LAS MUJERES EN LA HISTORIA

¿Cómo era la vida cotidiana de las mujeres en el pasado? ¿Qué les interesaba? ¿Cuál era su papel en la sociedad?

Esta columna pretende mostrar a los lectores la historia de la vida cotidiana de las mujeres en la sociedad saltillense, miles de historias que se encuentran perdidas entre líneas, pero que ahí están y que forman parte de la historia de una comunidad.

Aquí encontraremos de manera aislada, historias y momentos en que las mujeres fueron partícipes, de manera protagónica o no, de episodios cotidianos que nos acercarán a la comprensión de nuestro pasado.
Los testamentos de las mujeres en siglo XVII

Son una fuente documental muy atractiva que nos acerca a los detalles de la vida íntima de las mujeres del pasado. En ellos encontramos aspectos que nos refieren al valor que daban nuestros antepasados a sus propiedades y bienes. Pero además, encontramos los usos y costumbres de la época.

Las mujeres tenían el derecho de heredar y de recibir herencia, y era un hecho común que al enviudar, recibieran además las deudas y responsabilidades de sus maridos. Era habitual encontrar, por ejemplo, que una mujer habitante de Saltillo, durante la época Colonial, contrajera nupcias dos o tres veces, debido a que los índices de mortandad eran muy altos y con frecuencia se quedaban solas, viéndose en la necesidad de conseguir otro hombre para hacer vida común. Si eran afortunadas y gozaban de una elevada posición económica, recibían tierras, ganado, negocios, huertas y diversas propiedades; pero esto, además de riqueza, significaba trabajo, por lo tanto era frecuente que contrajeran nuevas nupcias, pues se veían en la necesidad de tener un hombre que se hiciera cargo de las tareas comunes del trabajo diario, ya que según las costumbres de la época, era el hombre quien debía realizarlas.

Era también común que las personas después de enviudar celebraran nuevas nupcias con el familiar más cercano, casi siempre con el hermano o hermana del difunto. De esta manera los bienes heredados se protegían y las relaciones familiares no se verían afectadas.

Un documento de 1792 menciona como una mujer llamada Juana Encarnación Ramos, originaria del pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, contiguo a la Villa de Saltillo, declara en su testamento que fue casada en primeras nupcias con un hombre llamado Francisco Xavier con quien procreó seis hijos, enviudó y contrajo matrimonio con Adauto Ramón con quien tuvo cinco hijos más y finalmente casó en terceras nupcias con Manuel Antonio, con quien no tuvo descendencia. Dejó sus bienes a sus dos únicos hijos que le sobrevivían. Los bienes heredados nos hablan de otra manera de concebir la importancia y el valor que se otorgaban a las cosas materiales, por ejemplo, los objetos heredables tenían muchas veces más relación con la utilidad que con la riqueza. Las madres heredaban objetos útiles para la vida diaria de sus hijos o hijas.

Entre los objetos heredados encontramos telares para tejer sarapes, metates, utensilios de trabajo para labores agrícolas, o vestimenta como enaguas, pañuelos, camisas, medias, enseres domésticos o animales. Por supuesto, las personas que contaban con una mejor posición económica, heredaban además, pertenencias de gran valor o importantes propiedades.

Catalina Luisa fue una mujer que vivió en Saltillo y escribió su testamento en el año de 1692; ella nombra herederos de sus bienes a su esposo Pedro Gaspar y a sus hijos, se declara pobre y distribuye sus bienes de la siguiente manera:

“Yo, Catalina Luisa habitante de este altepletl ‘señorío’ de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, perteneciente al barrio de Santa Ana, digo que cuando muera mi cuerpo terrenal se enterrará en la iglesia de San Francisco… También digo que mi esposo, se llama Pedro Gaspar y Dios nos dio tres hijos: dos hombres y una mujer, los cuales dejo a mi esposo citado. Nuestros hijos citados, uno llamado Blas Juan, otro Pedro Felipe y la otra María Isabel… También digo que tengo un solar, se lo dejo a mi esposo, él les repartirá a nuestros hijos que mencioné. Así mismo, le dejo un metate, un caso pequeño, un comal de fierro, una caja, un cajón y un banco. Todo se lo dejo a mi esposo para que con esto ayude a nuestros hijos. También le dejo a mi hija María Isabel dos faldas hechas en telar, un huipil y una cobija…”.

Ejemplos como este, abundan en los testamentos, en donde variaban los bienes heredados, a veces había casas, terrenos, pero nunca faltaban los objetos de uso cotidiano.

Las formas de ver la vida, de darle valor a las cosas y sobre todo las formas prácticas de coexistir de nuestros antepasados nos dan una idea de cómo las cuestiones sociales de usos y costumbres eran regidas de acuerdo a las necesidades de la época. Lo que nos proporciona un entendimiento de nuestro pasado.

Por
DULCE NIÑO

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