Una rosa se aferra a la vida

Por Liliana Contreras Reyes

Cerré el pequeño volumen de cactus, nopales y rosas, escrito por Livio Ávila. Le escribí de inmediato: “Livio, ya leí tu libro. Me tienes con el corazón oprimido. Felicidades (corazón)”.

Más que leer el libro de mi compañero de escuela y amigo, leí seis historias que trajeron a mi mente una imagen muy clara: una flor nace entre las grietas del pavimento (hay infinidad de fotos en Internet rescatando la misma idea).

Yo soy la rosa

Una mujer lleva sobre su espalda una gran cantidad de estereotipos. Una mujer homosexual le agrega a esta carga el rechazo y la crítica.  Una mujer homosexual, en un pueblo pequeño, se enfrenta, además, a la soledad. (Pienso en una mujer, homosexual, indígena, en un pueblo pequeño). En El mudo y la platicadora nos topamos con Pancho (antes Pancha). Si leemos la historia de manera simple, entenderemos que Pancha es una mujer lesbiana que se convierte en Pancho. Léase entre líneas que, desde pequeña, Francisca luchó contra sí misma y contra lo que, a su alrededor, le decía que estaba mal sentirse ajena a su cuerpo y a su sexo. Trató de cumplir con la expectativa que se tiene sobre una mujer, destinada a fallar. Y falló.

La encontramos más delante encerrada en La hermandad, una institución que tenía como propósito regenerar a las personas homosexuales, a través de métodos arcaicos. Esta institución hace un guiño a La naranja mecánica, mostrando los mismos resultados: no hay regeneración contra la homosexualidad porque, simple y sencillamente, no es una enfermedad. Uno es lo que es. Por ella, pasaron cientos de reclusos a quienes les daban sus dosis de masculinidad o de femineidad, según fuera un hombre o mujer. Esta historia causa gracia porque, lo que en apariencia es exagerado en el texto, es tan común en la vida real.

A veces, soy un cactus

Rodeado de espinas, protege su identidad. ¿La razón? Cualquiera podría lastimarlo. El Licenciado Gutiérrez nos narra en primera persona cómo intenta protegerse (física y emocionalmente), abandonando a Fidel, su pareja infectada de VIH. Sin embargo, Fidel le dejaría una herencia que no necesita aceptar. Lo sigue en un viaje sensorial. No tiene escapatoria, va con él, lo agobia hasta dejarlo sin aliento. Olor vivo, amante muerto toma experiencias cotidianas y las convierte en punzadas al corazón. Lo desbordan. En lo personal, de gran impacto.

La estructura es muy parecida a la de Y Ramón no dijo nada, en donde una médium recibe una fotografía tomada en un funeral. Esta imagen es el detonante para hablar sobre la historia de Andrés (o Andreita), quien muere sintiéndose culpable por haber contagiado a Ramón (llamémosle así, como lo pide la narradora. ¿O narrador?). Es Ramón quien tiene mucho que contar y lo calla. Ambas historias se cuentan en un monólogo que se cruza con un diálogo forzado por los personajes, que quieren asomarse a la conciencia de los narradores.

También nopal

Jimmy, en Toc toc toc, y Vladimir, en La verdad sobre el caso de Vladimir, acaban con la vida de sus amantes. El primero, un amor oculto de la adolescencia; el segundo, su esposo.

Tocas la puerta de un lugar desconocido. En medio de la penumbra, tus decisiones te llevan al pasado: Toc toc toc nos acerca a una pareja de hombres que se reencuentran, trayendo al presente recuerdos de su adolescencia. Palabras denigrantes que aparecen cuando se habla de homosexualidad (en público) y palabras “sucias” cuando se le habla al homosexual (en privado). Los personajes viven emociones con las que logran hacernos sentir identificados: culpa, vergüenza,  miedo, curiosidad. El desenlace no podría ser otro. Enterrar los recuerdos no es fácil, solo puede hacerse una vez. Jimmy no deja pasar la oportunidad.

Manuel vive una experiencia extrasensorial, parecida a un terror nocturno. Revive. Abre los ojos y está en la morgue para descubir que los experimentos de su esposo están por comprobarse… en él. La verdad sobre el caso de Vladimir nos remite a un tema interesante: el matrimonio entre personas del mismo sexo. Una pareja particular, porque son reconocidos socialmente. La primera pareja de homosexuales se casa en Moscú, decía la noticia. Casados hasta que la muerte los separe. Un poco adelantada, pero muerte al fin. Aunque tiene diecisiete años sin mantenimiento, la fotografía sigue publicada en www.caretasrevista.blogspot.com

Pancha, Raúl, Manuel, Jimmy, el Licenciado Gutiérrez, Andrea, Fidel nos dan luz sobre un camino minado. Atravesarlo tiene consecuencias que no todos estamos dispuestos a aceptar. El ejercicio de la sexualidad sigue siendo un tema que escandaliza y dejamos de lado a la persona que experimenta día a día esta lucha. No debiera ser una batalla de ganar o perder. Debería ser la lucha por encontrarnos y reconocer la propia identidad. Una lucha personal e íntima.

Liliana Contreras

Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.

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