¿Las relaciones dan felicidad?

Por Dona Wiseman

“El propósito del desarrollo es encontrar el camino de regreso a la unidad original. En el plano terrenal, un aspecto específico del desarrollo es la unión entre el hombre y la mujer. Por lo tanto, la unión de los sexos tiene un significado más profundo que la mera procreación. En la relación entre los sexos pueden superarse y aprenderse muchas cosas; el desarrollo puede proceder mucho mejor que de cualquier otra manera. El amor, encendido por el eros y el impulso sexual, puede florecer más fácilmente que en otras relaciones… ¡y el amor siempre es el objetivo fundamental! Pero la relación entre los sexos también ofrece más obstáculos y fricción que cualquier otra relación, porque las emociones personales intervienen más. Por lo tanto, la objetividad y el desapego están ausentes en mayor medida que en otras relaciones humanas. De ahí que el matrimonio sea, por una parte, la más difícil de todas las relaciones, pero, por la otra, la más fructífera, la más importante y la más dichosa.”

Esta cita es de una de las conferencias del Guía que dictó Eva Pierrakos entre 1957 y 1979. El lenguaje de esta cita es exclusiva (producto de su época), o parece serlo. Me gustaría que lo leyéramos en el espíritu de la frase de Eckhart Tolle, frase que realmente ha sido el disparador de mis pensamientos de hoy.

En mi trabajo oigo vez tras vez a personas que dejan a su pareja porque “ya no me hace feliz”. Hace muchos años un hombre me dijo que deseaba pasar el resto de su vida “haciéndome feliz”. Circula la idea, desde el concepto de amor romántico, que tenemos el deber de hacer feliz al otro y el derecho de que otro nos haga feliz a nosotros.

Estoy tentada a simplemente declarar que eso no es ni cierto ni posible y dejar mis comentarios así. Pero no lo haré. La idea de que alguien más puede “hacer” que yo sea o haga algo es errónea y elimina toda posibilidad de libertad para mí. Y hablo de cosas “buenas y malas”. La libertad implica que yo soy la única responsable de mi mundo interno, de mis decisiones, de mi actitud ante la vida, de la búsqueda propia de satisfacción y plenitud (mis propios sinónimos para la felicidad). El estado interno que vivo yo es una decisión propia que no puede ser determinado por otro.

No estoy diciendo que otro/s no contribuyen a mi vida. Anoche un amigo se puso mal. Él tiene cáncer, un cáncer que no se curará. Ayer por una complicación de una infección de oídos nos dio un susto a más de uno. Yo me asusté. ¿Él me asustó? No. El susto, mi reacción, mis lágrimas, mi preocupación son míos. En el momento en que recibí el aviso, otro amigo estaba conmigo en casa. Me acompañó hasta que me tranquilicé. Hablamos. Me dio su opinión. Cantamos un rato. Tomamos un café. ¿Me tranquilizó él? No. Me acompañó en mi proceso de tranquilizarme. Y estoy sumamente agradecida.

Así es en todas nuestras relaciones, particularmente la de pareja. Nos acompañamos. Y si tenemos mucha suerte y realmente hay amor de por medio, nos retamos. Y nos retamos mucho. El reto viene porque yo me veo reflejada en el otro, y no veo reflejado solo lo que me gusta de mí. Me veo reflejada en ese espejo que conforme transcurre la relación, si hemos hecho cada uno nuestro trabajo de proceso personal, se vuelve más y más limpio y transparente. Los retos que me presenta el otro son mis propios retos.

Ahora cuando tengo un conflicto con alguien, con una pareja por ejemplo, volteo y me miro directamente en el espejo, a mis propios ojos, y me pregunto, ¿qué me está sucediendo a mí? ¿Cuáles de mis expectativas no se están viendo satisfechas? ¿Qué pasa con esas expectativas? ¿Hay alguna necesidad real que no estoy yo satisfaciendo? ¿Qué necesito hacer para no aventarle al otro la responsabilidad de satisfacer mis necesidades? ¿Puedo ver a la persona que tengo frente a mí, o solo veo lo que yo deseo que esa persona sea? ¿Estoy dispuesta a aceptar el reto de estar conmigo misma a través de una relación?

Dejo por aquí otra invitación abierta.

 

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Dona Wiseman

Psicoterapeuta, poeta, traductora y actriz. Maestra de inglés por casualidad del destino. Poeta como resultado del proceso personal que libera al ser. Madre de 4, abuela de 5. La vida sigue.

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