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Rayos de sol

Por Clara F. Zapata Tarrés

Ya pasaron los primeros días del año y hemos hecho algunos pequeños cambios en nuestras rutinas. Estábamos con el entusiasmo de ese nuevo ciclo que estaba por venir. Sin embargo, la pandemia nos sigue presentando retos y nos obliga de nuevo a permanecer encerradas lo más que se pueda. De nuevo, encierro, miedo a veces, contagios en nuestras familias, precaución y un ciclo que parece repetirse a veces, sin fin y con la esperanza en el límite.

Y así, en la incertidumbre, recuerdo que hace unos dos meses, en los que había decidido por fin salir poco a poco, fui a visitar a una mamá que espera gemelas y tenía muchas preguntas sobre lactancia.

Al llegar a su casa, tenía la puerta abierta y un rayo de sol entraba y daba luz a una silla cómoda. Y ahí estaba ella, leyendo un libro, con la mirada concentrada y con una postura de calma. Parecía un cuadro impresionista. Me llamó la atención la paz que transmitía.

Ahí fuimos resolviendo las dudas poco a poco y sé que se quedan en el aire muchas otras porque no es lo mismo aprender escuchando y relatando que cuando ya tienes a tu bebé en brazos y la práctica te obliga a hacerte nuevas preguntas enfrentándote a nuevas metas y retos.

Las respuestas a dudas básicas de las que yo misma aprendí, me hizo recordar cuando mi propia hija estaba en mi panza. Me recordó que muchas veces las madres primerizas damos por hecho muchas cosas y pensamos que nuestros familiares, amigas y amigos, y sobre todo el personal médico que nos acompañará, piensan lo mismo que nosotras y no necesitamos transmitirles nuestros deseos o necesidades.

Afortunadamente, hoy existe mucha más información que hace 10 o 15 años y además la curiosidad nos alienta. Esto nos permite saber un poco mejor algunas cosas y podemos generar entonces, expectativas reales que nos permiten dejar de ser a veces tan ingenuas. Y como dicen por ahí, mientras más conoces, mientras más te informes, más seguridad puedes tener y tus deseos se pueden sí, convertir en realidad. No sé si es realmente el tiempo que ha pasado y no es que haya cambiado tanto la circunstancia, o más bien, decidimos estar en un espacio en el que se pueden hacer preguntas sin ser juzgadas y siendo escuchadas. Es una combinación. Hemos cambiado como sociedad pero también hemos construido espacios seguros de intercambio de saberes.

A pesar de esto, existen circunstancias en las que la información no llega, en las que la ignorancia se presenta “de sopetón” y es ya cuando tenemos al bebé ahí que surgen nuevas respuestas a viejas preguntas. ¿Cómo me acomodo al bebé? ¿Por qué produzco tan poca leche? ¿Debo dejar de comer chile? ¿Por qué mi bebé duerme tanto, lo tendré que despertar? ¿Por qué, por qué, por qué?: Preguntas básicas de las que creíamos tener las respuestas racionales.

Lo cierto es que el aspecto emocional se convierte a veces, en una cachetada o en una cubeta de agua fría y entonces necesitamos recomenzar. Sin embargo, todo este aprendizaje durante el embarazo funciona siempre y cuando, trabajemos esa parte de hacer conscientes las variables que puedan darse y pensemos en alternativas que efectivamente, nos hagan disfrutar ese postparto que tiene tantos reflejos de luz y que puede mirarse como un caleidoscopio más que como blanco o negro.

Esta mamá, muy sabiamente, recordó que el miedo no la ha paralizado. Me recordó muy segura, que la pandemia la había preparado en temas de precaución pero que había encontrado algunas ideas positivas. Me recordó que se pueden hacer muchas cosas desde casa. Me recordó que se puede salir a caminar al aire libre, a las montañas cercanas de este desierto… Me recordó que los bosques cercanos a la ciudad están dispuestos a recibirnos y a recibir también a todo aquel que quiera oler los pinos, abrazar nogales, comer pastel de manzana y disfrutar de pequeños valles cubiertos de flores amarillas y de cielos azules infinitos.

También me recordó que sí necesitamos información para prepararnos para esta nueva etapa de maternidad pero que de la mano, junto con otras mujeres o amigos, se puede mantener el equilibrio, haciendo conscientes nuestras necesidades; siempre anotándolas en la mente y en el corazón; nunca olvidándolas y poniéndolas como prioridad. Dentro de casa podemos hacer nuestro rinconcito propio, poner flores, velas, inciensos o elementos que nos recuerden que somos nosotras, las primeras y que si así comenzamos, probablemente podamos maternar mejor y ser capaces de abrazar a nuestros bebés con calma y generosidad, reconociendo ahí sí, sus necesidades.

Esta mamá también me recordó la importancia de parar. De no tener proyectos demasiado inmensos. De saber que podemos disfrutar de una taza de té, de la mirada de nuestra pareja, embelesada por nuestra panza, de la música sonando mientras cocinamos, de las risas de las hijas, de las canciones inventadas… Disfrutar de ese rayo de sol, entrando por la mañana a la puerta de la casa, acompañado por unas palabras de mi escritora favorita…

2022, ya casi febrero… Si estás embarazada o acabas de tener a tu bebé, recuerda siempre que hay nuevas posibilidades, nuevas oportunidades cada día. El sol te alumbra, el sol, te regala luz y paz. Cada día podemos cambiar la circunstancia. Con esfuerzo y conciencia, con los ojos cerrados mirando nuestro corazón, con los ojos abiertos y atentos. ¿Nuestras posibilidades? Infinitas.

Clara Zapata: Soy Clara, etnóloga chilena-mexicana. Tengo dos hermosas hijas, Rebeca y María José, con Joel, mi regiomontano amado. La libertad y la justicia son mi motor. Creo plenamente en que la maternidad a través de la lactancia puede crear un mundo más pacífico y equitativo y por eso acompaño a familias que han decidido amamantar. Amo la escritura, la cultura y la educación.
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