Escuela en casa: de la idea a la realidad

Desde que mi hija cursaba los primeros años de preescolar, la idea surgió en mi cabeza, sin embargo, mi esposo no estaba muy convencido de hacerlo, le preocupaba (como a muchos) la “socialización”. No sabía si en verdad era conveniente hacerlo. Así que nos dimos a la tarea de investigar en qué consistía realmente hacer escuela en casa y gracias a esta investigación nos convencimos por completo de que esto era lo que queríamos para ella y para nosotros.

Tengo muchas razones que sustentan tal decisión, tantas teorías psicológicas, educativas, sentimientos, sentido común y testimonios de otras madres. Hay muchas familias que lo practican y cada una de ellas tiene sus propias razones que las motivaron, invitaron e incluso orillaron a educar en casa. Algunas lo hacen por tener la seguridad de que sus hijos reciban una educación de calidad, hay quienes lo hacen por motivos religiosos, algunas otras debido a que viajan mucho, por miedo, por proteger a sus hijos del bullying, por que poseen una conciencia distinta al del resto de la sociedad, por tomar las riendas de la educación de sus críos, porque desean estar junto a sus hijos, o por varias de las anteriores juntas.

Razones para estudiar en casa.

En nuestro caso, la lista de razones es un tanto amplia, así que mencionaré las principales razones que nos llevaron a que la idea de educar en casa sea hoy una realidad:

A pesar de que yo trabajaba en la misma escuela donde mi hija estudiaba, y compartíamos en familia todas las tardes, fines de semana y vacaciones, siempre sentíamos, y hablo por los 3, la necesidad de estar más tiempo juntos haciendo las cosas que nos gustan. Había días en que corríamos desde las 6:20 am. entre voces que decían “corre, se nos hace tarde”, “termina pronto de almorzar”, “llegamos tarde…” y al dar las 7:00 pm., el tiempo había terminado y no habíamos jugado lo suficiente, caminado lo suficiente, soñado lo suficiente, inventado lo suficiente, platicado lo suficiente, ni leído el cuento que queríamos. QUEREMOS TRANQUILIDAD Y QUIETUD, no sólo física, sino emocional e intelectual, tiempo de ocio para pensar y crear.
Esto lo entendí el día en que mi pequeña hija me dijo “mami, es que siempre quieres que haga todo muy rápido”. Y tenía razón, necesitábamos vivir a la velocidad en la que un niño vive.

En un momento, los intereses de mi hija ya iban desfasados de los contenidos que estudiaban en su escuela. Por ejemplo: en la escuela, hablaban sobre “restas de transformación”, cosa que a mi hija no le interesaba. Sin embargo, en casa mostraba un gran interés por aprender a multiplicar y a entender el concepto de porcentaje, así que, era una niña de primaria que no sabía restar, pero que sabía multiplicar, aunque eso no le fuera tomado en cuenta para un examen.
Nos dio miedo pensar que nuestra pequeña tendría que aprender lo que otros dicen que tiene que aprender, leería lo que otros dicen que debe leer, ocuparía un molde que no era de su medida. Si queríamos que su aprendizaje fuera lo más significativo posible, tendríamos que dejar que el interés por aprender surgiera de su interior y no del exterior (maestros, programas, familia, papás, etc…

Haciendo equipo

Creemos firmemente que la responsabilidad de educar a un hijo es totalmente de los padres, y queremos tomarla por completo, con todo lo que esto implique. El camino, seguramente no es sencillo, aquí no hay a quién culpar, no cabe la típica frase “la maestra no le enseña bien” o “la escuela no sirve”. Toda la responsabilidad recae sobre nosotros, sus padres, así que es un trabajo de consciencia y libertad para ir guiando sus aprendizajes a la vez que observamos sus intereses.

Deseamos que nuestra hija juegue, corra, aprenda con el entusiasmo característico de un niño.

Porque no sé en qué momento la escuela (como la conocemos) se volvió tan importante, más que la familia, más que viajar, más que vivir y queremos hacerle ver, que la familia está primero en la lista de prioridades.

Confiamos ciegamente en que los aprendizajes que ella adquiera, serán totalmente significativos y llenos de emociones y valor. No sé si aprenderá más o si aprenderá menos, pero estoy segura que no aprenderá sólo por aprender. Serán aprendizajes que necesita, que desea, que van ligados a sus emociones y por lo tanto que le permitirán vivir con más pasión.

Por el placer de verla crecer, aprender y vivir de la manera más natural posible en su propio hábitat.

La lista puede continuar, sin embargo, todo se resume a esto: lo hacemos por amor, lo hacemos por ética, lo hacemos por responsabilidad, porque queremos cambiar el mundo, porque lo necesitamos. ¡Lo hacemos simplemente porque no queremos perdernos de nada!

Paloma Castillo

Educadora y Co-fundadora de Matatena A. C. Asesora de porteo y amante de la danza.

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