Soltar el Control

soltar el control
Por Valeria Gonzalez

De niña era maravilloso salir de vacaciones en coche con mi familia. Mi mamá nos levantaba de madrugada y ya tenía listas nuestras maletas, sándwiches y todo lo necesario para el viaje. Yo solo me subía al carro y no tenía que preocuparme por nada, nunca me preocupó si mi papá manejaba rápido o lento, si no encontraba la dirección, si había retenes, es más, nunca dudé de que llegaría sana y salva a mi destino, cualquiera que este fuera (muchas veces ni idea tenía a dónde íbamos). Si se nos ponchaba una llanta o fallaba el motor, representaba solo una oportunidad de explorar el monte o de bajarnos a estirar las piernas, no era más que un pequeño retraso que vivíamos como una aventura. Ahí yo no controlaba nada, solo me dejaba guiar plácidamente por mis papás.

Ya de mujer adulta, me costaba mucho subirme a un coche y no estresar al conductor, porque obviamente “yo sabía” cómo debía conducir, por dónde ir, estaba completamente segura cuál era el mejor camino para llegar a nuestro destino. Además poseía un mejor conocimiento de cuándo frenar y cuándo acelerar, sabía la distancia más razonable que debe haber entre dos carros. En fin, la loca controladora se apoderaba de mí.

¡Qué maravilla en mi niñez cuando solo me dejaba guiar! ¡En qué momento pensé que podría controlar el rumbo de mi destino! ¡En qué mente loca existe la creencia de que puedo controlar algo si me estreso lo suficiente (porque cuando quiero controlar al conductor todo mi cuerpo se pone rígido)!

Lo revelador fue que así vivía, tratando de controlar cada aspecto de mi vida. ¿Quién dijo que si me preocupo lo suficiente por mis hijos entonces soy una muy buena madre e influyo en su destino? ¿De dónde saqué la idea de que, si me preocupo de las cosas, si ando con rumiación mental cambian las situaciones que se presentan en mi vida? ¿En qué momento pensé que la madurez se trataba de eso? De sentir que puedo controlar todas mis situaciones, y peor aún, la vida ajena también.

¿Cómo le hace una controladora empedernida como yo para dejar el control? La gente iluminada lo recomienda siempre: “Deja la ilusión del control”. Pero ¿cómo?

El misterio del desprendimiento

Me encantaba la física cuántica y sabía que todas las circunstancias que vivo yo las programé previamente en mi mente de acuerdo a mis creencias. ¡Pues, PEOR! Porque me sentía culpable cuando se presentaba algo que me dolía o me estresaba, pensaba “yo cree esto” y luego me tiraba al catre con la rumiación mental de sentirme inadecuada.
Esto es algo muy chistoso del ego. Sí, permite que me dé cuenta que mis creencias dan forma a este mundo, pero, ahí viene la trampa, entre más equivocada, más culpable, más insuficiente, más carente me sentía. Entraba en un círculo vicioso donde se vuelve más difícil ver la luz.

Otra trampa del ego es pensar que dejo el control, pero espero que se resuelva una situación de la manera en que “yo sé” que es mejor. Es muy chistoso cuando la gente reza “Dios mío, haz que se me conceda esto que te estoy pidiendo… pero que se haga tu voluntad”. Es una contradicción chistosa, que se da porque en el fondo sabemos que Dios o el Universo o la Inteligencia Divina es amor y claro que desea verme feliz… pero a mí manera. Otra trampa del ego para evitar que me suelte. Para evitar que me conecte con esa paz, con ese amor que está dentro de mí, con esa certeza de que todo está como debe de estar.

Aquí es donde me encontré con una encrucijada en mi camino para soltar el control. Mis creencias crean forma, pero ¿cómo puede hacerlo si la forma en la que se están presentando no me gusta? Y esto hace que me separe más y más de mí. Mi consciente y mi subconsciente se disocian y proyecto es esta guerra interna en el mundo. Sobra decir que lo que motiva el control, es el miedo.

Después entendí que no es tan difícil.

Quitarle el control al ego

A mí siempre me gustó analizar todo lo que me pasaba, me sentía orgullosa de mis procesos mentales. Y ahí estaba, analizando por qué me está pasando esto o aquello, peor, por qué le están pasando esas cosas a la gente a mi alrededor con una soberbia absoluta. Pero eso no me llevó a ningún lado, y era agotador. La loca controladora otra vez. Analizar es fragmentar, y dividir es lo que el ego quiere que haga.

Cuando estoy controlando, estoy ignorando lo que soy realmente y por eso controlo porque creo que soy este cúmulo de características que me hacen ser Valeria, diferente a los demás, me creo este personaje. Pero cuando voy quitando el miedo que me impide ver la verdad de amor dentro de mí, dentro de todos, como capas de una cebolla, entonces puedo, sin ninguna tensión, soltar el control porque es absolutamente innecesario.

Lo que a mí me funcionó fueron las mágicas palabras “no sé”. No sé por qué me está pasando esto, solo confío en que hay una inteligencia superior que sí sabe y me dejo conducir, me libero de la culpa de proyectar o no situaciones en mi vida, me convierto en observadora, me pongo en paz y en esa paz puedo ser como aquella niña totalmente inocente que viaja en el coche con su padre que la ama y se deja guiar confiando plenamente en que llegará a su destino no importa qué pase. Y este círculo virtuoso crea forma y el camino se vuelve apacible y tranquilo.

 

enero 18, 2017

Valeria Gonzalez

Valeria González, esposa y mamá de una niña y un niño. Estudió Ciencias de la Comunicación, aunque profesionalmente se ha dedicado a la industria restaurantera. Actualmente se siente feliz siendo ama de casa ya que solo dedica unas horas a la semana a los restaurantes. Inicia su búsqueda o madurez espiritual con Yoga kundalini y más tarde y desde hace casi 4 años con Un Curso de Milagros y ahí dejo de buscar más no de aprender.

1 Comment

  1. Responder

    Juany

    enero 19, 2017

    Me sentí muy identificada, me gustó mucho el texto. Felicidades!

DEJA UN COMENTARIO

LECTURAS RELACIONADAS