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Niñez: libertad

Por Clara F. Zapata Tarrés

La niñez no se va a repetir. Es ese momento suspendido en el aire en dónde nuestra imaginación puede convertirse en realidad, donde los sueños fantásticos no tienen ningún prejuicio, ninguna valoración, dónde la libertad nos sorprende y es capaz de volar a cualquier rincón del cielo, de la tierra, del universo y de la profundidad del mar o las estrellas.

Podemos inventar colores, plantas, arrecifes y nada nos detiene a pensar que lo que estamos experimentando es imposible. TODO es posible. Incluso en las condiciones más patéticas, de violencia o de tristeza, felicidad, alegría, nos vamos a dónde queramos. Si como adultos lo experimentamos o nos atrevemos a hacerlo, nos miran como locos o inadaptados.

Por eso, estar a la altura (físicamente hablando) de nuestros bebés e hijas/os más grandes es importantísimo. Jugar en el suelo, convertirnos, aceptar y disfrutar el juego, meternos en nuestra propia niñez, darnos permiso de tener momentos placenteros, jugar a la comida, a pelear como en el lejano oeste, hablar bobadas, “hacer el ridículo” (que en realidad no es ridículo y así lo hemos nombrado por mala costumbre).

Hay que recordarnos siempre que los bebés y los niños y niñas son personas que piensan, sienten y de ninguna manera son inferiores, tontos o incluso ridículos. A veces algunas o muchas personas lo piensan sin siquiera darse cuenta. Les damos apodos, les ponemos etiquetas, les pegamos, les cacheteamos, les echamos a la regadera fría, les decimos que se porten bien, que obedezcan, que se comporten, que digan gracias, que digan perdón, que no lloren, que sean educados, que besen al desconocido, que saluden, que se despidan, que sean “grandes”, que hablen bien, que no se suban, que se bajen, que se callen… ¿Sigo? Nos dedicamos a cortar esas grandes y libres alas…

La infancia sólo es una.

Me maravillo y siempre me pregunto cuándo es que se pierde esta inventiva y volatilidad tan preciosa y vaga que ayuda, en definitiva, a ser feliz. Tengo dos hijas y la menor de 10 años todavía tiene algunos episodios en los que la encuentro hablando sola, haciendo roles, actuando, cantando y bailando, creyéndose sus personajes y creyendo que es parte del grupo Black Pink. Ella misma dice que desde que descubrió esa música coreana su vida cambió. Y sí, la veo ahí, frente a los videos de coreografías, tan pero tan libre, siendo ella misma, moviendo las caderas y sus pelos chinos, llena de energía, siendo lo que ella desea y siendo hermosa. Feliz.

Todas y todos quisiéramos entrar a este mundo. Pero nos hemos dedicado a colapsarlo, a ser “correctos”, a no dejar entrar ni un rayo de luz a esta puerta que puede ser infinita. Poniendo límites y autoimponiéndolos no llegamos más que a reprimir todo eso que llevamos adentro de nuestros corazones.

Respetemos a la niñez. Respetemos cada paso, cada proceso. Sepamos que el agradecimiento es más que la palabra “Gracias”. Sepamos que una sonrisa es mucho más que la palabra “Perdón”. Nuestros bebés, nuestros hijos caminantes, nuestros gateadores, nuestros hijos e hijas adolescentes tienen gestos, ideas, pensamientos y acciones que necesitan ser valoradas.

Abracemos cada día a aquellos que son el futuro. Pongámonos en el suelo y atrevámonos a volver a entrar a ese mundo en el que, en algún momento decidimos salir. Vale toda la pena. Nos redescubriremos y sabremos que nuestra niñez interior necesita ser amada. La niñez, no se va a repetir. Este 30 de abril, atrévete.

Clara Zapata: Soy Clara, etnóloga chilena-mexicana. Tengo dos hermosas hijas, Rebeca y María José, con Joel, mi regiomontano amado. La libertad y la justicia son mi motor. Creo plenamente en que la maternidad a través de la lactancia puede crear un mundo más pacífico y equitativo y por eso acompaño a familias que han decidido amamantar. Amo la escritura, la cultura y la educación.
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