ENTREVISTA: ALEJANDRA PEART
FOTOGRAFÍAS: KARINA BRIONES
Soy Luly; mamá, esposa y, hoy directora del DIF Municipal. Pero más allá de los cargos, soy una mujer que disfruta. Disfruto mi casa, cocinar, ir al súper, un atardecer bonito, un cuadro bien pintado y una conversación tranquila.
Desde niña he sido sensible ante las injusticias.
Muchas veces me preguntaba por qué yo tenía oportunidades que otras niñas no tenían. Siempre había dentro de mí una sensación de que todo era “por algo”. Hoy entiendo que cada experiencia y cada oportunidad me fueron preparando para llegar hasta aquí.

Aprendí a poner prioridades
Como mujeres queremos hacerlo todo y queremos hacerlo bien. Yo también soy así. Pero para mí hay una prioridad que no cambia: mi familia.
Mi esposo es quien está en la política; yo estoy aquí para apoyarlo y estoy muy contenta con lo que me ha tocado hacer. Pero mis hijos son primero. Si tengo un evento y se cruza con algo importante de ellos, primero está mi familia.
Eso me da paz.
Organizarme, poner prioridades y saber qué es importante para mí me permite vivir con tranquilidad. Y desde ahí puedo dedicarme a ayudar.
Cuando llegué al DIF encontré muchísimas necesidades. Para mí no se trata de crear programas solamente para cumplir. Quiero que cada proyecto llegue realmente a la gente, que esté bien hecho y que quienes lo reciban sientan que están siendo tratados con dignidad.
A veces no hay recursos suficientes, pero he aprendido a tocar puertas. Cuando la gente ve que realmente quieres ayudar, muchas veces se suma. Se abren puertas y la comunidad empieza a unirse.
Las mujeres me han enseñado
Ayudar me ha dado mucho más de lo que imaginaba. He conocido mujeres que atraviesan situaciones muy dificiles y, aun así, están pensando en cómo ayudar a alguien más. Mujeres fuertes emocionalmente que me han dado grandes lecciones de vida.
Por eso, si una mujer que está pasando por un momento dificil lee esto, quiero decirle algo fundamental: no estás sola.
Platícalo. Háblalo. No eres la única. A veces creemos que somos las únicas que estamos viviendo determinada situación y empezamos a culparnos, pero no es cierto. Hay muchas mujeres atravesando circunstancias distintas y también hay personas y espacios dispuestos a ayudar.
Pedir ayuda no te hace débil. Muchas veces somos el soporte emocional de nuestra familia, pero también tenemos derecho a decir: “Necesito ayuda”
Creo que una mujer necesita estar bien para poder sostener y ayudar a su familia. Por eso es tan importante hablar, confiar y buscar apoyo cuando lo necesitamos.

Todavía tengo mucho por hacer
Si pudiera sentarme frente a la Luli de hace diez años, cuando mis hijos eran pequeños, le diría: sigue preparándote, sigue educando a tus hijos y sigue estando presente. Porque llegará el momento en que ellos crecerán y tendrás que dejarlos volar.
Hoy uno está en la universidad, otro termina la preparatoria y mi hija está en secundaria. El mayor ya voló un poco y hay satisfacción en ver que todo aquello que sembraste está ahí.
Pero también me pregunto qué sigue para mí.
No quiero quedarme esperando a ver qué hago cuando mis hijos ya no me necesiten de la misma manera. Quiero seguir ayudando y aprendiendo. Incluso me imagino creando una fundación algún día.
Hay proyectos que me duelen especialmente porque detrás de ellos hay niños y mamás esperando una oportunidad. En el DIF estamos trabajando para fortalecer la atención a niños con autismo y soñamos con construir un espacio que pueda atender a más familias. Cuando ves una necesidad así, ya no puedes mirar hacia otro lado.
Creo que la vida te va haciendo el camino. Y cuando descubres para qué estás aquí, también empiezas a entender por qué viviste ciertas cosas.
Hoy creo en mí porque sé que cuando las cosas se hacen con amor, se logran.
No sé exactamente qué vendrá después. Y está bien. Tengo paciencia, tengo fe y tengo claro que cada quien puede poner su granito de arena donde le toque.
Yo quiero dejar huella. No necesariamente por un cargo ni por un reconocimiento. Quiero que mi paso por este lugar haya servido para que alguien estuviera mejor, para que una mujer se sintiera acompañada, para que una familia encontrara una puerta abierta.
Porque creer en mí también significa confiar en que estoy aquí por algo


