¿Por qué somos como somos?

Por Liliana Contreras Reyes

Cuando veo una marcha, me pregunto qué tienen esas personas que yo no. ¿Qué tiene un artista, que puede durar días y días pintando, o el fotógrafo que vaga por las calles o duerme a la intemperie para conseguir la toma perfecta, que yo no?

Mis arrebatos, por más radicales que sean, terminan en un texto, en muchas horas de sueño, en muchas horas de insomnio también o en una plática con mis amigas, en la que me quejo amargamente de lo que me incomoda.

Conozco personas a quienes les ebullen las emociones ante la injusticia, ante los rumores, ante la simple experiencia de que alguien se mete en la fila, que no pongan direccional. Simple para mí.

Así como la sangre trae ese código genético que nos distingue y que nos transmite la historia familiar, así mismo debe traer consigo esa percepción única de lo que ocurre alrededor, que nos hace interesarnos en un aspecto de la realidad más que en otros. Es una visión única y holística, que, aunque a veces dificulte la comunicación y comprensión con otros, es la que nos mueve a hacer cosas descabelladas, cansadas y locas.

Lo interesante del tema es que, esas visiones o percepciones de la realidad, se complementan, se nutren, se engrandecen. Y es así como puedo estar casada con alguien que es feliz conociendo gente nueva y asistiendo a reuniones aglomeradas, a pesar de que yo me siento segura en grupos pequeños y con pocas amigas. Me siento motivada y eufórica cuando sé que una amiga ha organizado una marcha por los derechos de la mujer. Entrar en casa de una amiga a quien le gusta el diseño de interiores me da tranquilidad. Leer los textos que hablan sobre tauromaquia o literatura Queer me reconforta, sobre todo porque conozco el proceso detrás de ellos. Están quienes resaltan las cosas que están mal y los que llamamos cursis, ¿qué más da? Ambas cosas existen y si no fuera por uno o por otro, las pasaríamos por alto.

No tendré el entusiasmo para ir a tomarle fotos a un bicho que vive en la sierra, pero qué tal para planear una clase, para diseñar un curso o para leer acerca del déficit de atención.

Lo que quiero decir es que cada uno de nosotros tenemos nuestra historia. Cada uno debe luchar por los ideales que considere relevantes.

Cada uno debe aportar a una causa, la justa, la que le dé satisfacción, motivos y esperanza. Tal vez así, reconociendo y respetando lo que somos, podamos construir algo mejor.

Algunos caminando por las calles, otros escribiendo, otros más educando a sus hijos dentro del hogar. Cada uno siendo y explotando lo que se es.

 

Liliana Contreras

Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.

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