RITA FISHBURNE: La bondad como camino para sanar

Entrevista por NES / Fotografías Karina Briones


Mi camino para acompañar a personas en momentos de crisis, pérdida y dolor nació de una herida muy profunda. Cuando tenía 14 años, mi papá falleció y nadie me sostuvo emocionalmente en ese duelo. No hubo palabras, ni espacios, ni apoyo para procesar lo que sentía. Pasaron más de treinta años antes de que recibiera acompañamiento psicológico que finalmente me ayudó a mirar de frente esa pérdida y a sanar muchas emociones que habían quedado suspendidas en el tiempo. Desde entonces, mi objetivo es claro: acompañar a otros para que no tengan que atravesar solos lo que yo atravesé. 

La bondad como camino para sanar

Trabajar con niñas, niños, madres y padres en procesos de duelo me ha enseñado algo esencial: las personas necesitan ser escuchadas con empatía. Necesitan que alguien valide su dolor, su tristeza, su culpa, su impotencia o su frustración. Acompañar no es tener respuestas, es ser presencia. Es convertirse, como suelo decir, en un corazón con oídos. 

La educación emocional como base de una vida plena 

Creo profundamente en la educación socio-emocional como base de una vida plena. Cuando aprendemos a reconocer lo que nos pasa por dentro y a expresar lo que sentimos sin lastimar, nos liberamos. Esa conciencia emocional no solo nos sana a nivel individual, también transforma nuestras relaciones con los demás.

El mito de “superar” la pérdida

Hay un mito sobre el duelo que me gustaría que dejáramos de creer: la idea de que la pérdida se “supera”. La verdad es que siempre lloraremos a quienes amamos. No se supera la ausencia; se aprende a vivir con ella. Sanamos y nos reconstruimos alrededor de lo que perdimos. Volvemos a sentirnos completos, pero no somos los mismos… y tampoco deberíamos serlo. 

Cuando el dolor se transforma en compasión

He logrado transformar el dolor en una herramienta de crecimiento porque creo, como decía mi mentora Elizabeth Kübler-Ross, que las personas más bellas son aquellas que han conocido el sufrimiento y han encontrado su forma de salir de las profundidades. La compasión, la humildad y el amor profundo no surgen de la nada: nacen de haber atravesado la oscuridad.

Mi deseo de escribir Epidemia de Bondad surgió hace muchos años, cuando llegó a mis manos el libro Random Acts of Kindness. Me conmovió profundamente leer historias reales de bondad cotidiana. Pensé en traducirlo, pero entendí que muchas de esas anécdotas solo podían ocurrir en otro contexto cultural. Entonces decidí reunir historias de personas latinoamericanas, historias reales que mostraran que la bondad también habita —y con fuerza— en nuestro entorno.

Para mí, la bondad en un mundo acelerado es detenernos. Es darnos tiempo para mirar al otro y para mirarnos a nosotros mismos. Es regalar una sonrisa, un saludo, una presencia. Esa conexión espontánea nos transforma a ambos; es un regalo silencioso pero poderoso.

Cuidar a quien cuida

Después de sostener el dolor de tantas personas, me cuido volviendo a lo esencial. Me acerco a la naturaleza, al campo, a mis plantas, a la observación de los pájaros. Hago arte, veo contenidos que me nutren, y cada mañana practico Reiki conmigo misma, acompañado de meditación y oración. Camino en el parque, identifico aves, y así comienzo mi día: anclada, sostenida y en equilibrio.

Un mensaje para las madres cansadas

A las madres que hoy se sienten cansadas, abrumadas o invisibles, les diría que esta etapa pasará… y pasará demasiado pronto. Aunque ahora no lo vean, algún día extrañarán estos momentos. La actitud con la que se hablan a sí mismas es clave: lo que se dicen constantemente, su cuerpo lo cree. La mente necesita escuchar “sí puedo”, no solo “estoy agotada”. 

A mis 71 años, sigo teniendo muchos proyectos. Uno de ellos es que Epidemia de Bondad llegue a más personas, para que se contagien de todo lo bueno que existe en el corazón humano.

La pérdida no se supera. La relación con quien se fue se transforma. Mi papá, por ejemplo, me enseñó a observar pájaros. Hoy, cada vez que lo hago, honro su memoria y siento que me acompaña. En ese instante, sigue estando conmigo.

Porque el amor no desaparece. Solo cambia de forma.

Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de DICIEMBRE 2025 – ENERO 2026: HONOR A QUIEN HONOR MERECE

No Estas Sola

DEJA UN COMENTARIO

LECTURAS RELACIONADAS