Reconstruyendo el matrimonio

Después del segundo hijo.

Por Liliana Contreras Reyes

 

Este año cumplo diez años de casada. Sin embargo, -y a pesar del significado que tiene el décimo aniversario, como bodas de estaño-, no es eso lo que hace de este 2018 un momento importante para nuestra vida en pareja. Lo es el haber recibido a nuestro segundo hijo hace algunos meses y sentir la necesidad de “reconstruir”, “reacordar”, “rehacer” la vida que hemos compartido hace ya más de tres mil días.

Hay, en nuestra historia, cuatro cambios de casa (diecisiete si contamos los de soltera), tres de carro, dos de trabajo. Ha habido momentos en que uno u otro ha estado desempleado u ocupado estudiando la maestría. Hemos estado ausentes por cuestiones laborales o profesionales. Amigos han llegado y otros se han ido para no volver. Hemos compartido tiempos complicados, como la pérdida de tres bebés, el quedarnos sin dinero por alguna decisión descabellada o el aceptar que yo coma galletas en la cama o que él fume por toda la casa. Momentos en que ha flaqueado el amor, en los que lo cotidiano lo ha consumido temporalmente, frente a otros en que nos sentimos totalmente plenos y hasta eufóricos.

Lo que quiero decir es que no han sido años color de rosa. Nuestra historia de amor y desamor, de aventuras y costumbre, ha sido siempre un sube y baja desde aquel primer momento en que nos conocimos en el Carlos and Charles. Supimos en ese lugar que éramos blanco y negro y, aun así, después de 16 años, seguimos juntos. Con su dosis de pasión, pero también con la de monotonía; ratos en que queremos consumirnos en un abrazo y noches de molestia en que no queremos ni rozarnos el pie.

Este aniversario, sin embargo, tendrá cierta peculiaridad. Tras ocho meses del nacimiento de nuestro segundo hijo, no hemos logrado “reencontrarnos”. Son tantas las cosas que hacer en el día a día, que, cuando acordamos, estamos tan lejos el uno del otro, exhaustos e impacientes.

Es media noche y apenas logró Nicolás conciliar el sueño. A esa hora, disponemos de dos minutos para platicar algo, antes de que despierte y llore nuevamente o pida su biberón de madrugada. Resulta injusto que cuando mi esposo vuelve a casa, después de uno o varios días de trabajo, nos encuentre en nuestro peor momento del día: en pijama, fastidiados, discutiendo la hora de dormir o si ChuyCarlos aún puede ver un capítulo de Paw Patrol, sin cena lista, con trabajo por hacer. Uno pensando en los pendientes para el siguiente día, el otro esperando ser recibido, al menos, con una taza de café y algunas buenas noticias.

A pesar de todo, seguimos aquí. Esperando. Tratando de recuperar el aliento. Haciendo un espacio de adultos en medio del caos de los hotwheels, sirviéndonos un vino a las 2 de la mañana, durmiendo poco para aprovechar el sueño de nuestros hijos y ponernos al corriente, llorando de frustración porque todo resulta tan abrumador y tan simple a la vez, que podemos reír en medio de las lágrimas. Buscando la forma de reconstruirnos como pareja, de perdonarnos, aceptarnos y retomar el aliento para dar el siguiente paso, un paso más arriba, un nuevo intento de ser nosotros. ¿Cómo? De la única forma que se me ocurre: por decisión.

Quisiera darles diez pasos para reinventar la relación de pareja, pero solo sé uno: el amor. Lo concibo como el único camino que nos da la fortaleza y la esperanza para continuar, para hacer las cosas de forma diferente, para intentarlo una vez más. Amor a uno mismo, pero, sobre todo, el amor incondicional hacia esa persona que elegimos para vivir la vida en compañía. Si pensamos y decidimos a través de él, todo, seguro, tendrá solución. Todo, seguro, volverá a su equilibrio. Quizá en 4 meses, que Nicolás cumpla un año y pueda decirnos qué necesita; quizá en 12 años, cuando los dos adolescentes no quieran andar con sus padres.

Liliana Contreras

Trabajadora y estudiante eterna de la neuropsicología infantil. Coordinadora del Centro de Atención a Niños con Necesidades Educativas Especiales, escribe para no olvidar y es parte de Matatena de Saltillo, A. C. coordinando el proyecto Las mamás también queremos trabajar.

3 Comments

  1. Responder

    Frida Rivera

    marzo 7, 2018

    Que hermoso post, es tan verdad todo lo que pones ahí!!! Y tb coincido contigo!!! Solo el AMOR todo lo puede, todo lo cura, todo lo soporta, todo lo resuelve, y nos hace mirar las cosas con los ojos del corazón!!! Bendiciones!!!

  2. Responder

    lorena salas

    marzo 10, 2018

    Hola Lili, soy colega tuya en esta revista…me llegó en lo más profundo tu columna, justo en estos momentos paso por momentos muy difíciles después de 9 años de matrimonio, él no sabe si quiere continuar y yo sigo con la esperanza aún pero sufriendo a cada instante. Gracias por tus palabras, me identifiqué mucho, espero conocerte en persona.

    • Responder

      Frida Rivera

      marzo 13, 2018

      Hola Lorena, lei tu comentario y no puedo hacerme la sorda. Justo desde el año pasado q monte mi blog, justo para ayudar a matrimonios que estén pasando momentos difíciles y donde entrego distintas herramientas para ayudar al matrimonio y a cada uno a volver a encontrarse y trabajar juntos. También y por lo mismo estoy pronta o afrecer un servicio online para los q lo estan pasando mal. Pero de momento te invito a q te pases por mi blog. Quizás algún tema y herramienta te puedan ayudar para ver en donde están fallando y como abordarlo. De todas maneras estoy a tu disposición. Me puedes escribir y desahogarte. No puedo no ayudar a aquellos q lo están pasando mal en el matrimonio. Yo llevo 12 años de matrimonio y se que es dificil!!!
      Aqui te dejo mi blog: http://www.matrimonioempresadeamor.wordpress.com y mi correo: fridac_rj@yahoo.com
      Saludos y bendiciones!!!

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