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GUADALUPE GONZÁLEZ: No renuncies a ti, ni siquiera en la enfermedad.

Entrevista por NES / Fotografías: Karina Briones

Esta es mi historia personal. Una historia de enfermedad, de maternidad y de conciencia. Hoy escribo desde la experiencia más profunda que he vivido: entender que no renunciar a mi salud no es una opción… es un acto de amor.

Aunque estés cansada.

Aunque creas que “no pasa nada”

Aunque pienses que puedes hacerlo después.

  • No renuncies a tu salud.
  • No renuncies a cuidarte.
  • No renuncies a tu energía.

Vivimos tan ocupadas, atrapadas entre el trabajo, la familia y las responsabilidades que, sin darnos cuenta, renunciamos a lo más valioso: sentirnos bien.

  • Renunciamos al descanso.
  • Renunciamos a escucharnos.
  • Renunciamos a parar.

Creemos que la salud es eterna. Que la energía siempre estará ahí. Que el cuerpo aguanta todo.

Hasta que un día, la vida nos detiene. A mí me pasó.

La enfermedad de Lyme llegó a mi vida no como un castigo, sino como una lección profunda. Una llamada firme y amorosa que me recordó: no renuncies.

  • No renuncies a tu cuerpo.
  • No renuncies a tu bienestar.
  • No renuncies a lo que te sostiene.

Pero la lección fue aún más grande cuando la enfermedad también tocó a mis dos hijos. Y cuando la salud de tus hijos se ve comprometida, ya no hay excusas ni prórrogas posibles.

Entendí que mi autocuidado no podía detenerse, incluso en medio del proceso. Porque es desde ahí desde donde puedo acompañarlos, sostenerlos y enseñarles con el ejemplo. Ser su fortaleza. Estar presente.

El día que pierdes la energía, que tu cuerpo ya no responde igual, que levantarte o concentrarte se vuelve difícil, comprendes que no renunciar ya no es una opción: es una responsabilidad

Aprendí que la vida no se trata solo de curar, sino de prevenir. De escuchar antes de que el cuerpo grite.

Siempre me he cuidado. Siempre he sido activa. Desde hace años soy ciclista y amo sentir el cuerpo en movimiento. Pero la vida me enseñó que cuidarse no es solo hacer ejercicio.

  • Es no renunciar al descanso.
  • Es no renunciar a dormir bien.
  • Es no renunciar a bajar el ritmo cuando hace falta.
  • Es no renunciar a sanar emo-ciones.
  • Es no renunciar a elegirme.

Hoy sé que no renunciar a mi salud es un acto de amor propio. Pero también es un acto de amor hacia mis hijos. Porque cuando estoy bien, puedo sostener. Puedo acompañar.

Puedo estar verdaderamente presente.

Las enfermedades no llegan como castigos. Llegan cuando hemos renunciado demasiado tiempo a escucharnos. Llegan como maestras. Como pausas necesarias.

Cada síntoma es un recordatorio.

Cada proceso es una invitación a volver a mí.

A veces la vida no habla con palabras; habla con el cuerpo.

Y cuando escucho, cuando dejo de renunciar y empiezo a elegirme, descubro que incluso en la entermedad hay propósito, transtormación y amor.

No renuncies a prevenir.

No renuncies a escucharte.

Y, sobre todo… no renuncies a ti.

Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de MARZO – ABRIL 2026: NO RENUNCIES

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