Ejercitándonos en el amor

ejercitarte en el amor

Cuando decidimos amar, cada obstáculo, es una oportunidad de ejercitarte en el amor.

Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer por algún ser humano debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por ahí”. Desde que escuché por primera vez esta frase de la Madre Teresa de Calcuta, retumbó en mi cabeza y en mi corazón y me hizo reflexionar en que las personas a las que más admiro son aquellas que han mostrado al mundo “el amor” y que a través de este valor han trascendido en las vidas de los que les rodean. Es por ello que Maslow, ubica el amor y los afectos en el tercer nivel de su pirámide, como necesidades básicas que deben cubrirse primero para poder trascender. Si no tenemos lo suficiente, se nos presenta como una carencia y una necesidad. Pero conforme se satisfacen los requerimientos básicos, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más elevados. A éstas las llama: necesidades del ser, donde se ubica la autorrealización.

En un discurso ante jóvenes universitarios, un exitoso empresario concluyó mencionando que “Lo que más vale en la vida, no cuesta y vale mucho: el amor y la amistad. Porque al final nos vamos sin nada, solo dejamos nuestras obras, familia y amigos”. Una conclusión contundente, sobretodo en el mundo competitivo en que vivimos, donde cada ser humano tiene un concepto diferente de por qué vale la pena luchar verdaderamente. Unos creen que lo importante son los títulos académicos o la sangre heredada; las dimensiones de sus casas o la cantidad de carros en la cochera; si se tiene un buen puesto o si se ejerce el poder; la marca de la ropa e inclusive si es atractivo. Pero hablando de trascender en el amor, que no es más gratificante contabilizar a cuánta gente amamos, cuántos te sonríen y si te recuerdan cuando te vas. El éxito personal debería referirse a la cantidad de gente que ayudo, a cuánta evito dañar y si guardo rencores en mi corazón. Se trata de si mis logros no lastiman a mis semejantes y de usar sí, la cabeza, pero también el corazón.

Todo esto más el amor, tiene que ver con un estado interior del ser humano y de todo aquello que nosotros mismos generemos, incluyendo nuestros pensamientos y actitudes. Entonces ejercitémonos para que sea un hábito amar a los que tenemos cerca o lejos, a los conocidos y a los desconocidos, a los que lo merecen y a los que no, a TODOS.

Una sonrisa, un apretón de manos, un “te quiero”, un “me perdonas”, un “te acompaño”, una caminata, un silencio, un aplauso, un abrazo, una llamada, una nota, un té caliente, una noche en vela, un “te lo presto”, un regalo, un “te llevo”, un “te escucho”, una sorpresa, una cita, una tarde de lluvia, una frazada, una oración, una camisa planchada, una flor, una visita.

Las oportunidades ahí están, como aparatos en un gimnasio, te ejercitas físicamente cuando estás convencido de que quieres verte y sentirte mejor, superando la flojera, el cansancio, los antojos, el tiempo, los recursos económicos, etc. De la misma manera, cuando decidimos amar, no importan los obstáculos, al contrario, cada obstáculo, es una oportunidad de ejercitarte en el amor, porque al igual que en el ejercicio, “ama hasta que duela, si duele es buena señal” (Madre Teresa de Calcuta).

Texto incluido en NES Ed.2 AMAR

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