SENDERISMO, LITERATURA Y LA CONQUISTA DE MALINTZIN

Por Sandra Machuca

Esta vez me ha tocado entrevistar a un autor muy peculiar. Su nombre es Denis Zukic Zukame, él es originario de Pancevo, una ciudad en Serbia, que para el tiempo de su nacimiento aún formaba parte de la ahora extinta Yugoslavia. La guerra hizo que él y su familia se desplazaran a Croacia como refugiados políticos; lugar donde permaneció hasta los 17 años y de ahí en adelante comenzó su travesía por varios países hasta asentarse ahora en México. He de confesar que soy fan de la región de los Balcanes. En un viaje que hice hace algunos años recorrí casi toda la región, estudié un poco el idioma, me deleité con la comida; pero sobre todo me enamoré de la cultura y de la gente; y desde entonces trato de no perder la conexión con aquella parte del mundo que considero mi segunda casa.

La vida me hizo coincidir con Denis, quien de inmediato tuvo mi atención por su origen y mi mencionada afición; pero lo que me pareció más interesante fue saber que recién había publicado un libro sobre la historia de nuestro país; “Conquista Femenina: como una mujer real y una virgen celestial pudieron cambiar la historia de México”. Así que después de adquirir mi libro, autografiado por cierto; le propuse hacerle una entrevista. No una entrevista cualquiera; si íbamos a hablar de Malintzin, sugerí una expedición al Volcán de la Malinche. Y fue ahí donde se fue desarrollando todo.

Comenzamos muy temprano, no tan temprano como esperábamos, pero frescos, animados y con toda la actitud para llegar a la cima. La caminata del primer segmento nos adentró en el bosque de pinos, paisaje que nos permitía sentir la humedad de los árboles y escuchar el cantar de los pájaros. Hacía frío pero a medida que avanzábamos por las laderas sentíamos como el latir de nuestros corazones y la temperatura de nuestro cuerpo se elevaba poco a poco. Empezábamos a conversar.

La historia ha sido contada desde una perspectiva masculina porque a través de la violencia se exacerban los actos heróicos y la valentía de los hombres; y es eso lo que la humanidad quiere leer y escuchar; conquistas, guerras, muerte. ¿Por qué consideras importante contar la versión femenina en particular de éste periodo histórico en México?

Estoy de acuerdo que la historia es masculina, que se valora esa agresividad. Creo que los historiadores no han reconocido la contribución de la mujer porque ella no participa de una manera abiertamente violenta. En este caso particular de la historia de México tenemos a una mujer en el centro, algo muy atípico en esas historias de guerra y conquistas; por lo que consideré que era muy importante destacar que la presencia femenina es muy fuerte y agresiva pero no de forma bélica sino más estratégica. En este periodo histórico hay que atribuirle a las mujeres su contribución a la creación de un nuevo sistema sociocultural y político.

¿Cuáles son los ejes transversales en los que basas tu libro?

Son tres; la religión cristiana, la monogamia y la herencia. La religión cristiana encabeza una serie de cambios culturales, sociales y legales. El adoctrinamiento permitió a las mujeres acceder a esas nuevas normas sociales como la monogamia; con la cual las mujeres podrían gozar de esa exclusividad que les brindaba derechos como la herencia; es decir, se reconocía a los hijos dentro de una unión legal y con ello podrían gozar de estas ventajas. La nueva cultura presentó un entorno favorable en torno a la situación de la mujer y ellas supieron aprovecharlo.

