HomeConversacionesNAS YEVERINO: Ganar en la vida, no solo en la competencia

NAS YEVERINO: Ganar en la vida, no solo en la competencia

Entrevista por NES / Fotografías: Karina Briones

Soy una mujer intensa. Pienso mucho, quiero mucho y creo profundamente que el amor lo es todo. Si no haces las cosas con amor, los resultados simplemente no son los mismos.

También soy ruda. Tengo un caparazón fuerte con quien no me conoce, soy selectiva con mi tiempo y con las personas que dejo entrar en mi vida. Pero cuando quiero, quiero de verdad. Soy leal, determinada y profundamente comprometida con dejar huella en mis hijas y en quienes me rodean.

Me considero insatisfecha, en el mejor sentido: siempre quiero más, siempre voy por la siguiente meta. No paro. Esa inquietud me ha llevado a crecer, a sostener mi vida, mi matrimonio y mis sueños.

Mi historia con los caballos

No nací con talento, nací con disciplina. Empecé a montar siendo adolescente, y aunque tuve que dejarlo por un tiempo, regresé con más fuerza.

Después de ser mamá por segunda vez, retomé los caballos con seriedad. Desde hace años persigo un sueño claro: competir en Estados Unidos y ganar ahí. Mi vida se convirtió en una rutina entre trabajo y caballos, entrenamiento y competencia.

Hoy, los caballos no son solo un hobby. Son mi forma de vida.

Caer, perder… y volver a empezar

Pierdo más veces de las que gano. Pero aprendí algo fundamental: siempre gano.

Gano experiencia, fortaleza, claridad. La derrota me ha enseñado a cuidar mi salud mental, a rodearme de las personas correctas y a entender que todo —un triunfo o una caída— dura 24 horas.

Después de eso, sigue lo que viene. He aprendido a competir para mí. Porque al final, la única historia con la que me voy a quedar es conmigo misma.

Ser mamá a mi manera

No soy la mamá perfecta. Y tampoco quiero serlo.

Soy una mamá que forma hijas independientes, con carácter, con herramientas para la vida. No estoy encima de ellas, no resuelvo todo por ellas.

Creo firmemente que el éxito de ser madre es que tus hijos no te necesiten.

Mis hijas tienen su propio camino. Yo no dejé de ser yo por ser mamá. Porque sé que un día ellas se irán… y yo me quedo conmigo.

Entre la exigencia y el equilibrio

Mi vida es intensa, desequilibrada, exigente. Pero es mía.

He aprendido a pedir ayuda, a rodearme de personas que suman, a entender que no podemos hacerlo todo solas. Creo en la terapia, en los expertos, en construir comunidad.

La vida no se construye en soledad.

Enseñar: mi mayor descubrimiento

Nunca imaginé que enseñar sería una de las cosas que más me llenaría.

Mi escuela nació casi por accidente, pero hoy es uno de mis mayores orgullos. Trabajar con niñas y jóvenes, verlas crecer, ganar confianza, superar miedos… eso no lo da ningún trofeo.

Arriba del caballo no puedes fingir. Y en la vida tampoco.

Enseño con el ejemplo: disciplina, carácter, resiliencia. Quiero que mis alumnas se la crean, que entiendan su valor, que sepan que pueden.

El verdadero triunfo

He representado a México, he competido, he perdido caballos, he vuelto a empezar. Sigo persiguiendo mi meta en Estados Unidos, sabiendo que no depende solo de mí.

Pero hay algo que tengo claro: no quiero vivir con arrepentimientos.

Las horas de vuelo no se compran, se viven.

Cada caída, cada frustración, cada intento forma parte del camino.

Porque al final, ganar no siempre es levantar un trofeo. Ganar es no rendirte

Mi filosofía de vida

La disciplina, la insistencia y la actitud lo son todo. El camino al éxito no es lineal, está lleno de

subidas y bajadas. Pero si resistes, si insistes, si sigues… la recompensa llega. Aunque no siempre sea la que esperabas.

Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de MAYO – JUNIO 2026: CONCHITA SILLER: Corazón de Acero

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