¿Perdón y olvido?

Si en verdad queremos amar, tenemos que empezar a perdonar.
-Madre Teresa de Calcuta

Por Liliana Mendoza

Hace un par de meses vi una película que me sorprendió de sobremanera y me dio una lección enorme sobre un tema con el cual batallo: el perdón.

La película se llama Philomena, y realmente su tema principal no es el perdón, trata de una mujer que tuvo un hijo a los 15 años y fue dado en adopción. Ella, Philomena paso toda su vida deseando ver a su hijo y pensando si alguna vez el intentó buscarla. Después de una serie de descubrimientos y de un recuento de daños que le hicieron, ella decidió perdonar, decidió quitar esa carga en su vida y vivir los años que le quedaban en paz. En una reconciliación con su pasado.

¿Sabías que 50% de la felicidad depende de la genética, 10% de las circunstancias que nos ocurran y 40% depende de lo que podamos hacer nosotros mismos por ser felices?

El saber agradecer y perdonar son temas claves para la felicidad. Este es un tema con el cual batallo mucho y precisamente como es mi “coco”, hoy decidí hablar. Muchas veces tenemos el conocimiento teórico y sabemos cómo funcionan estos términos, pero el aplicarlo es sumamente difícil.

A todos en algún momento de nuestras vidas nos han dañado o hemos hecho daño pero ¿cómo reaccionas cuando alguien te hace daño?, ¿eres capaz de perdonar aquella agresión que te hicieron en el pasado o aun la revives y la resientes?

Perdonar no es negar ni olvidar, no es minimizar o excusar la falta. Es entender que hay otras opciones diferentes a mantener el resentimiento y dolor que nos provoca el daño causado. Es un proceso difícil que nos llevará un tiempo, en el que la empatía actuará como facilitador. Perdonar no significa reconciliarte con la persona que te hizo daño ni tampoco es sinónimo de condicionarlo hasta que la otra persona muestre arrepentimiento, quizá eso nunca llegue a suceder.

El mayor beneficio del perdón es la liberación, es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. No liberamos al otro, nos liberamos del resentimiento, de ese “hacer presente” el pasado, de revivir una y otra vez el dolor del pasado.

Gracias al perdón empezamos a construir una concepción del mundo como un sitio menos hostil y mejora nuestro auto concepto.

Perdonar es soltar la rabia y el rencor y los deseos de venganza, la compasión ayuda a entender (no justificar) a la persona que te hizo daño. Independientemente de lo que la otra persona haga o no haga.

Perdonar es una decisión personal que nos permite vivir sin tantas cargas y pendientes, en donde cada quien controla sus propias decisiones. Como casi todos los aspectos en nuestras vidas es un trabajo totalmente personal, te puedo asegurar que yo día con día trabajo en perdonar y no solo por mi, sino por mi hijo, siempre tengo presente que mi niño no necesita estar en un ambiente donde el rencor y odio este presente, no es justo para ninguno de los dos.

Te invito a que hagamos un trabajo conjunto y veamos los resultados al ir perdonando, poco a poco, ir llevando el proceso del perdón a consciencia, al finalizar, estoy segura que nuestras vidas cambiarán completamente.

Liliana Mendoza

Mamá de Diego, Maestría en Administración de Instituciones Educativas, trabajo en el sector público, me apasiona leer y aprender sobre mujeres. Ahora aprendo a ser mamá.

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