Estábamos por concluir el tercer segmento de la montaña; un camino largo por la ladera. Teníamos hambre, nos empezaba a dar sueño, nos habíamos quitado al menos las dos primeras capas de ropa. Al finalizar este segmento nos encontramos a un pequeño grupo de excursionistas que venía de regreso. Nos comentaban que el viento estaba muy fuerte y que la temperatura arriba era de -7C. Yo pensé que me volaría el viento y consideré la posibilidad de poner rocas en mi mochila. Aquí una persona de nuestro grupo desertó y prefirió bajar con aquel ameno grupo con el que platicamos un momento. Ahora solo quedábamos cuatro y esperabamos poder concluir exitosamente el ascenso de los dos últimos bloques que eran los más pesados y peligrosos. De inmediato encontramos un lugar con restos de una fogata y troncos acomodados en forma de bancas; y consideramos que era momento oportuno para almorzar. Ahí seguimos platicando.

En el capítulo 4 “El anhelo de la concubina” hablas del adoctrinamiento basado en género ¿crees que desde en ese periodo en México se haya delimitado la división de tareas y jerarquización del poder dejando a las mujeres en desventaja?

El adoctrinamiento basado en género es algo ancestral, milenario; mucho más anterior a la cultura mexica. Efectivamente pone a las mujeres en desventaja; es algo basado en los orígenes de la civilización; sobre todo hablando en términos de poder; y más de poder militar.

Hay un capítulo dedicado a la religión para las mujeres ¿a qué te refieres? ¿qué similitudes encuentras entre la religión mesoamericana  y las demás religiones prevalecientes en la actualidad y el papel de la mujer en la sociedad?

El cristianismo como tal comparado con las demás religiones paganas sean ellas mesoamericanas, nórdicas, eslavas o romanas; es una religión que ofrece a la mujer una posición. Me refiero a la monogamia.

La conquista no solo fue impuesta como lo cuenta la historia, también fue un hecho anhelado por las mujeres. Con ello se reivindica el papel de La Malinche; en realidad Malintzin representó la figura de una líder, pionera del feminismo en aquél momento. Impuso el camino que miles de mujeres siguieron. Las mujeres dieron la espalda a sus costumbres milenarias y aceptaron la nueva cultura ante un sistema que favorecía su situación social y legal.

Hubiera pensado que platicaríamos más durante el almuerzo, pero realmente fue muy breve; nos dedicamos a comer con ansias, a beber agua, ir al baño y a descansar un poco. Estábamos listos para cruzar las rocas. No, realmente no estábamos listos. En mi perspectiva fue un ascenso casi mortal. Había que subir por rocas encimadas unas sobre otras tal cual como las va dejando la inercia de la montaña y los excursionistas al pasar. Rocas que cobran vida a cada paso; rocas que engañan con su apariencia fingiendo solidez donde no la hay. Rocas que si bien sus filos te sirven de agarre; también funcionan como puñaladas en las espinillas. Comenzaba a sentir el mal de montaña, estaba mareada, tenía náuseas y ligero dolor de cabeza. Sentí miedo y por un momento pasó por mi mente que el pánico me inmovilizaría y me tuve que recordar con frecuencia que estaba en un punto de no retorno. No sería capaz de regresar sola, tampoco podía quedarme ahí y corría el riesgo de perder al grupo. Las piernas y los brazos me temblaban y tenía que descansar constantemente, hacer tierra y tratar; mientras subía, de no voltear hacia abajo, pero tampoco hacia arriba. Lo mejor era mirar hacia las rocas la mayor parte del tiempo.

Al cuarto segmento no le veía fin; veía cada vez más cerca la cima y nuestro guía experto todo el camino repetía la frase “ya casi” lo que me ha dejado un conflicto semántico tremendo porque ahora ya no se que significa eso. Cuando pasamos al último segmento sentí estar a un pasito de la cumbre; ese pasito fue equivalente a dos horas sobre piedras cada vez más empinadas y entre más empinadas estaban las piedras y entre más cansancio y miedo sentía; comenzaba a fluir en mí esa rama del francés tan utilizada por los mexicanos en momentos de estrés. Me di vuelo, saqué mis mejores frases, las grité a los cuatro vientos; fue una catarsis liberadora. Me sentía tan bien, aminoraba el miedo.

