en respaldo a una determinada cosa, motivo o causa.

Desde la perspectiva de la filosofía, la razón es la habilidad que tiene el hombre al no sólo lograr reconocer conceptos sino también cuestionarlos. 

Aunque parecen iguales estas dos preguntas (¿por qué o para qué?), no lo son, tienen diferencias importantes, sobre todo a la hora de replantearnos nuestra vida y fijar nuestros objetivos. Los procesos mentales que se desarrollan cuando hacemos una u otra son completamente opuestos.

Por qué habla de la causa de algo y mira hacia atrás a la razón o la motivación de una acción.  La pregunta “por qué” lleva la mente al pasado, a las causas racionales que te llevaron a una circunstancia o situación. Nos lleva por un camino de justificaciones, sean históricas o condicionales.

Para qué mira hacia adelante; al propósito, objetivo, meta o intención que tenemos. Para qué mira al futuro, despierta el verdadero significado de lo que hacemos, lo que nos impulsa a hacer lo que hacemos desde el corazón, y tal vez muchas mujeres (independiente del tema que abordan) escriben desde el corazón.

La respuesta al “por qué” apunta a las causas, muchas veces externas, que nos traen a un momento preciso. “Para qué” nos pone en un espacio creativo que espera por un propósito, una razón de ser.

El “por qué” es, en general, más fácil de responder. Basta con mirar atrás y encontrar las causas o justificaciones. El “por qué” puede carecer de significado y de emoción.

El “para qué”, te pone en un contexto de significado, de propósito y posibilidades infinitas. Es la gasolina que hace levantarte por la mañana y vivir con conciencia, entusiasmo y pasión tu vida.

El “por qué” satisface tu mente. El “para qué” llena tu corazón.

 ¿Tú escribes? ¿Por qué lo haces? ¿Para qué lo haces?

Dona Wiseman: Psicoterapeuta, poeta, traductora y actriz. Maestra de inglés por casualidad del destino. Poeta como resultado del proceso personal que libera al ser. Madre de 4, abuela de 5. La vida sigue.
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