¿Sí o no?

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Por Dona Wiseman

Me sorprendí en días pasados defendiendo mi tiempo libre. Soy una persona, como muchas, que corre de actividad a actividad y que por lo general acepta lo que surge, especialmente trabajo, pero también compromisos. Dice la gente que siempre estoy ocupada. Eso es cierto. Lógico, ¿no? Si hay trabajo, trabajo. Si hay reuniones, voy. Si hay teatro o conciertos, asisto. Si hay todo a la vez, tomo decisiones. Y si no hay nada, busco algo que deseo hacer. No me siento a esperar que alguien venga a proponerme algo.

Hace días recibí una llamada de alguien que quería una traducción a la voz de ya, algo así como cuando la pareja o los hijos quieren algo. Yo estaba en la sala, bordando. De pronto me escuché responder, “No lo puedo hacer hasta mañana, ¿estará bien?” Me sorprendí. No tanto porque el cliente aceptara, sino porque no interrumpí todo para atenderlo.

Desde ese día he observado más atentamente mi necesidad de defender mi tiempo, mi espacio, lo que me pertenece… lo mío. ¿Les suena conocido? No me considero una persona que da mucho. Pero sí me encuentro a veces enredada en la telaraña de lo que los demás necesitan. Y me es difícil pedir cuando yo necesito algo. Me es relativamente fácil hacer por mí. O, ¿será que procuro no ocupar cosas que impliquen que otro me tenga que dar?

Qué fácil eso de poder ver necesidades que puedo resolver por mi cuenta, evitando las que requieren la ayuda de otros. Qué fácil pretender que tengo la opción de ayudar a otros pero que no necesito que ellos me ayuden.

El tema de cómo y cuándo decir “sí” o “no” es algo que nos mueve todos los días. Es una habilidad a conquistar. Y en realidad no es aprender a decir “sí” o “no”, sino “sí” y “no”, cada uno en sus momentos adecuados. Eso implica que sabemos lo que necesitamos, lo que deseamos pedir, lo que podemos dar y lo que deseamos dar. También implica darnos cuenta que pensamos que es difícil decir “no”, cuando es igualmente difícil decir “sí”. Por cada “sí” que decimos, estamos diciendo por resultado muchos “no”. Un ejemplo: Vamos a un restaurante y nos entregan el menú y decidimos pedir un platillo. Eso significa que estamos diciendo “no” a todos los demás platillos. Así en cada decisión que tomamos a lo largo del día y de la vida.

Y luego están todos esos “no” que decimos sin decirlos. “Qué crees, comadre, me acaba de hablar el dentista para cambiar la cita de la niña.” Esas son mentiras. Si realmente queremos dar un paso adelante en la vida hay dos tareas (desde este tema).

La primera tarea es decir “no” cuando se requiere. De manera educada, pero sin mentiras, excusas, justificaciones, y demás. Tengo derecho a decir “no”, para defender lo mío (pertenencias, tiempo, espacio, estilo de vida, preferencias, deseos). No tengo porque ser constantemente víctima (usando una palabra un poco fuerte) de las necesidades, o necedades, de los demás.

La segunda tarea es decir “sí” cuando corresponde. Sabiendo y aceptando que eso significa un “no” a muchas otras cosas, que significa compromiso, decisión, aceptación, entrega. Pensamos que decir “sí” es fácil. Un “sí” consciente no tiene nada de sencillo.

Dona Wiseman

Psicoterapeuta, poeta, traductora y actriz. Maestra de inglés por casualidad del destino. Poeta como resultado del proceso personal que libera al ser. Madre de 4, abuela de 5. La vida sigue.

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