Cuando me jubilé, lo primero que pensé fue que no iba a aceptar pasivamente el paso del tiempo.
Entrevista por NES / Fotografías Karina Briones
A los 54 años decidí declarar la guerra a la vejez y a las enfermedades crónicas que muchas veces creemos in- evitables: hipertensión, diabetes, sedentarismo. Tenía claro que quería un estilo de vida saludable, lejos de los malos hábitos y del abandono del cuerpo.
De espectadora a protagonista
No recuerdo un momento exacto en el que el triatlón cambiara mi vida. Lo que sí recuerdo es darme cuenta de que no quería seguir siendo espectadora. Quería ser protagonista: entrar en acción, tener metas, enfrentar dificultades y asumir retos. El triatlón me dio eso y mucho más.

Nace Lety “Tormenta”
El apodo de Lety “Tormenta” nació de una amiga muy querida. Decía que yo no tenía calma: cuando el entrenamiento terminaba, yo quería seguir rodando en bicicleta. También porque en un mismo día podía competir en tres disciplinas distintas. Con el tiempo, entendí que “Tormenta” me define porque simboliza enfrentar conflictos, retos y situaciones complicadas con determinación, disciplina, resiliencia y compromiso
Vencer el miedo al agua
Una de las mayores sorpresas para mí fue vencer el miedo. Primero, a nadar en aguas abiertas cálidas; después, a nadar en aguas abiertas heladas. He nadado en el Pacífico, el Golfo de México, el Caribe, el Mediterráneo, el Golfo Pérsico y el Mar de Tasmania. Cada cuerpo de agua me enseñó algo distinto sobre mí.
La edad no es un límite
Para mí, no dejarse vencer por la edad significa desafiar las creencias limitantes sobre lo que “deberíamos” o “no deberíamos” hacer a cierta edad. Significa cuidar el cuerpo, mantener una mente activa y no abandonar sueños ni proyectos solo porque el tiempo avanza.
Uno de los mayores retos físicos y emocionales de mi vida fue el Ironman de Cozumel en 2018, cuando cumplí 61 años. Fueron casi cuatro kilómetros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y un maratón completo. Fue mi forma de celebrar la vida y la fortaleza.
Podios, mares y campeonatos
Cada competencia tiene su encanto. En 2024 fui campeona nacional en triatlón sprint y en 2025 en la distancia olímpica. A nivel internacional, llevo en el corazón lo logrado en Australia, donde estuve entre las mejores del mundo en duatlón y aquabike. Representar a mi categoría 60–64 es vivir con adrenalina, miedo, concentración y gratitud. Cuando cruzo la meta, siento alegría profunda por poder hacerlo física y mentalmente.

Competir con miedo… y con gratitud
Entreno cada día porque quiero seguir calificando a campeonatos mundiales. Me motiva ver a mujeres de 80 años compitiendo; ellas son mi ejemplo. Y también sé que, sin buscarlo, mi historia se ha convertido en inspiración para otras mujeres. Eso me honra profundamente
Mi paso por el IMSS me dio herramientas clave: manejo emocional, toma de decisiones, disciplina y resiliencia. Todo eso lo llevo conmigo como atleta. El deporte transformó mi relación con mi cuerpo, mi salud y mi identidad. Me dio fuerza física, estabilidad mental y un profundo sentido de pertenencia.
A las mujeres que sienten que “ya es tarde”, les digo: siempre es posible. No es que tengamos poco tiempo, es que a veces lo desperdiciamos. Haz lo mejor que puedas, nadie puede hacer más que eso.
Siempre es posible
Mi próximo sueño es subir al pódium en un campeonato del mundo. Seguiré hasta donde Dios lo permita. Quiero ser más competitiva, ganarme a mí mismacada día y ser más intensa que una simple tormenta.
Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de DICIEMBRE 2025 – ENERO 2026: HONOR A QUIEN HONOR MERECE

