LOS PEQUEÑOS DETALLES

Por Mayte Cepeda

 

Como hija, mujer, hermana, mamá, esposa, amiga, profesionista, tía, abuela y cualquier otra faceta de la vida que, al día de hoy te haya tocado vivir, disfrutar y evolucionar, seguramente te has topado con una infinidad de experiencias, situaciones y momentos que te han marcado y se han quedado para el recuerdo e, incluso, para modificar tus propios patrones y hábitos de conducta y reacción, tanto al interior, como al exterior.

En mi caso, tengo muchos recuerdos de cuando era niña. De todo tipo: buenos, malos, tristes, raros, chistosos e inexplicables. Recuerdo personas de las que no me explico el porqué aparecen en mis pensamientos y recuerdos, ya que no eran familiares, personas cercanas y ni las he vuelto a ver, solo aparecen ahí, se quedaron y seguramente con un objetivo específico.

Así, poco a poco, día a día te vas formando, creciendo, creyendo en algunas cosas y dejando de creer en otras. Te pareces mucho o nada a tus papás. A veces te sales del molde tradicional y tu familia se pregunta el porqué. Pero sabes que, en el fondo de las cosas, esas personas con las que te tocó vivir, tienen unas almas que confabularon junto con la tuya para convivir en esta vida terrenal, igualmente, con un objetivo específico.

Para este artículo, quisiera centrarme en una etapa específica: la niñez. Ya que cualquiera que lea este texto, seguro ya pasó por ahí.

De la niñez, todas traemos recuerdos. Habrá quienes atesoren una cantidad considerable de fotografías y videos de esa etapa de sus vidas y, claro, eso ayuda mucho a recordar el contexto de los espacios, las personas y el entorno del recuerdo que se quedó en ti. Habrá quienes sus recuerdos los tienen presentes gracias a libros, cartas, postales y mensajes similares, ya que el poder de las letras tiene un impacto muy profundo en aquellas personas que les gusta leer y escribir. Otras, simplemente se regocijan al recordar los momentos vividos, con una capacidad extraordinaria de traer a la mente los espacios, las personas, la ropa, los aromas, los juguetes y espacios en donde se desarrolló ese momento.

Y, envueltos en todos estos recuerdos, se encuentran los pequeños detalles que marcaron esa época de nuestra vida. Esas pequeñas cositas que nos hicieron felices y nos dejaron una sonrisa y, porqué no, una lágrima de gusto y emoción por un momento vivido.

Recuerdo las noches de niña, cuando nada era preocupación y todo era calma. Cada miembro de mi familia haciendo lo que le correspondía hacer, y yo, por ser la más pequeña, dejándome consentir por mis papás. Atesoro los recuerdos que aún conserva mi mente, los abrazos de mi papá, los cariños y las tortillas de harina de mi mamá. Atesoro también los viajes en familia, jugar con mis primos, el olor de la tierra mojada; la casita de madera y el columpio que servía para hacer campamentos improvisados. Recuerdo que me repateaba ir a concursos de matemáticas y lectura, pero aun así me gustaba regresar con el primer o segundo lugar. Recuerdo mucho a una de las mascotas que tuvimos, con toda la confianza y tranquilidad del mundo yo recostada en su gran panza, sin miedo, solo disfrutando el momento.

Y hoy caigo en la cuenta, que las cosas que me hicieron feliz en mi infancia fueron solo pequeños detalles cotidianos. Creo que de eso se trata la vida. De ser feliz, de encontrar lo mejor y lo más valioso de esos momentos. ¡Namasté!

 

 

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Mayte Cepeda

Yogini ~ abogada ambientalista ~ mamá ~ esposa ~ hija ~ hermana ~ enamorada de la naturaleza, la vida, la familia, los libros y la música ?

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