En fin, todos cansados ya llegando a la azotea del volcán; nos percatamos que la azotea era enorme y que todavía nos faltaba un buen tramo; pero eso sí “ya casi”. Y bueno, ha sido de las más bonitas azoteas en las que he estado. El viento soplaba fuerte y recordé no haber echado piedras en la mochila. En esta ocasión no necesitábamos filtros en las fotos para resaltar nuestros labios; los teníamos morados.

Última escalada, y esta si en pared para llegar a la cima y que Denis pudiera tomarse la foto con el libro. Habrían sido unos tres metros de la primer pared y yo ya no podía ni siquiera con mi dignidad que había dejado un tramo atrás con la fluidez de mis tantos idiomas y dialectos. Fue ahí donde dejé un trozo de piel de mi espinilla izquierda a cambio de un moretón que me traje a manera de medalla olímpica. Última pared y estaríamos en la cima. Había que subir unos dos metros. Con todo y la torpeza que ya traía a esas alturas; pude subir sin dejar rastros de mi piel en las rocas. Fui la última en subir. Arriba, me quedé sin habla; el silencio ahí no es ausencia de sonido; son muchos pequeños sonidos que se conjugan para recrear una melodía proveniente de la Madre Tierra. Son apenas perceptibles pero hay ritmo y hay cadencia. Hay vida.

A continuación mostraré la evidencia de que nuestro querido escritor croata logró la hazaña de haber sido entrevistado hasta la cumbre y mi evidencia por haber sido una entrevistadora de aventura extrema. Con su foto cito el siguiente fragmento de su libro:

“¿Qué cambió sino el perfil psicológico de una generación de mujeres que deseaba condiciones favorables para una nueva generación que aprendió a dar por sentadas tales condiciones? Los deseos de una concubina se convertirían en las expectativas de una mujer libre, y la táctica que las mujeres usaban para mejorar su estatus era audaz: ¡Convertir el deseo en una demanda!”.

Unos minutos en la cumbre y fue necesario bajar pues caía un poco de aguanieve y la carencia de movimiento tendía a inmovilizar nuestras extremidades. Comimos galletas, nos hidratamos y ni oportunidad tuvimos de mentalizarnos para el descenso, el cual no fue sencillo ni más corto. Decidimos bajar por el arenal ya que era menos riesgoso al tener alguna caída. Yo pensé que en cualquier momento iba a bajar rodando. Hubo momentos en los que por mi seguridad tuve que bajar de esa manera peculiar de la que desciende una persona atorada en un tobogán. Y hubo otros en los que parecía tener una tabla de ski y solo lograba frenar cuando enterraba más los pies en la tierra. Esto duró bastante tiempo. Una vez superado el arenal nos adentraríamos en el bosque a descender por la ladera y todo sería más fácil, pensé. Lección aprendida en la montaña: nada es fácil.

Unas horas más para completar las casi diez que nos ocupó subir y bajar la montaña. Hambrientos, soñolientos, hinchados, golpeados, revolcados nos dirigimos a casa donde nos esperaban con un gran banquete. Nos recibieron como campeones.

Me gustaría finalizar con dos frases que nos comparte Denis después de esta travesía:

  1. Hay que ver la conquista como una invitación más que una imposición a través de la perspectiva femenina.
  2. Un viaje de mil millas comienza con un primer paso.

Y por supuesto con la foto final de la conquista femenina y la abolición del patriarcado.

Lectores interesados en adquirir el libro en formato impreso “Conquista Femenina: como una mujer real y una virgen celestial pudieron cambiar la historia de México” pueden contactar a Denis en redes sociales IG @zukamex, Fb @zukame book; o bien, adquirirlo en Amazon.

Sandra Machuca

Internacionalista y ciudadana del mudo. Vivo al borde cada emoción y eso le da sentido a mi vida. Apasionada de la literatura y el arte; profesiones que considero esenciales para que la humanidad trascienda a través de la belleza y la magia.

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