Madre, ¿Sólo hay una?

Por: Mabel Morales

A lo largo de los años, en México y otros países principalmente de Latinoamérica, hemos convertido el 10 de mayo en una fecha para “celebrar” a las madres. Canciones como la entrañable “Señora, señora”, o la icónica “Mamá” de Timbiriche, festivales escolares con el clásico “Ratón Vaquero”, comidas familiares… rituales que buscan honrar ese vínculo esencial. Pero más allá de la tradición, vale la pena detenernos un momento. Nuestra madre —esté presente o no, haya sido como haya sido— fue el canal a través del cual llegamos a este plano. Y quizá ahí comienza una de las reflexiones más profundas: aceptar que hizo lo que pudo con las herramientas que tenía. Se dice que el alma elige. Que elegimos a nuestra madre para aprender lo que vinimos a aprender. Entonces, ¿existe la madre perfecta? Tal vez no en los términos ideales que imaginamos, pero sí en el sentido más esencial: la que tenemos, biológica o adoptiva, es la perfecta para nuestro proceso. La maternidad, honestamente, no viene con manual y creo que nunca se está completamente lista.

Somos seres en constante cambio, y con ello, también evolucionan nuestros roles. Hay quienes soñaron siempre con ser madres; otras a quienes la vida las sorprendió. Algunas no lo desean, y otras más no pueden. Cada historia es única.
Sin embargo, hay algo que parece habitar en lo profundo de cada uno de nosotros: esa capacidad de cuidar, nutrir y sostener.

Hace poco escuché un término que me resonó profundamente: “Automaternarse”.
¿De qué va? En esencia, se trata de brindarnos aquello que alguna vez necesitamos recibir de nuestra figura de apego principal. Es asumir ese rol hacia nosotros mismos: nutrir, cuidar, amar y aceptar al niño o niña herida que vive en nuestro interior. Es reconstruir ese vínculo primario, pero ahora desde la conciencia, las herramientas y la responsabilidad del adulto que somos.
No es un proceso simple ni lineal. Requiere apertura, trabajo interno constante y, muchas veces, acompañamiento. Pero el despertar de la conciencia —eso que algunos llaman “tomar la vida”— implica voluntad, amor propio y el deseo genuino de evolucionar. Significa hacernos responsables y tomar las riendas de nuestra historia.


Y entonces pensé en la identidad —hombre, mujer o no binario— pasa a un segundo plano. Porque todos, en esencia, tenemos la capacidad de maternar si conectamos con nuestra energía femenina: esa que acoge, contiene y transforma. Claro, esto implica romper paradigmas, abrir la mente y atrevernos a salir de la caja. Al final, en libertad y sin juicios, cada quien elige cómo transitar su camino. Al igual que el Amor, “Maternar” es una elección y una decisión.
Sin embargo, si hoy llegaste hasta aquí, te invito a agradecer, amar, celebrar y honrar a tu madre. Si aún tienes la fortuna de tenerla contigo, no dejes pasar la oportunidad de recordarle cuánto significa no solo el 10 de mayo: abrázala, bésala, comparte momentos que se queden en el corazón.
Y tú… ¿cómo vives la maternidad?

Nos leemos pronto! MM

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here