Educación alternativa, educación con amor.

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Por Kayomi Castillo

“El amor, es una serie de decisiones que te permiten ofrecer el mejor acto de tu mejor potencia dirigido a lograr el mejor bien integral de la persona que mejor aprecias.”
-Juan Bosco Abascal-

Es muy común escuchar, leer y hablar acerca del amor, muchos lo analizan, lo estudian, experimentan con él, pero no todos lo viven y descubren su verdadero significado.

En mi caso, he intentado con gran concentración, vivir en el amor, este amor que me invita a tomar decisiones en pro de los que amo. Mi amor no se resume a palabras lindas, abrazos, besos u obsequios. Mi amor va más allá, mi amor se esfuerza día a día por ser incondicional (a conciencia), involucra mis hábitos, mis rutinas, mis costumbres, mis acciones, mis palabras e incluso mis sentimientos y emociones.

La maternidad ha traído a mí una opción más para amar. A través de la maternidad pude aprender a amar de esta forma tan natural, tan pura y única. Desde que supe que estaba embarazada, la cadena de decisiones y sacrificios comenzó. Sí, eso dije, “sacrificios”, esta palabra que en la boca de muchos se ha tornado sumisa y que erróneamente se ha ligado única y exclusivamente con el sufrimiento. Sin embargo, la palabra sacrificio proviene del latín sacrum facere, que significa: hacer algo sagrado mediante un acto. Tomando esto en cuenta, en casa, la maternidad y el amor han implicado muchos sacrificios.

Les cuento que en casa hemos hecho sagrado el tiempo de sueño solo por el gusto de amamantar a nuestra hija. Hemos hecho sagrado el dolor por la maravilla de parir en casa y vivir el nacimiento de nuestra hija de forma natural. Hemos hecho sagrada la alimentación, el trabajo, el hogar y así día a día convertimos en sagradas las cosas más comunes, todo por amor.

El amor verdadero es muy simple, amar a alguien es casi inercia, está en nuestra naturaleza. El verdadero reto es: hacer sentir amada a la otra persona.

Durante mi paso por esta vida, sobre todo en el ámbito escolar como maestra de kínder, pude confirmar que, efectivamente, todos los padres aman a sus hijos (sin excepción) pero existe una diferencia abismal entre aquellos niños que se sienten amados y aquellos que solo saben que son amados. Para que un niño se sienta amado, necesita 3 cosas básicas:

Caricias

Constantes, incondicionales, es decir, no sólo cuando hace algo bien o es un día especial, ni cuando está “portándose bien” sino, cuando está enojado, cuando está angustiado, eufórico, cuando siente ira, coraje. En ese momento en que deseamos que se aleje a llorar o a gritar es mejor abrazarlo y hacerle saber que lo amas a él a pesar de cualquier cosa. Las caricias van dirigidas hacia la esencia del ser.

Tiempo

Tiempo para jugar, mucho tiempo para jugar, tiempo de intimidad con su familia, tiempo a solas con sus padres, tiempo de calidad. Tiempo en el que los papás no estemos cocinando, platicando, revisando nuestro celular, tiempo de convivencia a conciencia.

Reconocimiento

El reconocimiento va dirigido hacia la acción del ser. Es importante hablarles a nuestros hijos, hacerles ver lo que hacen bien, no recalcar lo malo sino hacer notar lo bueno de sus acciones. Con palabras certeras, concienzudas, no solo con un “qué bonito” o “qué padre” sino siendo claros con lo que queremos hacer notar.

Es por eso que estudiar en casa se acerca más a mis ideales, porque me permite estar muy cerquita de mi hija, cuidar no solo su cuerpo y su mente, también su alma. Me permite tomarme el tiempo para asegurarme de que se sienta acompañada y amada.

Texto incluido en NES Ed.2 AMAR

Paloma Castillo

Educadora y Co-fundadora de Matatena A. C. Asesora de porteo y amante de la danza.

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