VERÓNICA Y LAS FINANZAS DE LA CASA

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Por Ana Cortés

Si nunca has hecho una proyección de entradas y salidas de tu casa, toma el lápiz el día de hoy y hazlo.

Conocí a Verónica cuando ella y su esposo tenían 13 años de casados y 2 hijos. Cuando quedó embarazada por primera vez, juntos decidieron que ella se quedaría en casa a cuidar a los hijos y él doblaría esfuerzos por mantenerlos a ellos.

Ella, empezó a cortar gastos, dejó de ir a pintarse el pelo y de cuidarse, para así cuidar el dinero que ganaba su esposo. Tuvieron su primer hijo y todo era súper emocionante; aunque él era muy demandante y no le gustaba ni escuchar a su hijo llorar. Ella buscaba todas las formas posibles de mantener la casa limpia, al bebé oliendo rico para cuando él llegara, la cena lista, etc. En lo único que no pensaba era en su peso, en su forma de vestir o en cómo se veía.

Cinco meses después de que nació el primero, Verónica estaba embarazada de nueva cuenta y abandonó la idea de regresar a trabajar. Pasaron diez años y como era de esperarse, ya no sabía nada del mundo laboral, se dedicaba cien por ciento a la casa y a ser “chofer” (como ella le llamaba). Todo parecía normal. Ella vino a uno de mis entrenamientos acompañando a su hermana emprendedora. Sandra era totalmente diferente a ella, abierta, extrovertida y divorciada. Como a todas las mujeres que se acercan a mis entrenamientos, le pregunté qué sucedería si un día un “ovni” y se llevara a su esposo (por no ponerle el nombre de María o Andrea al mentado ovni). Le encargué de tarea hacer un plan financiero y trabajar en la idea de que, si su esposo faltara por alguna razón, cómo enfrentaría ella las responsabilidades y la nueva etapa de su vida. Según las estadísticas, la calidad de vida del varón baja en un 10% después del divorcio, mientras la calidad de vida de la mujer (quien normalmente se queda con los hijos) baja en un 75%. Es por eso que me parece súper importante que casadas o solteras, felices o infelices en sus relaciones, las mujeres entendamos que tener educación financiera y entender los negocios, no es una traición al esposo, es un acto de amor incondicional hacia nosotras mismas.

Problemas y finanzas

Aquel sábado, Verónica se dio cuenta que no sabía absolutamente nada de los gastos de su casa ya que su esposo pagaba todo y ella sólo cuidaba a sus hijos y a su esposo. Cuando llegó a casa, empezó a preguntarle todo esto a su esposo, el cual contestó iracundo, que no entendía por qué tendría que saber de todos los gastos, al fin de cuentas ella no entendía nada de eso, ni producía un peso. Eso la hizo sentir inútil, y provocó que discutieran muy fuerte. Pasó de estarle rogando que le explicara por qué deseaba aprender, a terminar durmiendo cada quien en camas separadas. Ella lloró mucho al sentirse ignorante, usada, cuestionándose qué había hecho de su vida. Él, enojado, refunfuñando consigo mismo, preguntándose si ya no era un buen proveedor.

A pesar de esto, Verónica a las 7 de la mañana del día siguiente ya estaba lista para continuar con el entrenamiento. No hubo ni beso de despedida, ni la llevaron al lugar. Llegó al salón con la cara hinchada y el corazón en la mano. Me acerqué y le pregunté cómo estaba, inmediatamente rodaron las lágrimas por sus mejillas. Empezó a relatarme la trágica noche que había pasado. La abracé y le hice entender, que muchas veces los hombres no están ocultando nada, ni controlando nada, sólo se sienten amenazados, ya que ese es su “reino” (al menos así se los hicieron creer). Al cuestionarlos, ellos sienten que se está cuestionando su rol, y ellos mismos se cuestionan su hombría. Al parecer lo entendió y dijo estar lista para aprender más.
Al medio día su esposo ya le había mandado un mensaje pidiéndole disculpas, diciéndole que le explicaría todo lo que quería saber, que sólo se había “sacado de onda” porque ella nunca había cuestionado absolutamente nada de esos temas. Que le parecía muy extraño que justo ahora que estaba tomando estos cursos tuviera tanta prisa por aprender. Ella me contó esto, y sólo le dije que le respondiera que lo amaba y honraba el trabajo que había hecho por su familia todos estos años, que ella sólo deseaba ayudar.

Después del curso, muchos meses después, me contactó Verónica de nuevo. Ella y su esposo, habían tenido más problemas porque él sólo quería compartirle una parte de la información que ella deseaba conocer. Verónica había entrado a trabajar en una compañía de redes de mercadeo, y también comenzó a vender por catálogo, para así poder crear ganancias de capital que, como su nombre lo indica, son para capitalizarse. Comenzó a ahorrar. Reunía a sus amigas, platicaban de los niños, de las cosas normales y después entraba en “modo” empresaria y vendía. Veía mis videos en YouTube, leía libros que antes ni sabía que existían. Pero lo más importante fue que empezó a creer en un padre todopoderoso, Creador de todo lo que es, que estaba dispuesto a darle todo lo que ella deseara, si se permitía recibirlo.

Llegando a un acuerdo

Con el tiempo las discusiones acabaron, él empezó a contarle más y poco a poco ella aportaba en momentos de escasez en el hogar. Su marido dejó de sentir rivalidad, y logró verla como un apoyo. Sentirse apoyada por él la hacía sentirse más fuerte. Aunque al principio pensó que ella quería aprender a hacer negocios para irse de casa, y eso lo angustió mucho, por eso la rechazaba. Finalmente, un día se lo confesó, Verónica lo entendió e hizo su parte para que él tuviera la tranquilidad de que no se trataba de eso. Cuando volví a verla, hablaba distinto, se notaba en ella un verdadero cambio, era más abierta, más segura de sí, me hizo preguntas muy específicas sobre finanzas personales, sobre cómo invertir, a mí me encantó verla brillar tanto.

Muchas de nosotras jamás hemos tomado en serio nuestras finanzas y mucho menos hemos tomado la responsabilidad de desarrollar nuestros dones y talentos. Esperando que nuestras hijas si lo hagan, sin ver el ejemplo y por supuesto esperamos que nuestros hijos no sean unos machos, a pesar de que nos han visto agachar la cabeza mil veces frente a su padre o frente a nuestra pareja. Las cosas no funcionan así.

Haz un listado de todos los ingresos, de todos los egresos, y asegúrate de que no te falte nada. Ahí estará en blanco y negro tu vida financiera. Si estás en positivo, tus ingresos son más que tus egresos y ¡felicidades!, estás dentro de un porcentaje muy pequeño en Latinoamérica. Si estás en números rojos, ¡ánimo!, te toca ponerte a desarrollar tus dones y talentos para generar más ingresos.

Verónica no es una inútil, ni su esposo un machista, ellos son el vivo ejemplo de millones de parejas que simplemente viven los programas familiares y sociales de nuestro continente. Nos corresponde hacer un alto y observarnos, preguntarnos por qué hago las cosas de tal o cual manera, y decidir si deseo seguir haciéndolo así.

Todas podemos vivir en plenitud, y la plenitud incluye sentirte productiva. Que lo que tú haces, vale.

Y recuerda, en la abundancia no hay pérdida.

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