Entrevista por NES / Fotografías Karina Briones
Desde que comencé mi camino como maestra, tuve la certeza profunda de que la educación es una de las herramientas más poderosas para construir un mundo mejor. Siempre he creído que, desde mi propia trinchera, puedo generar un impacto positivo en mi entorno y contribuir a formar una comunidad más humana, consciente y solidaria.

Aprender del servicio a los demás
Muy joven entendí que ayudar a otros también me transformaba a mí. Ser voluntaria, colaborar en el DIF, presidir ANSPAC y trabajar como educadora me permitió escuchar historias de vida que me marcaron para siempre. Los testimonios de personas que crecían, sanaban o encontraban nuevas posibilidades confirmaron algo esencial: la labor social y educativa deja huellas profundas y duraderas cuando se hace desde la empatía y el compromiso genuino.

Decisiones que cambian el rumbo
Muchas de las mejores cosas que han llegado a mi vida no las busqué conscientemente; llegaron como bendiciones inesperadas. Aun así, aprendí el valor de decidir. Cuando una oportunidad aparece, tenemos la responsabilidad de elegir con convicción y, una vez tomada la decisión, entregar nuestra voluntad, nuestros recursos y nuestra energía para hacerla realidad. En ese proceso descubrí mi capacidad de trabajo, resiliencia, optimismo, fe y un sentido del humor que ha sido clave para atravesar los retos.
El nacimiento de Harmony School
La idea de crear Harmony School nació en 2014. El paso decisivo fue dejar una institución que amaba profundamente para apostar todo —literalmente— por un proyecto nuevo, incierto, pero lleno de esperanza. La calidad humana de las familias fundadoras y la visión compartida me dieron la certeza de que los cimientos eran sólidos y de que era posible construir algo verdaderamente extraordinario.
Un modelo educativo para el presente
Mi preocupación por el futuro de los niños fue un motor fundamental. Seguíamos educando con modelos pensados para el siglo pasado, desconectados de la realidad actual. La experiencia con mi hija menor, Cecilia, quien nació con necesidades especiales, me llevó a conocer metodologías internacionales que no solo funcionaron para ella, sino para toda la familia. Ahí confirmé que los nuevos modelos educativos sí generan aprendizajes significativos y preparan para un mundo cambiante.

Educar con valores y visión global
Harmony integra habilidades socioemocionales, herramientas modernas y una mentalidad internacional. Busco que los estudiantes desarrollen habilidades para la vida, que sean felices, resilientes y capaces de adaptarse. Más allá del contexto, todos los niños necesitan sentirse vistos, escuchados y valorados. La inclusión, la integridad, el pensamiento crítico y la sostenibilidad no son ideales: son prácticas diarias que forman carácter.

Liderar en tiempos difíciles
Uno de los mayores desafíos de mi vida fue enfrentar la pandemia siendo directora general. El riesgo de cerrar era real. Lo superamos gracias al apoyo de mis socios fundadores, al compromiso extraordinario del equipo docente, a la resiliencia de muchas familias y, sobre todo, al amor incondicional de mi familia.
Mirar hacia el futuro
Hoy, lo que más me emociona es ver a los estudiantes felices, conscientes de que tienen voz y de que pueden transformar su entorno. Sueño con que brillen en cualquier lugar del mundo y con una comunidad que valore profundamente esta forma de educar. Mi misión es clara: formar seres humanos felices, capaces de tomar buenas decisiones y de construir un mundo mejor, empezando por sí mismos.
Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de DICIEMBRE 2025 – ENERO 2026: HONOR A QUIEN HONOR MERECE
