Por Iyáli Alcaraz Q.
Hola, feliz año antes que nada.
Esta columna decidí escribírsela a todas las mujeres que me leen y me escriben diciéndome que les da pánico ir al gimnasio porque sienten que ese lugar no es para ellas.
Empecemos por algo básico: el gimnasio está hecho para eso, para hacer ejercicio.
Obviamente vamos personas que no estamos del todo cómodas con nuestro cuerpo. Personas que estamos ahí porque ya entendimos que la masa muscular es clave para una vida próspera y fuerte, para llegar a una vejez funcional; porque ahí nos mandó el doctor o porque este año sí nos lo prometimos: voy a trabajar en el cuerpo que deseo tener.
Antes de tener la seguridad y la confianza que tengo hoy, también me daba terror ir al gym. Analizaba todos los tipos de cuerpos:
las que parecen ir a una pasarela,
las que tienen el cuerpo en su mayoría operado y solo mantienen la cirugía,
las que vamos con ropa tres tallas más grande para que no se nos note nada,
las que van a lo que van y se van,
las que claramente hacen horas de gimnasio y tienen rutinas impresionantes,
las que cuidan su alimentación y prácticamente viven de eso.
Y así podría seguir describiendo cuerpos dentro del gimnasio.
Pero, ¿qué me está queriendo decir todo esto?
Uno: si me preocupo más por los cuerpos que van al gimnasio que por el mío, hay un problema enorme: no me estoy viendo a mí.
Dos: si Perenganita o Fulanito no hacen nada y solo se sientan en las máquinas… ¿a mí qué?
¿Sabes cuándo dejas de juzgar y criticar a los demás?
Cuando no tienes espacio en tu mente, porque estás demasiado ocupada en ti.
Si alguien comenta: “mira a esa que ya no puede con una serie más” y esa eres tú, felicidades. Estás llegando al fallo, y es justo ahí donde empezamos a romper fibras musculares. El gimnasio está hecho para eso: para hacer ejercicio.
Así que suelta la pena, el “qué van a decir”, el “no le sé”, el “esto no es para mí” y toda la lista de excusas que has cargado durante años.
Cómprate ropa que te haga sentir cómoda al entrenar.
Búscate una rutina buenísima en internet o invierte en un profesional.
Bájate un playlist perrón que te motive.
Romantiza tu día y tu ejercicio.
Mide tu progreso, porque lo medible da ganas de seguir.
Busca una nutrióloga que te enseñe a comer.
No le tengas miedo a cargar peso: jamás se te va a hacer “cuerpo de hombre”.
Y, sobre todo, blinda tu energía. Porque, en realidad, a nadie le importa lo que haces o dejas de hacer… y si sí, entonces dales un buen show.
Pero este año, por favor, llega a tu meta.
Porque si no, a la única persona a la que le estás fallando es a ti.
