Por: Sara Serrato
Nuevos comienzos, buenos finales y la decisión de seguir cuidándome
Otro año que comienza, otro año para seguir siendo saludable, otro año de estudios médicos, de chequeos, de seguir sin cáncer. Y otro año para cuidarme, con más conciencia que antes.
Cuando empieza un nuevo año, suele venir acompañado de presión: nuevos propósitos, nuevas metas, nuevas versiones de nosotras mismas. Pero este inicio se siente distinto. No se trata de hacer más, sino de sostener lo que me ha hecho bien. De seguir el camino que me ha permitido llegar hasta aquí.
Al cerrar el año pasado, me detuve un momento a pensar en todo lo que había vivido. Y por primera vez en mucho tiempo, fue un año relativamente tranquilo. Hubo cambios, sí. Ajustes, aprendizajes, decisiones importantes. Pero nada caótico. Nada que me sacara de mí. Y lo más importante: terminé otro año sin cáncer.
Esa sola idea lo cambia todo.
Fue una especie de recordatorio silencioso de que así está bien. De que la calma también es una forma de avance. De que cuidarme no es una pausa, sino una decisión diaria que vale la pena repetir.
Este nuevo comienzo no viene con exigencias extremas. Viene con la intención de seguir cuidándome físicamente, mejorar mi alimentación y escuchar más a mi cuerpo. Pero también de cuidarme emocionalmente: ser más agradecida, disfrutar más cada día, cada persona, cada viaje, cada momento simple que antes daba por hecho.
Cada enero parece girar alrededor de las mismas promesas: inscribirse al gimnasio, volver con la nutrióloga, cambiar por completo la rutina, ser más feliz, más disciplinada, más constante. En mi caso, hoy solo busco algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo: estar saludable y ser consciente de lo que eso implica.
Hace unos días tuve un sueño. Iba a una fiesta y, al verme en el espejo, llevaba un vestido rosa muy bonito. Me sentía segura de mí misma. Cómoda. Tranquila. Y me di cuenta de que hacía mucho tiempo no me sentía así al usar un vestido. Pensé: quiero volver a ese punto. Al punto donde no me daba pena usar vestido, short o simplemente mostrar mis piernas sin cuestionarme tanto.
Este año quiero reconectar con mi cuerpo. Escucharlo más. Entender qué necesita y por qué lo necesita. Pero también aceptar que estoy en un momento en el que genuinamente quiero sentirme mejor conmigo misma, sin culpa y sin prisa.
Quiero que este nuevo año sea tranquilo, saludable y feliz. Lleno de viajes, de experiencias bonitas y de bienestar real. No perfecto, pero sí consciente. No extremo, pero sí amoroso conmigo.
Porque a veces, un buen comienzo no nace de cambiarlo todo, sino de haber cerrado bien el año anterior.