HomeSer mujerNaciendo del corazónEL DERECHO A VIVIR EN FAMILIA

EL DERECHO A VIVIR EN FAMILIA

Por Daniela Montes

La familia es el primer núcleo social donde aprendemos, nos desarrollamos y construimos vínculos. Según la Organización Mundial de la Salud, es el conjunto de personas unidas por lazos de sangre, adopción o matrimonio que conviven bajo un mismo techo. Idealmente, debería ser un espacio de protección y crecimiento. Sin embargo, no siempre es así.

Hay contextos donde la familia no cuida, sino que lastima, omite o vulnera. Cuando alguien no está listo para iniciar una familia —por edad, condición o circunstancias— la historia puede volverse compleja: matrimonios forzados, ausencia de redes de apoyo o entornos inseguros. En esos casos, el lugar que debería proteger puede convertirse en el primer espacio de riesgo.

El deseo de maternar y paternar

Muchas personas desean formar una familia como parte de su derecho reproductivo. Pero cuando ese deseo no puede cumplirse de forma biológica, la adopción se presenta como una alternativa.

Sin embargo, es importante entender que la adopción no parte únicamente del deseo adulto.

Solemos escuchar que “la adopción no es para todos”. En realidad, no es para todas las familias, pues implica revisar creencias, expectativas y capacidades emocionales. Adoptar es un acto de amor, sí, pero también es una decisión consciente de aceptar a una persona con historia propia, con vivencias y necesidades particulares. No se trata de idealizar, sino de construir un vínculo real.

El derecho de niñas, niños y adolescentes

Desde el nacimiento, todas las personas tenemos derechos fundamentales: identidad, sa-lud, educación, esparcimiento y, especialmente, el derecho a vivir en familia en un entorno seguro, como lo establece la Convención sobre los Derechos del Niño

(1989).

La adopción existe para restituir ese derecho a niñas, niños y adolescentes que lo han perdido.

Ningún adulto tiene “derecho” a ser madre o padre; lo que sí puede hacer es postularse para ofrecer un hogar seguro y amoroso. El proceso puede ser largo porque el criterio principal siempre será el interés superior del menor.

Por eso me gusta decir que buscamos familias para los niños, no niños para las familias.

Más allá del cuidado institucional

He escuchado comentarios sobre lo bien que viven algunos niños en casas hogar y lo queridos que son. Y aunque es fundamental que esos espacios sean dignos y seguros, ningún cuidado institucional sustituye el acompañamiento constante de una familia.

Las infancias necesitan pertenencia, estabilidad y vínculos profundos. Por eso es importante que más adultos estén dispuestos a informarse, reflexionar y, si cuentan con las condiciones necesarias, considerar esta forma de maternar o paternar.

Porque al final, la adopción no es solo cumplir un deseo adulto: es restituir un derecho fundamental.

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