El verdadero amor

amor verdadero
Por Valeria González

No voy a hablar del amor de las telenovelas, las películas o de lo culturalmente entendido por amor. Ese trato entre las personas para hacerse felices y que tienen que cumplir de lo contrario se disuelve el contrato ya sea físico o mental.

¿Qué es el amor? Bueno, no podría definirlo porque apenas estoy vislumbrando destellos de lo que es realmente el amor y entre más veo más me doy cuenta de lo poderosísimo que es, que soy, que somos.

Antes creía saberlo, el amor para mí estaba fuertemente ligado a la idea del sacrificio. Me tengo y te tienes que sacrificar por amor.

Dejar atrás la necesidad de sacrificarse es dejar atrás el miedo y la culpa, ¡y te libera! No solo a ti sino a todos los que te rodean los libera de ti mismo.

La idea del sacrificio está tan arraigada en nuestro sistema de pensamiento, que la idea de salvación sin tener que hacer algo para conseguirla suena imposible. Confundimos el amor con el sacrificio tanto que nos resulta imposible ver al amor separado del sacrificio. De ahí el miedo profundo al amor. Las diferentes formas que le damos a esto son infinitas, el ego es muy creativo con eso, pero el fondo es el mismo, miedo.

Tengo miedo a no ser amada, a no ser perfecta, y me sacrifico por ti, hago cosas para ti que me cuestan, para agradarte, para “hacerte feliz”, para ser merecedora de tu amor y hagas lo mismo por mi. Pero el precio que se tiene que pagar por eso es muuuy grande. Qué pasa si de pronto no te portas como yo espero, o si un día ya no eres tan “buena onda” conmigo, qué sucede si un día dices algo fuera de lo que yo creo que deberías pensar o decir, es ahí en donde te crucifico. Aparentemente el pago lo hizo la otra persona, pero el precio de todo esto lo pagamos nosotros, los que creemos que no hay amor sin sacrificio porque después de atacar o exigirle sacrificio (no importa si lo hago en persona o solo mentalmente) a quien “traicionó mi confianza” entonces viene la culpa y la culpa tiene que pagarse con más miedo, y seguirás sin experimentar el amor verdadero porque el miedo que lo nubla es enorme. Si experimentas decepción en una relación, entonces no es amor.

Si puedo ver esto, si logro ver esta jugarreta del ego, perderá fuerza y se irá haciendo cada vez más chico y viviré el gozo indescriptible de experimentar el amor, el amor verdadero sin condiciones, pero de verdad, aceptación total.

Apenas el año pasado comprendí lo que dijo Jesús: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Antes pensaba que era una especie de mandamiento, hoy lo entiendo como ley. No hay manera en que ame a los demás, si no me amo a mi misma. No puedo amarme completamente si no amo completamente a los demás. No puedo dar lo que “creo” que no tengo. Pongo entre comillas el creo, porque al final de cuentas lo tenemos, soy amor, eres amor, pero hay tanto miedo que nos impide verlo.

El trabajo aquí no es ponerle más peso a mi consciencia, más bien, es quitarle las barrares de miedo y creencias limitantes para que pueda recordar la experiencia de amor perfecto que está en todos nosotros.

Cuando en mi voluntad estaba solo ese deseo, entonces y solo entonces todas mis relaciones y, especialmente la de mi pareja, se convirtieron en medios de aprendizaje del amor. El compromiso es solamente elegir cómo quiero ver determinada situación en mis relaciones, bajo los lentes de mis creencias, que he hecho en el pasado, del personaje que mi ego cree ser o me permito ver con los ojos del espíritu. Y me he dado cuenta, con rigurosidad científica, que cada vez que logro ver a quien tengo en frente, como un hermano, como lo vería el espíritu: totalmente inocente, amado, completo. Es ahí, en donde voy quitándome las barreras internas que me impiden ver el amor que ya está dentro de mi. Y la experiencia es gozosa.

Cuando de plano me gancho (me siento ofendida, traicionada, celosa), veo la oportunidad que me da mi hermano, para hacer consciente aquello que estaba muy metido en mi subconsciente para verlo y perdonarlo. Y ahí va, otra barrera que se va derrumbando.

Es a través del hijo de Dios que se llega al Padre, es a través del hijo de Dios que se llega al Amor Perfecto. Aclarando que el hijo de Dios somos todos como uno solo, sin excluir a nadie, ni a Donald Trump ni a Peña Nieto. Y entre a más hermanos incluya como hijos amados y perfectos de Dios, más y más barreras van a ir desapareciendo de mi consciencia. Ahí la llevo, hay personas que me cuestan más trabajo que otras pero ahora comprendo que más bien hay cosas de mi que me es más difícil aceptar y perdonar. Pero este camino, les aseguro que es gozoso.

Texto incluido en NES Ed.2 AMAR

Valeria Gonzalez

Valeria González, esposa y mamá de una niña y un niño. Estudió Ciencias de la Comunicación, aunque profesionalmente se ha dedicado a la industria restaurantera. Actualmente se siente feliz siendo ama de casa ya que solo dedica unas horas a la semana a los restaurantes. Inicia su búsqueda o madurez espiritual con Yoga kundalini y más tarde y desde hace casi 4 años con Un Curso de Milagros y ahí dejo de buscar más no de aprender.

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