VISTA PROTEGIDA

Por Blanca Garza y Vero Barreda / EMCOPAZ

Hola a ti que nos regalas un pedacito de tiempo para compartir algo de lo que la vida nos ofrece.

En esta ocasión te platicaremos sobre una experiencia que en este momento nos hace vibrar hasta lo profundo del ser. Nuestro trabajo nos ha llevado por caminos inimaginables, caminos en los que nos cruzamos con personas que marcan significativamente nuestras vidas, y entre esas personas, sin duda hay personajes pequeños de gran sabiduría que nos hacen volver a la raíz, volver a los básicos de la vida. Estos pequeños/enormes personajes son las niñas y los niños.

Hemos tenido la fortuna de recorrer, junto con nuestro maravilloso equipo, varias escuelas en estos últimos meses sembrando cultura de paz. Son escuelas que pertenecen a sectores considerados en situación vulnerable por la violencia y pobreza. Al llegar, nos encontramos con miradas expectantes, miradas tímidas que intentan descifrar nuestra presencia. Minutos después, se rompen fácilmente las barreras y comienza a fluir la autenticidad a través de preguntas, muchas preguntas que son difíciles de contestar. Pareciera que dos mundos se encuentran. Por un lado, el mundo de lo simple, donde no se tienen que buscar palabras para decir lo que sientes, basta sentir y expresar. Por otro lado, un mundo inventado, complejo. Un mundo que exige modelos y parámetros para medir lo que es imposible medir. Es ahí precisamente donde es fácil darse cuenta de lo mucho que hemos complicado la vida. De pronto, entre esas múltiples voces que quieren ser escuchadas, resalta la de un niño que dice: yo sé que soy bueno, aunque a veces me dicen que me porto mal porque hablo mucho con mis compañeros. Lo que pasa es que no saben que estoy conviviendo y que eso me hace feliz. ¿Por qué dura tan poquito el recreo? A mí me gustaría que fuera al revés, más diversión que clases. En ese momento, se hizo un silencio, nos percatamos de esa gran verdad, ¿cómo fue que cambiamos lo más importante que es el encuentro con los y las demás? ¿por qué hacer lo que no nos gusta en vez de hacer lo que nos encanta? Las respuestas pudieran ser muchas y muy variadas, sin embargo, la mejor respuesta vino de una niña que levantando la voz dijo: “porque cuando eres adulto te vuelves aburrido”.  Cuánto aprendizaje en tan poco tiempo. Será que hoy más que nunca la construcción de la paz requiere del encuentro, de la convivencia, de la conexión humana, de la conexión con la vida. Sin duda, la construcción de la paz comienza volviendo a lo simple, permitiendo que hable esa voz sabia de la infancia que sabe lo que siente y lo que necesita.

Alejandra Peart

Arquitecta y Licenciada en Letras Españolas con Maestría en Creación Literaria. Fundadora y Directora Editorial de Editorial Atemporia. Escribí el poemario En estas horas (Ed. Minimalia, 2004). Actualmente soy Directora de Contenido de la revista NES No Estás Sola, promotora cultural, editora, poeta, diseñadora editorial, feliz mamá de Rodri y esposa de Jorge. This is me.

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