Por Mabel Morales
Siempre, desde que tengo memoria, el arte, en todas sus expresiones, ha sido parte de mí.
Desde niña disfrutaba muchísimo ver televisión, admiraba la arquitectura de los edificios, me sorprendía frente a una pintura o una fotografia y podía emocionarme hasta las lágrimas con una canción. También me encantaba ir al cine, sentarme frente a la pantalla grande y comer palomitas. Sin duda, era uno de mis planes favoritos con mi familia o mis amigas.
A lo largo de los años, todos hemos sido testigos de un sinfin de series y películas que se desarrollan en Nueva York. Esa ciudad que, para muchos, es simplemente la Gran Manzana, pero que para mí siempre representó algo más:
la creencia de que ahí, ¡TODO ES POSIBLE!
Además de escribir, uno de mis hobbies es asistir a conciertos y al teatro siempre que tengo oportunidad. Cuando descubrí el teatro musical tenía unos 8 o 9 años. Creo que el primero que vi fue Mary Poppins; después llegaron Grease y Mamma Mia!. Poco a poco fui descubriendo más historias que despertaron en mí un deseo enorme: algún día quería estar ahí, en vivo, presenciando una obra en Broadway.
Por una cosa o por otra, las circunstancias y la economía nunca terminaban de acomodarse para hacerlo. Pero nunca dejé de creer. El sueño permaneció ahí, latente, esperando su momento.
Y entonces, hace un par de semanas, mientras estaba por cerrar mi consultorio, mi teléfono sonó. Era un mensaje de audio de una buena amiga, de esas personas que te conocen bien:
—Hola, Mabs. Espero que estés bien. Unos amigos y yo estamos organizando una ida a
Nueva York, ¿te gustaría ir?
Sin pensarlo demasiado, respondí: “I’m in!”
Y así, casi sin aviso, uno de esos sueños que había guardado durante tantos años comenzó a hacerse realidad.
Los sueños sí se cumplen. Tal vez no como los imaginamos, ni en el momento que queremos, ni de la manera que habíamos planeado. Pero se cumplen. La clave está en no dejar de creer, mantener viva esa posibilidad y estar listas para recibir aquello que durante tanto tiempo hemos deseado.
Ya en Nueva York, fue increíble llegar al Ambassador Theatre y sentarme a ver Chicago. Ac-tores, bailarines, músicos y cantantes espectaculares llenaron el escenario y, en algún momento, fue inevitable que aparecieran las lágrimas.
Mientras disfrutaba aquello que durante tantos años había imaginado, una frase apareció en mi interior:
“¡Lo logré!”
Completamente agradecida y con el corazón acelerado disfruté cada segundo del espectáculo. Al salir, como si la vida quisiera cerrar la historia con broche de oro, tuvimos la suerte de encontrarnos con la protagonista, quien estaba dando autógrafos y tomándose fotografías con el público.
Tuve la fortuna de platicar con ella y felicitarla. Me contó que era la primera actriz de origen coreano en protagonizar la obra y que, precisamente esa noche, había sido su debut. Para llegar hasta ahí habían pasado varios años y, durante el último, tuvo que practicar inglés todos los días.
Me pareció maravilloso. Porque esa noche, de alguna manera, no solo estaba cumpliendo mi sueño. También estaba frente a una mujer que había trabajado durante años para cumplir el suyo.
Y entonces pensé en todas las personas que estaban sobre ese escenario; en quienes habían esperado una oportunidad, trabajado, practicado, insistido y creído. Pensé también en mí, en aquella niña de 8 o 9 años que un día descubrió el teatro musical y decidió que algún día quería estar en Broadway.
Esa noche entendí que los sueños no tienen fecha de caducidad. A veces permanecen guardados durante años. A veces parecen imposibles. A veces la vida nos lleva por caminos completamente distintos antes de acercarnos a ellos.
Pero cuando finalmente llegan, comprendemos que quizá no se trataba de que el sueño estuviera tardando demasiado. Simplemente, todavía no era el momento.
Por eso hoy quiero recordármelo y recordártelo: No dejes de creer. Sigue soñando. Sigue imaginando. Sigue trabajando por aquello que deseas y, sobre todo, mantente disponible para recibirlo.
Quizá la vida no cumpla tus sueños exactamente como los imaginaste. Quizá los haga realidad de una manera todavía más bonita.
Nos leemos pronto.

