Por una maternidad libre y responsable

Por Amanda Castillo

Por lo regular, asociamos la maternidad con una “virtud” que le ha sido concedida a las mujeres, algo inigualable que nos permite sentirnos mejores, que le da razón a nuestra existencia y que es lo que nos hace estar por encima de otros seres humanos. Esta conceptualización arraigada en nuestra cultura, a veces no nos permite ver otros aspectos de lo que implica ser mujer.

Si bien es cierto que ser madre es un gran momento, también debemos considerar que no es un acto que deba ser forzado, ni es del gusto de todas las mujeres. Parte del cambio cultural que se requiere en nuestra sociedad para cerrar la brecha de desigualdad entre mujeres y hombres, es ir deshaciendo esos estereotipos que rodean a la maternidad.

Es común que en el círculo social o familiar en el que nos desenvolvemos, las mujeres sean duramente juzgadas por su forma de llevar la maternidad o de evadirla. Hasta cierto punto, se puede llegar a pensar que una mujer no está completa si no ha pasado por la reproducción, no importa si su vida laboral, amorosa o social es plena, se les estigmatiza con la creencia de que, en realidad no puede ser completamente feliz porque no ha procreado. Esta presión social, puede llevar a muchas mujeres a concebir no porque así lo desee, sino porque así se lo demanda su rol social. Ninguna mujer debería ser madre sin quererlo, no solo por nosotras las mujeres, sino por los efectos que esto puede traer en sus hijos e hijas. Es decir, este estereotipo negativo de que las mujeres forzosamente deben reproducirse para ser verdaderamente mujeres, afecta a la sociedad en su conjunto.

Quizá a algunas mujeres, la maternidad les dé plenitud, pero no podemos creer que ese es un pensamiento generalizado. Quizá sea la razón de existir de muchas otras mujeres, pero no es necesariamente la de todas, sean madres o no. Una mujer puede tener muchos motivos para ser feliz, para sentirse plena, ser madre quizá solo sea uno o quizá no sea ni siquiera opción.

Hagamos un ejercicio, como mujeres, a nuestro interior, y pensemos en la cantidad de veces que hemos juzgado a una mujer por no querer ser madre; que la hemos tachado de mala persona porque prefiere su vida laboral o social a una vida en familia; que hemos criticado a una madre que trabaja todo el día y se ve en la necesidad de dejar a sus hijos e hijas al cuidado de alguien más; que hemos sentido lástima por una mujer sin hijos, asumiendo categóricamente que es porque no puede, sin considerar que quizá no quiera. Detengámonos en la cantidad de veces que le hemos preguntado a una mujer ¿para cuándo piensa tener hijos? Y después aludir a su edad.

En lo personal, me da una felicidad inmensa ser madre, pero eso no me da el derecho a pensar que todas las mujeres deberían serlo, ni que todas las mujeres deberían cuidar y educar de determinada forma a sus hijos e hijas. Si vamos eliminando estos prejuicios y estos estereotipos, poco a poco iremos avanzando hacia la toma libre y responsable de la compleja decisión que es la maternidad. Estaremos dando un paso más, si un día la maternidad se convierte en una decisión plena, consciente, informada y, sobre todo, libre.

Artículo de la edición impresa

Amanda Castillo

Licenciada en Derecho y mamá. Articulista en distintos medios de comunicación. Ha sido conductora de varios programas de radio para mujeres. Actualmente es secretaria técnica de la Secretaría de las Mujeres de Coahuila.

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